Sławomir Mrożek (born June 29, 1930, died August 15, 2013) was a Polish dramatist and writer.
Mrożek joined the Polish United Workers' Party during the reign of Stalinism in the People's Republic of Poland, and made a living as a political journalist.
In the late 1950s Mrożek begun writing plays. His first play, "Policja" (The Police), was published in 1958. Mrożek emigrated to France in 1963 and then further to Mexico. He traveled in France, England, Italy, Yugoslavia and other European countries. In 1996 he returned to Poland and settled in Kraków.
His first full-length play "Tango" (1964) – a family saga – is still along with "The Emigrants" (a bitter and ironic portrait of two Polish emigrants in Paris) his best-known work, and continue to be performed throughout the world. Director Andrzej Wajda made a theatre production of "The Emigrants" in 1975 at the Teatr Stary in Kraków. In 2006 Mrożek released his autobiography called "Baltazar".
Mrożek's works belong to the genre of Theatre of the Absurd, intended to shock the audience with non-realistic elements, political and historic references, distortion and parody.
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Controversy
An illustration by Daniel Mróz for Mrożek's book „Słoń” ('The Elephant'), 1957
In 1953, during the reign of Stalinism in Poland, Mrożek was one of several signatories of an open letter to Polish authorities participating in defamation of Catholic priests from Kraków, three of whom were condemned to death (but never executed) by the communist government after being groundlessly accused of treason.
Pequeñas joyitas narrativas. Es increíble el manejo de la imaginación, la mordacidad y el humor.
Se pueden leer en pequeñas dosis o en un atracón de media tarde. Similar a esas galletitas de chocolate que pruebas sin muchas ganas y al poco casi no puedes dejar de comerlas.
Dicen que el humor es una de las manifestaciones más supremas de la inteligencia. Este libro lo demuestra.
Este libro se presenta como una recopilación de relatos cortos, en los que Mrożek le da a la realidad una mirada paródica y crítica. Muestra, por ejemplo, lo ridículo que es lo cotidiano, lo absurdo de las filiaciones políticas, o la hipocresía con la que nos desenvolvemos. Mis historias favoritas: Kétchup, Salto mortal y Bajo el puente.
«Leí en un periódico que no habría Apocalipsis. Para celebrar la buena nueva, fui al McDonald's y pedí una hamburguesa.»
Con estas palabras empieza Ketchup, el primer relato de esta colección y que leí íntegramente en un audio a la una de la mañana a mis personas cercanas (buscadlo suelto en internet que seguro que está por ahí). Antes de acabarme el libro y escribir esta reseña, le he contado a Oliver varios de los cuentos buenos muy muy entusiasmada. Me siento como Dani Díaz leyéndome relatos de Historias de cronopios y de famas por la calle.
Mrozek, desde su perspectiva de periodista, dibujante cómico y socialista dirige en estos cortísimos relatos una crítica a nuestro modo de consumo y al relativismo moral asociado al asentamiento del capitalismo, que lleva en muchas ocasiones y silenciosamente a normalizar sinsentidos en pos del dinero, sentido último de toda transacción.
Divertidísimo, en serio. Como son cuentos tan cortos, estaba enganchadísima. A la vez, sentía que el libro se estaba desinflando, pero se debe solo a que el primero es buenísimo y a partir de ahí ya todo te sabe a poco. La realidad es que tiene más cuentos que son como joyitas: Revolución Bis, El coleccionista, La academia, El río...
Un genio. Es Kafka calvo y con unas copas de más. Pienso leer todo de este autor. Y creo firmemente que toda persona que aprecie cambiar horas de vida por horas de lectura, debería hacer lo mismo.
Slavomir me da la esperanza de que sí se puede escribir relato crítico, corto pero a la altura, fuerte como una bomba atómica cuando uno menos se lo espera.
Puede o no gustar el estilo tan personal, a veces absurdo y otras crudo, del autor. Pueden o no gustar los microrrelato, pero dentro de su género el libro es exactamente lo que esperaba de él. Brillante rareza que provoca extrañeza y en varios de ellos, reflexión.
Maravillosos microcuentos de una astucia bastante inusual en cuestión de temáticas. Realmente una joyita para quienes desean un rato de la narrativa breve más entretenida.
La mosca de Sławomir Mrożek, compuesta por 65 relatos breves, es una colección de historias en las que el autor se burla de la sociedad, de sí mismo y de lo absurdos que podemos llegar a ser como seres humanos. No obstante, todo desde el humor y la ironía, es maestro del sarcasmo. Desde allí moviliza al lector (aunque no creo que este autor, activamente, pretenda movilizar a nadie), se hace imposible no reflexionar, no sentir asco de la hipocresía que nos rodea y que también uno reconoce en sí mismo (como si de una condición humana se tratase “efectivamente es usted un hipócrita” le escucho decir). Al mismo tiempo se hace difícil no sentir una punzada en el estómago o algo en la garganta ante la extrañeza de lo que se está leyendo, y ese algo de la garganta acaba convirtiéndose en una carcajada porque Mrożek no es un escritor oscuro, y, como dice Serrano, “es un hombre que intenta pensar y, ante la percepción de sus propios límites, ríe”.
« Leí en un periódico que no habría Apocalipsis. Para celebrar la buena nueva, fui al McDonald’s y pedí una hamburguesa. “Qué suerte”, pensé, mientras, entusiasmado, aderezaba mi hamburguesa con Ketchup (…) Hasta ese momento había sido un consumidor poco entusiasta puesto que vivía a la espera de la catástrofe. ¿Qué más daba el ketchup, si nos encaminábamos hacia el desastre? Ahora, sin embargo, el mundo tenía futuro. Así que me puse más ketchup porque ahora sí que valía la pena.» Extracto de uno de sus relatos llamado Ketchup
*fuente Julio Serrano, El desdoblamiento de Sławomir Mrożek
Un libro entretenido de microrrelatos, en un tono irónico y crítico.
Me ha parecido interesante pero muy irregular, con algunos buenísimos y otros que me han dejado bastante indiferente.
Aunque creo que esto tiene más relación con mi desconocimiento sobre la situación política y social de Polonia que por el nivel de escritura de los relatos (muy bien escritos e ingeniosos). Y es que el libro tiene mucho de sátira, siendo de algún modo un reflejo ideológico de la sociedad polaca y el comunismo de hace unas décadas.
¿Se ha hecho en algún momento preguntas esenciales, como cuál es la relación entre el Apocalipsis y McDonald’s, o cómo deciden los payasos quién entre ellos va primero en los carteles de publicidad? ¿Qué hay en las habitaciones secretas de los dictadores o qué esconden los cofres de los piratas legendarios? ¿Quién más, como Kafka, se ha convertido en un animal extraño, y qué le sucedió luego? ¿Qué pasa cuando un dragón muere, y toca deshacerse de su cuerpo? En los relatos reunidos en La mosca se encuentran las respuestas a todas estas inquietudes, y si usted alguna vez las ha tenido, se los recomiendo. Si, por el contrario, nunca ha pensado en ello, este libro es la oportunidad perfecta para empezar a hacerlo.
Sin ser excesivo fan de los microrelatos, los que componen La mosca fueron una grata sorpresa, una lectura muy amena y que al mismo tiempo hace reflexionar en apenas unas pocas líneas. En un momento u otro leeré alguna otra cosa de Mrozek.
Increíblemente creativo y siempre brutalmente fresco. El mejor cuento: el nuevo ajedrez, aunque valen también mucho la pena Bim y bom, la isla del tesoro, el funeral y la antiguedad. Soy fan de los cuentos de Mrozek.