Javier Reverte, el gran referente de la literatura de viajes, nos lleva a la ciudad más cosmopolita del Nueva York.
La megalópolis de nuestros días, la ciudad de las ciudades, la ciudad que nunca duerme, Nueva York, es el hogar del nuevo libro de Javier Reverte. Después de una estancia en la urbe de varios meses ininterrumpidos, en los que el autor dedicó todo su tiempo tan solo a escribir y pasear las calles neoyorquinas, este texto va contándonos el día a día de una metrópoli fascinante y cargada de energía, que al habitarla nos ofrece casi siempre una visión llena de vitalidad.
En su inimitable estilo, Reverte nos cuenta la historia de la ciudad, nos describe sus barrios -Harlem, el Village, el Midtown, Hell's Kitchen, Chinatown, Broadway...-, se asoma a sus rincones menos conocidos, pinta sus dos ríos, habla de los escritores que han trabajado sobre ella, camina Manhattan de arriba abajo y de lado a lado, y nos retrata otros barrios cercanos, como Brooklyn y la isla de Roosevelt. Es un libro escrito con amenidad, humor, ternura y al que invade un aroma de extravagancia y un sonido sutil de trompeta de jazz.
«La naturaleza intima de Nueva York se expresa mejor que nada a través del jazz, una música tan dislocada y cargada de energía como la ciudad, tan sinsentido en su apariencia, de tan rara armonía como esos rascacielos que crecen los unos junto a los otros como extraños entre ellos. Y sin embargo, es esa naturaleza disparatada y caótica, exenta de uniformidad, la que acaba por dar un sentido a la música y al propio Nueva el orden del caos, el orden del desorden. Es una forma inconsciente de expresar la libertad. Y Nueva York, igual que el jazz, es sobre todo libertad. Quizás sea esa una de las razones por las que esta urbe nos hace sentirnos felices.»
Los lectores han dicho... «Javier Reverte con su narración hace que nos sintamos partícipes de su estancia en esta gran urbe, nos presenta a la ciudad que nunca duerme de una manera ágil, que hace que al lector le cueste abandonar su lectura.» Blog Cooperadores
«Mucho jazz, capítulos cortos e intensos a lo largo de tres meses de patear calles, montar en ferrys, subir a edificios y bajar a sótanos. Una miradaimprescindible para todos aquellos que nos sentimos fascinados por la ciudad que nunca duerme.» Blog Mis libros y mis cosas
Es curioso que este sea el primer libro que me leo de Javier Reverte, pero ha sido por una circunstancia. Le debo probar otro. New York New York tiene buenos momentos, pero mucho sobrante. En algún momento, a mitad del recorrido, empecé a preguntarme por qué estaba leyendo el diario de alguien que decidió jugar a la vida neoyorquina. ¿Por qué hacerle seguimiento día a día a si estaba lloviendo, si tuvo que usar una chaqueta o un abrigo de piel, cuánto poco sabe el autor español sobre el béisbol, o si ya por fin llegó el otoño? Me gustan mucho los datos, las curiosidades detrás de cada esquina, calle, escultura, edificio, y algunas lecturas que hace de la idiosincrasia y la historia, pero supongo que un libro repleto de eso da mucho más trabajo, ¿no? Entonces es una publicación muy cómoda, que nadie más lograría venderle a una editorial a menos que tuviera cierto peso que le garantizara alguna venta. En fin, puede ser provechoso e interesante —medianamente— para apasionados de Nueva York, o gente que acaba de instalarse allí o va de viaje por primera vez. Pero no más.
Soy un gran aficionado a Javier Reverte (leí "La aventura de viajar", "El río de la luz", "Canta Irlanda" y "El médico de Ifni") pero este libro me ha dejado frío. Hace comentarios sobre mujeres bastante inapropiados (aunque imagino que tampoco es la intención del autor) y la obra, al ser un diario, me resultó repetitiva y tampoco me descubrió demasiadas cosas que no supiera, salvo datos curiosos sobre la ciudad, pero como libro de viajes es bastante flojo.
Me ha gustado este libro por la forma en la que describe Nueva York y te descubre algunos lugares de la ciudad. Sin embargo, me ha desagradado la forma en la que se refiere a algunas mujeres, ya que me ha parecido que en ocasiones el autor se muestra machista en algunas descripciones.
Una lectura entretenida y agradable a pesar del "cuñadismo" intermitente del autor. Está bien para hacerte una idea de cómo es Nueva York a pie de calle.
Debo admitir que esperaba más. Tal vez por la magnitud y el lugar qur ocupa en mí la ciudad de New York, y porque he tenido el placer de caminarla durante meses. Ha sido un buen libro únicamente gracias a la posibilidad que me ha dado de transportarme a lugares y climas que ya conozco y tanto añoro, y por eso le agradezco al autor. Sin embargo, he encontrado muy flaca su presentación de la ciudad, las grandes omisiones a su carácter de ciudad paraguas, y muy desafortunados sus comentarios sobre las mujeres.
No he sido capaz de terminar este libro por la cantidad de comentarios machistas que he visto por parte del autor que no veo muy apropiados en pleno s.XXI. Tampoco ha sido un libro interesante ni que me haya tenido sin dormir, es una especie de "guía" que hace sobre Nueva York día a día, nada del otro mundo. Ojalá poder ponerle 0⭐
De los libros que he leído de Reverte me ha parecido uno de los más flojos. Creo que Nueva York es una ciudad que puede dar mucho más de sí. Muchos comentarios sobre ciertas personas me parecen muy fuera de lugar y los hubiera suprimido sin dudarlo.
He leído varios libros de Javier Reverte y todos me han gustado, bastante. Este lo he cogido con ganas porque además yo mismo iba a hacer ese viaje en breve. Qué decepción. Desgana, esa es la palabra. Para alguien que ha leído otros libros del autor lo primero que se pregunta tras un par de capítulos es “¿qué pasa aquí?”. La sensación es que está un poco de chufla. Durante el propio relato, cuenta varias veces que está trabajando en otro libro, y la impresión que da es esa: que se ha ido 3 meses a Nueva York a escribir en serio otro libro y ya que estaba allí… Bueno, lo digo con todo el respeto, simplemente es la sensación personal que a mi me da. No hay profundidad, no hay ganas, solo algún destello aquí o allá de pasión. Hasta las gracietas son muy básicas y predecibles. ¡Qué pena! Otra vez será cuando vuelva a disfrutar de este gran autor. Quizá con el libro que escribió con ganas cuando estaba allí y de paso escribió este.
Chose this for Spanish-language reading practice, which worked almost better for grammar re-enforcement than vocabulary building; not sure how much of the issue of unfamiliar words had to do with less commonly encountered terms, or whether it was European vs. Latin American usage?
Still, I appreciated observations of the city from a foreign perspective. Moreover, great that he used public transit, never taxis. Of course, Manhattan was the primary area covered, but he did get away from the tourist zones, especially in the outer boroughs.
Imagina que te dan un gran premio y decides gastártelo cumpliendo uno de tus sueños: vivir en Nueva York.
Eso hizo Javier Reverte y este libro es una especie de diario de esos tres meses. Paseos, anécdotas y referencias literarias y culturales.
Eso sí, el filtro de género no lo pasa. No solo sobran bastantes chascarrillos machistas, además no nos tiene en cuenta a las mujeres ni para hablar de la historia de la ciudad.
Aún así, le he cogido cariño en este libro. Me ha dado ternura ese sueño cumplido de alguien que, ya de mayor, ha sabido saborearlo de esa manera.
La Literatura viajera no forma parte de nuestra tradición canónica, a diferencia de lo que ocurre en otras naciones donde el género tiene gran prestigio, lo que implica que grandes autores hayan hecho importantes aportaciones al género.
Y es sorprendente ya que España ha sido objeto de numerosos libros de viajeros y visitantes que nos han retratado como bárbaros, gitanos con guitarra, toreros y bandoleros, pobres, corruptos e incultos, salvo contadas excepciones que han evitado el exotismo y caer en el tópico. Desde el Manual para viajeros por España, de Richard Ford, una versión decimonónica de las Guías Lonely Planet, al Viaje por España de Théophile Gautier o La Biblia en España de George Borrow, muchos han dejado su visión de estas tierras sin que por ello hayamos sentido idéntico impulso, ni por visitar las propias de una manera similar, ni por andar por otras y dar cuenta de nuestras impresiones.
Pero esta relativa sequía concluye de manera deslumbrante con El sueño de África (1996) de Javier Reverte y sus dos secuelas (Vagabundo en África y Los caminos perdidos de África). En el estilo de otros afamados autores contemporáneos, Reverte encontró una fórmula maestra que atrapó a innumerables lectores. El relato se vertebra sobre la idea del viaje del propio autor, sus anécdotas, miedos y peripecias, debidamente salteadas con notas de color local, conversaciones con quienes se cruza, abundantes referencias históricas al pasado del país visitado y bastantes guiños a las obras de otros viajeros, obras musicales y literarias relacionadas de un modo u otro con ese entorno. También hay un importante peso del contraste y comparación, de cuánto nos parecemos en el fondo pese a las aparentes diferencias, y de cuánto nos separa y podemos aprender de lo ajeno.
El éxito de esta fórmula depende en gran medida de la pericia en combinar todos esos elementos, de la manera en que se enhebre un relato coherente, que no ofrezca la impresión de una mera colección de retales tomados de aquí o allá sin más sentido que el de completar el número de páginas requerido por el editor. Desde luego, también pesa el talento para la narración del autor, y el interés del lector en los parajes visitados. Lo primero puede hacer que un lugar sin apenas interés resulte tan apasionante como la India de Kipling, lo segundo puede convertir en digerible una obra que de otro modo habríamos dejado de lado en el estante de la librería.
Y dicho todo esto, hay que concluir que Javier Reverte logró en títulos como la ya citada Trilogía de África, u otros como Corazón de Ulises sobre la Grecia clásica o Canta Irlanda, un éxito más que merecido por la calidad e interés de lo escrito.
En el caso del libro que aquí nos ocupa, New York, New York (Ed. Plaza & Janés), el sentimiento es ambiguo. De una parte, el talento de Reverte es innegable, su prosa limpia, con pasajes rápidos e ingeniosos, sabe dejar hueco para cierto lirismo, sin cansar por ello, recurriendo siempre a lo literario, dando protagonismo a las grandes figuras en casi la misma medida que a quienes no figuran en los relatos oficiales pero que contribuyeron tanto o más a la Historia.
Pero, por otra parte, uno siente que la fórmula se agota y que la esencia de la localización se escapa entre los dedos del autor, que lo que trata de expresar no llega a formularse de manera convincente.
Veamos. El planteamiento de New York, New York es el de describir los tres meses que el autor pasó en la ciudad, instalado gracias a los ingresos de un premio literario y con el fin de iniciar la escritura de una novela. Así, el tiempo de Reverte en Nueva York se distribuye como él mismo señala, en paseos errabundos por la urbe y tiempo de escritura. Para ello, toma la forma de diario, en un sentido exclusivamente formal, ya que lo escrito no va dirigido al propio Reverte, sino al lector del libro que sabe que va a publicar, pero sí toma el formalismo de las entradas diarias.
Esto le permite dejar un tono de cotidianeidad y rutina, de dar cuenta de como amanece cada día, si llueve o hace calor, de lo que come y dónde, de lo que hacer en cada momento sin mayor rango o discriminación entre lo irrelevante y lo mollar, entre visitas más o menos previsibles y estereotipadas o hechos más interesantes. Y no hay mayor modo de romper la magia del viaje, que verse sometido a una interminable ristra de hechos triviales y que poco aportan, que no responden a una selección del escritor, una debida priorización que permita una narración coherente de la visita. Más bien, nos desliza en ocasiones la sensación de un diario de un personaje de una película de Woody Allen, un ocioso burgués sin mucho que hacer más allá de pasear, visitar exposiciones y hablar con cuantos se cruce pero que, en ningún caso, aporta un valor adicional, una pizca de ese deseo de visitar lo descrito.
En ocasiones resultan más sugerentes las citas y reflexiones de otros autores sobre la ciudad que las que él mismo formula, invitando casi a abandonar el libro por ese otro que parece más inspirado. Y, sin embargo, pese a ello, hay algo que te aferra a estas páginas. Tal vez sea la simpatía por el autor, por esa impresión que deja en ocasiones de que, a diferencia de la odisea africana, cualquiera podría pisar estas calles y hacer lo mismo que él, que no tiene nada especial que mostrarnos, que tal vez, cualquiera puede perderse en esta urbe sin necesidad de que él nos ilumine con mejores artes. Porque, y en esto hay que dar la razón a Reverte, poco podrá hacer para describir el skyline de Manhattan o el esplendor del puente de Brooklyn o la impresión de la Estatua de la Libertad. Poco puede hacer para dibujar ese enjambrado y bullicioso ambiente de las calles neoyorkinas que no tengamos ya en nuestra retina gracias al cine. Nada podrá decirnos que no sepamos sobre esta ciudad, tal vez algún pequeño dato, algún vislumbre inédito, pero Reverte se rinde a la posibilidad de la sorpresa.
Y, visto así, el libro se convierte a mis ojos en el pequeño y culto relato de unas largas vacaciones de un hombre en la capital del mundo. Una persona capaz de comer tartar de salmón en un restaurante francés o de asistir recurrentementea varios conciertos de jazz sin entender nada de esta música. De ir a un concierto de Joan Baez y llorar escuchando The Night They Drove Old Dixie Down, qué no habría hecho si hubiera escuchado a The Band. Es así como, poco a poco, dejando ver algunas costuras imperfectas, me reconcilio con la lectura y concluyo el libro.
Y gracias a Reverte siempre creeré que las calles de Nueva York saben guardar un silencio tan pasmoso en algunos momentos que equivale a la soledad ruidosa de un bosque o que existen pequeños rincones en Central Park donde uno puede respirar y sentir la presencia de los espíritus de aquellos indios que habitaron la isla antes de la llegada de los holandeses. También será ese lugar donde te puedas encontrar paseando por la calle con un antiguo amigo largamente perdido de visita por la ciudad, y que acude para correr la famosa maratón pero de espaldas, ahí es nada. Un lugar en el que, pese a ser la ciudad que nunca duerme, cada mañana amanecemos para mirar por la ventana qué día nos espera hoy y decidir si asaltamos el bar de la Estación Central y sus ostras o si visitamos la tumba de Federico García, el padre de otro Federico García más famoso, que vino a morir donde su hijo encontró la inspiración para uno de los mejores libros de poesía de nuestro siglo pasado.
Y también, como un poso prejuicioso, tal vez de mera envidia, creeré que ante la grandeza de los paisajes africanos o el inmenso peso de la historia de Occidente condensada en un puñado de islas y una península, el fresco que nos ofrece Nueva York es hueco y superficial. Que la altura de sus rascacielos no es sino un intento inútil y egocéntrico por rivalizar con Babel y que un olivo anciano, azotado por el viento del Egeo guarda más verdad y asienta mejor sus raíces que todo el bajo Manhattan. Y todo esto ahora también lo sé gracias a Reverte.
Después de Canta Irlanda, segundo libro que leo de Javier Reverte, también de un sitio ya conocido. El libro da un punto de vista distinto de la cuidad del que tiene el mero turista, y si has estado resulta agradable leerlo y ver como describe, documenta y comenta anécdotas por zonas por las que has pasado. Las referencias bibliográficas buenísimas. Sólo me ha chirriado un poco el segundo tercio del libro, que se me ha hecho un poco monótono (hoy me he despertado, llueve, he salido a pasear...). Si te gusta NY y la conoces o vas a conocer lo recomendaria junto con los de Enric González y Elvira Lindo.
Bastante decepcionada con este libro. Se supone que Reverte se pasó tres meses en Manhattan para escribir un libro de viajes y el resultado es una suerte de cuaderno de campo de los paseos de un pensionista muy mal documentado, repleto de estereotipos y comentarios terriblemente machistas. Un hueso bastante duro de roer. Me va a costar darle otra oportunidad al autor por el lenguaje que usa al hablar de las mujeres, sorprende que la editorial no haya hecho nada al respecto.
No había leído nada del autor y empecé este libro como iniciativa del mes de octubre en el club de lectura de la biblioteca. Si que es verdad que, como literatura en sí, no es un libro que enganche y te haga devorarlo en cuestión de horas, pero se deja disfrutar.
El autor escribe un diario de viaje en el que nos va detallando los lugares de Nueva York por los que pasa, hablándonos de sus tradiciones, historia y de las actividades que más disfruta (el jazz, el boxeo y la gastronomía). Además, Reverte incluye extractos de otros escritores que hacen mención a la zona que está visitando en ese momento.
Como os digo, es un libro que bien merece la pena leer y si, además, estáis preparando un viaje a Nueva York, os vendrá de fábula. Le he puesto, eso sí, una nota un tanto baja porque como os dije al principio me lo he tomado con mucha tranquilidad leyéndolo y no me ha aportado nada nuevo en cuanto a narrativa.
Según comentaron los que ya habían leído más libros del autor, este es bastante flojo (opinión más que respetable) y merece la pena leer más los que ha escrito sobre África y Alaska. Yo ya os digo desde aquí que me los apunto en mi TBR.
No sé si ha sido por la fascinación compartida por la ciudad o porque gracias a Reverte he podido dotar de cierto sentido a escenarios ya conocidos, pero me ha parecido un "diario de viaje" lleno, no sólo de opiniones personales, si no de datos que tratan de buscar el origen o el por qué de la forma de ser de la Gran Manzana (o Gotham o Metrópoli). La lectura se me ha hecho fácil, amena e instructiva...se puede pedir algo más?
El primer libro que leo de este autor y no sé qué pensar. Por un lado, me ha tenido enganchado y lo he leido prácticamente del tirón porque me interesa la ciudad y lo que cuenta de ella, pero al mismo tiempo parece que el libro está escrito con algo de desgana. Parece que está rellenando casillas en un diario: el tiempo del día, el paseo, el lugar que visita...
Muy bien escrito. Disfruté su lectura, lo leí rapidísimo. Recorrer NYC a través de los ojos de un escritor enamorado de la ciudad es inspirador. Mirada particular y desacomplejada. Auténtico. Lleno de curiosidades sobre la ciudad. Que ganas de volver!
Muy flojete aún entendido como un diario de viaje. Arranca con más energía introduciendo información de la historia de la ciudad o de los artistas que la conforman, pero a lo largo de los tres meses de estancia de vuelve repetitiva, con demasiadas alusiones al clima y poco alma de descubridor.
Me encanta la ciudad, así que me ha entretenido el diario del autor sobre sus dias allí, sus gentes y la forma de relacionarlo con citas de obras de otros autores que también escribieron sobre la ciudad.
Lo leí justo antes de viajar allí y es perfecto para eso. Te transmite sensaciones sin spoilers.. no es una guía turística, si no un paseo histórico por la ciudad.
Nuestro querido y añorado Javier Reverte nos deja en este libro su experiencia vivida en la Ciudad de los Rascacielos durante 3 meses. No hay que pedirle más. Se queda a años luz de su trilogía africana o de sus excepcionales novelas, aunque siempre lo recordaremos como uno de los escritores de viajes más importantes de nuestro país. Un 7/10. Descansa en paz, amigo.