2.5/5
Marafariña nos cuenta la historia de Ruth y Olga. La primera vive en Marafariña, una aldea de Galicia que viene a ser lo que todos nos imaginamos cuando pensamos en ese lugar: todo verde, todo campo y montañas y naturaleza. Ella es testigo de Jehová, sus padres se convirtieron a raíz de la muerte de su hermano mayor cuando tan solo tenía ocho años si no estoy equivocada, y con ello la metieron también a ella en dicha religión. Es una muchacha muy correcta y educada, que no da problemas y es la hija perfecta, y aun así sus padres siempre tienen algo de lo que quejarse. Su madre sufre una gravísima depresión y su padre parece apoyarla un poco más, pero realmente Ruth está sola en su propia casa y en el mundo.
Olga es una chica bastante problemática. Viene de Barcelona y se acaba de mudar a Marafariña con su padre y con su tía. Meses atrás, su madre murió de cáncer y ella todavía no ha podido superarlo. Está sumida en un bucle de autodestrucción e indiferencia y no tiene ningún interés en dejar que nadie se le acerque. La historia comienza en verano de 2001 y nos va narrando prácticamente mes a mes lo que ocurre hasta abril del año siguiente, y después con un epílogo cinco años más tarde.
El libro está dividido en unas trece partes si no me equivoco y dentro de cada una hay escenas separadas por estrellitas, pero teniendo en cuenta que son casi 700 páginas, los "capítulos" tienen una extensión considerable. En mi opinión, a este libro le sobran muchas páginas. Muchas. Creo que hay bastantes cosas que se podían obviar porque no aportaban nada a la trama, como los fragmentos bíblicos copiados tal cual, o los discursos de los testigos, u otro tipo de escenas en general, y otras tantas que podrían haberse contado de manera más resumida. Yo entiendo que la religión de Ruth es importante ya que prácticamente es el eje central de la trama pero... hay un límite. Y está sobrepasado.
Y no es que no me estuviese gustando. Me costó un poco engancharme pero sobre la página 150 empezó a coger fuerza la historia y me apetecía mucho seguir leyendo, y estaba fangirleando muchísimo con Olga y Ruth ‒que, si no lo habéis adivinado a estas alturas, este libro trata sobre la relación entre ellas‒, pero entre que es un libro enorme y los fragmentos religiosos... Se me hizo pesado. Y lento. Y yo quería que me gustase, de verdad que sí, porque tiene una notaza en Goodreads y a todo el mundo le ha encantado pero por algún motivo... a mí no. Y eso que no iba con altas expectativas.
Lo que más me fastidió fue que lo que más se alababa de esta novela es la prosa de la autora y, jolines, tampoco pude sentir nada especial. Sí es cierto que se nota que esta obra ha sido escrita con mucho cariño pero... Nada. No me llegó. Creo que es porque estaba saturada de tanto drama. Yo tengo un límite con los dramas, y es bastante bajo por lo que es super fácil superarlo ‒véase lo que me pasó con Amor y virtud‒ pero... En serio. Mucho. Drama.
También es que odiaba a demasiados personajes en esa novela. El novio de Ruth, Jaime, es un maldito maltratador y un violador ‒Trigger Warning: hay una violación explícita, aunque sin penetración‒ y le odio con toda mi alma. Está con Ruth porque son los únicos jóvenes de la congregación de testigos de Jehová y ya tienen la vida planificada. Por sus padres, por supuesto. Y estos otros que tal: la madre de Ruth, Esther, me sacaba de mis casillas, yo comprendo que padezca una depresión pero para eso hay gente que le puede ayudar y centros y demás, y esa mujer no estaba como para estar en una casa. Y el padre, José, por sumiso, tampoco hacía nada. Histérica me ponían, de verdad.
La que más me ha gustado es la tía de Olga, Penélope. Me parece una mujer fortísima y maravillosa, con una entereza envidiable, que se ha sacrificado una barbaridad por aquellos que le importan y, de verdad, estoy a sus pies. Respecto a las protagonistas, he visto mucho de mí misma tanto en Ruth como en Olga, pero no voy a entrar en detalles, que ya os las he descrito arriba 😉. Aun así, Ruth también me sacaba de mis casillas en muchas ocasiones, creyendo que el universo y Dios le mandaban señales y la castigaban según hacía qué cosas.
Y el final... En fin. Apoteósico. Ya no tanto el final normal, sino el epílogo, me ha descolocado totalmente. No veo la necesidad de hacer un salto temporal tan grande ni mucho menos de hacer una segunda novela, Inflorescencia, que acaba de salir hace un par de semanas y que sinceramente no tengo nada de ganas de leer. Me pica el gusanillo pero... Necesito reseñas primero.
En definitiva, Marafariña parecía tener todo lo que yo quería: chicas que se quieren, una prosa fantástica y una ambientación mágica ‒en el sentido menos fantástico de la palabra‒ y, sin embargo, me he encontrado con una obra que, sencillamente, no ha sido para mí. Aunque como os digo a todo el mundo le ha maravillado y, si os gusta el drama, os la recomiendo totalmente.