Esta es una original y profunda forma de abordar la época de Nietzsche como filólogo y examinar cómo surgieron las tensiones que vivió en ella y, así mismo, cómo fueron abriendo un camino hacia su obra más propiamente filosófica. Son muy lúcidas las interpretaciones de Gutiérrez Girardot en torno al valor de Schopenhauer y Wagner para Nietzsche y las relaciones que traza entre la comprensión nietzscheana de la tragedia y la hegeliana.