El Fedro es uno de los libros en los que, junto con el Fedón y el Timeo, se encuentra la teoría del alma de Platón. Realmente no se trata de una "teoría" propiamente dicha, sino un conjunto de reflexiones no unívocas sobre la naturaleza del alma. En el Fedro aparece el famoso pasaje de la "Alegoría del carro alado" (246a). Platón hace decir a Sócrates que, dado que una explicación sobre la naturaleza del alma es solo alcanzable por un dios, lo único que nos queda para entender lo que es el alma es utilizar un símil. De forma literal, Platón señala que, lo que viene a partir de ese momento es un símil, propio de un relato verosímil (eikos logós), cuyo objeto no es la verdad sino lo plausible. No es que Platón crea que el alma es un carro alado, ni mucho menos, sino que utiliza el mito para explicar una doctrina filosófica, como actualmente podemos usar la literatura o el cine. La alegoría selañala que el alma se parece a un carro con alas, formado por un auriga y dos caballos. Las almas divinas tienen ambos caballos perfectos, pero las no divinas cuentan con un caballo difícil de manejar. El relato mítico nos dice que las almas de los dioses forman un cortejo en las alturas. Tras ellas, desfilan el resto de almas. Los carros divinos marchan hacia una cumbre en la que se asienta el cielo de las estrellas fijas. Al llegar allí, se salen de ese Uranós (cielo) y contemplan desde fuera la "esencia cuyo ser es realmente ser", es decir, las Ideas. Sin embargo, las almas con un caballo malo, no alcanzan a subir la colina y se descarrilan perdiendo las alas. Antes de ello, algunas consiguen ver parcialmente las Ideas, otras nada. Al perder las alas, las almas caen a tierra uniéndose accidentalmente con un cuerpo y formando un ser vivo. Únicamente podrán implantarse en un humano si han contemplado la verdad, es decir, si el auriga vio parcialmente las Ideas.
Aquí aparece la llamada doctrina de la Anámnesis o reminiscencia, por la cual, nuestros conocimientos son un mero recordar de lo que nuestra alma ha aprehendido en el Cielo de las Ideas.
¿Pero, qué hay detrás de esta esfera mitológica de carros, alas y divinidades? Lo que hay es una concepción del conocimiento mucho más moderna de lo que se cree. Platón postula la anámnesis y la antropología dualista (cuerpo y alma) para fundamentar la teoría de las Ideas. Lo que nos diría el filósofo es que existen una serie de realidades que existen independientemente de que sean conocidas o no, que rigen el mundo sensible (es una imitación de ellas), y que no varían temporal ni espacialmente. Estas realidades podrían ser las proposiciones de la matemática moderna o las leyes científicas. La ley de la gravedad existe independientemente de que sea conocida o no, rigen el mundo sensible y no varía temporal ni espacialmente. Entonces, la pregunta que se lleva intentando resolver desde Platón hasta Frege es ¿cómo conocemos esas realidades intemporales si somos seres temporales? La respuesta de Platón es intuitiva, por el "recuerdo". Nosotros, como individuos, comocemos la ley de gravedad gracias al recuerdo de la formulación de esta ley siglos atrás. El conocimiento se construye gracias al recuerdo de la tradición y la comunidad, no individualmente. Sí es cierto que Platón distingue el alma humana por participar de esas entidades divinas que son las Ideas, algo no muy lejano al estatus de la razón para los filósofos modernos ilustrados.
Platón no se "inventa cosas", sino que presenta una filosofía muy didáctica con la que explica sus teorías a través de símiles, utilizando los saberes de primer grado de su época.