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325 pages, Kindle Edition
First published October 25, 2016
Me parece mezquino juzgar una historia por el hecho de que haya sucedido realmente. Para mí todas las historias son ficción. La única pregunta que vale la pena hacerse es: ¿le hace cosquillas a tu alma o no?Vale, me ha gustado sentir que el Peter Orner y yo tenemos un gusto parecido, seguramente por entender que el cuento es el género literario supremo. A veces decía apabullantes tonterías, sobre todo comentando a autores del Este y rusos. Pero bueno, es que es estadounidense, qué le vamos a hacer.
Lo que sí sé con seguridad, de todos modos, es que me atraen ciertas historias por su desafiante rechazo a hacer lo que acabo de intentar, esto es, querer explicarse a sí mismas.Todos los libros que recomienda me gustarán. Me ha recordado muchísimo a Dani Díaz y a la forma que tiene (o que tuvo?) de entender la vida solo a través de los cuentos. Un beso desde aquí Dani, poco se compara a la sensación de completitud de rememorar un cuento, no sé, que "el tigre está en la sala del piano", o a que te mande unos mensajes en mi tribulación, oye, qué cuento es este de Borges que es un bucle de dos páginas en el que el lector está sentado en una butaca verde y se mete tanto en la lectura que acaba siendo un personaje que se ve desde fuera, y que tú me respondas cortante: "es de Cortázar".
Durante mucho tiempo creí que leer de alguna manera me haría un mejor escritor. Así que leía para poder escribir. Justificaba las horas que pasaba tirado diciendo que leer era "mi trabajo". Ahora puedo ver cuán delirante es eso. Ni los trece tomos de Chéjov me ayudarían a escribir una sola frase que parezca viva en la página. Eso viene de otra parte, de algún lugar allá fuera en el mundo, donde las madres mueren en accidentes y sus hijas esconden la tristeza. Aun así, llegué a la conclusión de que leer me mantiene con vida, punto. Me levanto para leer y duermo para poder levantarme por la mañana y leer un poco más.A pesar de que el ensayo no me suele enganchar, hoy me he tenido que saltar clase de alemán para acabármelo. Leer sobre el acto de leer, siempre lo digo, es mi autoayuda. De todos modos este subgénero ya no me da lo que me daba antes; ya lo tengo muy quemado. Tiene algo de profecía autocumplida, leer sobre leer, pero le aporta un nivel bastante meta del que se le puede sacar jugo.
Me gustaría quedarme más callado. A diferencia de mi impulso por leer, que vivo como un picor permanente, mi impulso por escribir aparece solo de vez en cuando, y cuando aparece, hago lo posible por que dure poco. La conclusión de la mayoría de los consejos sobre escritura parece ser: escribe, escribe mucho. Y cuando ya hayas escrito mucho, escribe un poco más. Tengo mis serias dudas de que esta sea la mejor manera de crear algo duradero. ¿Solo a mí me pasa? ¿O tú también sientes la necesidad de huir del maremoto diario de palabras? Hace poco quise escribir un homenaje a un escritor que, en toda su vida, publicó menos de trescientas páginas. Después de empezar a tomar algunos apuntes, me di cuenta de la evidente contradicción. Durante un tiempo, hice lo correcto. Pensaba en Juan Rulfo sin escribir nada. ¿Por qué agregarle más palabras a un legado construido sobre tan pocas? Estoy a punto de deshacer ese pequeño avance.También libro de duelo: el último regalo de Oliver por mi cumpleaños. Echo mucho de menos hablar largo y tendido sobre libros contigo.