Kurt Wolff (1887-1963) è stato uno dei più importanti editori del '900. La casa editrice che portava il suo nome, da lui fondata a Lipsia nel 1913 dopo un breve sodalizio editoriale con Ernst Rowohlt, fu animatrice su vari fronti della cultura espressionista e mitteleuropea. Fin dall'inizio, infatti, Wolff si trova circondato, direttamente o indirettamente, da personaggi che influenzeranno in maniera durevole la cultura tedesca ed si pensi a Franz Werfel, Max Brod o Karl Kraus. Ciò lo portò a essere editore di autori universalmente considerati fra i tanti citiamo Franz Kafka, Georg Trakl, Robert Walser, Gottfried Benn. Nel 1930 Wolff lascia la guida della casa editrice per trasferirsi prima a Nizza, poi in Toscana, e infine approdare nel 1941 a New York, dopo un periodo assai travagliato in cui patì anche l'esperienza dei campi d'internamento francesi. In America, sebbene ormai quasi privo di mezzi di sostentamento, riesce grazie all'aiuto di altri espatriati tedeschi a ripartire con una nuova impresa la Pantheon Books. Tornato in Europa nel i960, assume l'incarico di consulente per un importante gruppo editoriale statunitense. Nel 1963, durante una visita in Germania in cui aveva fatto tappa all'Archivio di Marbach (santuario della letteratura tedesca che conserva molti documenti relativi alla sua attività giovanile di editore), muore per le ferite riportate dopo essere stato investito da un camion.
“La idea que los no iniciados tienen de la profesión del editor es asombrosamente burda: cree que se dedica a leer manuscritos, o manda a leerlos a otros (al parecer tales manuscritos le llegan en cantidad por sí solos), y luego envía al impresor lo que más le ha gustado a él o a los que leen para él. Para que el libro, además, un aspecto bonito o atractivo, recurre a un grafista que diseña la encuadernación o la cubierta. El éxito o el fracaso son puro azar.”
Recuerda también Kurt Wolff al comienzo del primer capítulo: “Llevo cincuenta y cinco años oyendo la pregunta: «¿Dónde aprendió usted su oficio?» La respuesta es siempre la misma: en ninguna parte.”
Con estas desafiantes frases comienza este muy interesante libro escrito por quien fuera junto a Ernst Rowohlt el primer editor de Franz Kafka. Si bien no es un libro de memorias, la compilación de anécdotas que Wolff hace de su vida pasada como editor logra ese efecto en el libro mientras uno lo lee. Por su editorial, además de Kafka, pasaron autores de la talla de Gustav Meyrink, Heinrich Mann (hermano de Thomas Mann), Georg Trakl, Franz Werfel, Rabindranat Tagore, Max Brod, Karl Kraus y Robert Walser. Trabajó también en conjunto con Reiner Maria Rilke. Meyrink publicó “El golem” por primera vez en Kurt Wolff Verlag. Kafka pudo ver publicadas su inolvidable “La metamorfosis”, así también como “La condena”, “El fogonero”, “En la colonia penitenciaria” y “Un médico rural”. Una anécdota de Wolff marca profundamente quién era Kafka para él y cuánto apreciaba al inigualable autor praguense, la tarde en que Max Brod lo llevó a presentarse: “Respiré aliviado cuando terminó la visita y me despedí de los ojos más bellos y la expresión más conmovedora de un hombre sin edad, que tenía treinta años por entonces pero cuya apariencia lo dejó grabado en mi memoria… podía decirse que se trataba de una adolescente que jamás había dado paso a la edad adulta.” Puede decirse que la humildad y sencillez de Kafka, sumado a su bajísimo perfil lo habían hechizado y a partir de allí la relación fue altamente cordial y duradera hasta la muerte del autor. En otro pasaje de ese mismo día en que vio a Kafka por primera vez cuenta algo realmente bello: “Al despedirnos aquel día de junio de 1912, Kafka dijo una cosa que nunca había oído antes y nunca oí después a ningún otro autor y que, por eso mismo, ha quedado asociada para siempre a ese ser único que era Kafka: «Siempre le quedaré más agradecido porque me devuelva mis manuscritos que por su publicación»” El libro posee también un capítulo para los autores Carl Sternheim, Franz Kafka y Karl Kraus y en el capítulo final nos encontramos con la publicación de todas las cartas que han sobrevivido entre él y Kafka, correspondencia que mientras uno lee va generando una sensación de verdadera fascinación.
Es sumamente grato leer este libro y me reconforta el hecho de encontrar recuerdos de aquellos que tuvieron el placer de conocer en persona a mi autor preferido de todos. Vale la pena rememorar las aventuras de este editor que tuvo un rol clave en la vida de tantos escritores se siguen leyendo asiduamente hoy en día.
bom de ler! terminei rápido, pois a escrita é informativa, ágil, mas também elegante, econômica, saborosa. uma boa porta de entrada memorial para certa cena da literatura alemã contemporânea. também vale para quem se interessa pelo ofício editorial como um todo e gostaria de conhecer certas peripécias pessoais ou “aventuras”, como wolff preferia classificar. pessoalmente me ajudou a conhecer mais da figura de kafka e a anotar outros autores que gostaria de ler, muitos deles, a meu ver, pouco conhecidos por nós hoje. também me chamou a atenção a fineza na avaliação de algumas obras e temperamentos, certos padrões que gostaria de repensar como critérios de leitura. foi revigorante depois de algumas experiências fracassadas com outros livros.
Entrare in questo libro è come entrare in una matrioska, perché in un gioco di scatole cinesi l’introduzione dell’edizione del 1965 non è che un frammento dell’opera di Kurt Wolff. http://www.piegodilibri.it/recensioni...