Silvia Schwarzböck afirma que a la postdictadura hay que adentrarse por la estética, porque su objeto –propio del género de terror– así lo exige. ¿Qué significa para la autora llevar a cabo una reflexión propiamente estética sobre este objeto? Implica, entre otras cosas, pensar materialmente la ficcionalidad de lo dado. Y pensar lo dado es negarlo, abrirlo, mirarlo, escucharlo, para leer en la apariencia lo que en su mostrar no enseña ni ilumina; para volver a ver lo que puede ser visto –y sólo por eso puede ser visto– por quien no puede pensarlo. Cabría preguntar entonces: ¿qué es lo dado en este libro? Es la vida sin fantasma del comunismo, es la vida de la derrota después de la derrota. Es la vida de la postderrota. […] Lo dado es, también, la configuración cristalizada de esa forma de vida que ganó. Y lo que ganó, en Argentina, se impuso a sangre y fuego; lo que ganó se fraguó en el campo de concentración y desplegó sus corolarios (o, de otro modo, sus espantos) en las primeras décadas de vida democrático-parlamentaria. Enfrentar lo que queda de la dictadura, lo queda de la derrota política, económica y social, es, en este sentido, enfrentar la postdictadura, las consecuencias económicas y existenciales de la derrota más sonora y profunda del pueblo, o de las formas de vida populares. La primera y quizás la más importante y decisiva: la derrota de una vida en términos de verdad, en términos de un proyecto no gobernado por la lógica (triunfante) de la mercancía.
Silvia Schwarzböck es Doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires.
Dicta Estética, como Profesora Titular Regular, en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (desde 2012), como Profesora Asociada, en el Departamento de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (desde 2006) y, como Profesora Adjunta, en la Escuela de Filosofía de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (desde 2005).
Integra el Consejo Editor de Kilómetro 111. Ensayos sobre cine y el Consejo Asesor de Otra parte. Revista de letras y artes.
Fue Profesora Adjunta Ordinaria de Estética e investigadora en el Área de Filosofía del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes (2006-2011).
Dictó materias y seminarios de postgrado (2005 -2011) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en el Doctorado en Humanidades de la Universidad Nacional del Litoral, en la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Nacional de Quilmes, en el Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional de Lanús, y en la Maestría en Cine Documental de la Universidad del Cine.
Fue Becaria de Postgrado del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) (1998- 2003) y del Goethe-Institut de Munich (2000).
Publicó los libros La herencia de Prometeo (1996), Estudio crítico sobre Crónica de una fuga (2007), Adorno y lo político (2008), Estudio crítico sobre Un oso rojo (2009), además de numerosos ensayos y artículos sobre temas de estética, filosofía política, filosofía contemporánea, arte y cine.
Realizó la edición crítica y el prólogo de Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Immanuel Kant (1998), la traducción (junto a Luis Rossi) de Romanticismo político, de Carl Schmitt (2000) y la traducción y el prólogo de Estética (1958-1959), de Theodor W. Adorno (2012).
"Los espantos, por pertenecer al género del terror, piden a la estética para ser leídos. Lo que en democracia no se puede concebir de la dictadura, por más que se padezcan sus efectos, es aquello de ella que se vuelve representable, en lugar de irrepresentable, como postdictadura: la victoria de su proyecto económico/ la derrota sin guerra de las organizaciones revolucionarias/ la rehabilitación de la vida de derecha como la única vía posible. La postdictadura es lo que queda de dictadura, de 1984, hasta hoy, después de su victoria disfrazada de derrota. Este pasado-presente, que no puede concebirse, sí puede representarse. Y su representación, leída a posteriori, demuestra haber demandado una estética protoexplícita, no una estética de lo irrepresentable, de lo indecible, o del silencio. Es que la postdictadura, como concepto estético, se caracteriza por la sobreabundancia de discurso, de ismos que se saben no verdaderos, no por la insistencia en lo indecible o la puesta en cuestión de la escritura; por la estetización de la derrota propia, no por el análisis filosófico-político de la victoria ajena; por la cultura siempre diurna y al aire libre: no importa que se la disfrute de noche y en sótanos municipalmente habilitados; por un salón literario con voluntad de poder oficial (con admisión, incluso, de ilustrados oscuros, como Fogwill), no por la radicalización estético-política y las ansias de estar, aunque sea imaginariamente, fuera del sistema institucional del arte. Este régimen de la representación absoluta, de la apariencia como esencia, propio de la postdictadura, parece saber, secretamente, porqué la fórmula de la negatividad, en la teoría estética de Adorno, deja a Kafka tan lejos de Beckett: a mayor terror de parte del receptor (a mayor angustia real, a mayor shock, a mayor repugnancia), menos negativo el lenguaje artístico, es decir, menos verdadero, más concecible su objeto, más fácil de subsumirlo al concepto. El lenguaje de Kafka es más terrorífico que el de Beckett: más sublime, menos banal, menos repetitivo, menos monótono. No importa que a ninguno de los dos les falte en sus obras, por graves que sean los acontecimientos, el factor comedia. Ahora bien: si se mide con ellos la diferenciación del placer estético, en el curso del siglo XX, del placer culinario y del placer pornográfico, y Kafka resulta ser, comparativamente, un eslabón anterior a Beckett, eso no modifica en nada el triunfo paradójico de la negatividad y, con él, su consecuente agotamiento: el prestigio de lo desagradable negativo, que la obra beckettiana logra en mayor medida que la kafkiana, permite que todo lo desagradable, incluso si es explícito, sea con pleno derecho objeto de un disfrute serio."
Releído por ... ¿tercera vez?. Es un libro increíble, el mejor análisis político, estético que se haya escrito para entender que lo que estamos viviendo en el país. Es un libro infinito en su capacidad de análisis y en lo bien explicado que está el concepto de "Postdictadura" y las influencias que han tenido en toda nuestra vida y en la actualidad. Schwarzböck está a otro nivel.