En 'Osamentas Relampagueantes" los personajes fluctúan azarosamente entre la profundidad profética y apocalíptica de Zaratustra y el cinismo dé una clase por herencia dominante que convive con otra a la que le teme pero que también desea. La ciudad es como el estómago de una ballena donde viven desde hace mucho esos seres devorados, alucinados y fáciles de olvidar; intentan hacer una fogata para que la ballena se asfixie y abra la boca, pero en el fondo saben que ni siquiera quieren salir de ahí. La fiesta es un movimiento mecánico, casi industrial de generación de contenidos, penetraciones y besos húmedos, es el centro de algo que no se sabe muy bien qué es, pero que rige el resto de sus vidas y sus acciones, el mar es la escenografía un poco aporreada ya por el cliché que cuelga frágil de un alambre oxidado. El perico es perico, rendido hasta el cansancio, substancia vital de todo, puente entre esto y aquello, entre lo sagrado y lo profano.
Quien sea asiduo de la fantasía, la ciencia ficción y hasta la filosofía, Osamentas Relampagueantes le hará sentir un electroshock excitante, como si pusieras un tenedor en un toma de corriente. ¿Será que al morir electrocutados observamos toda nuestra vida pasar en una ráfaga de memorias? Tal vez, como en un viaje de salvia, podamos ver la red que cubre toda la existencia. Al leer la novela de José Antonio Covo veremos la red que cubre la narración. El entramado en obra gris, que aveces se asoma entre las lineas, y que luego se vuelve a pintar y diluir, para terminar en algo oscuro. Así también veremos la cultura popular engendrando escenas, unas como en Matrix, otras como en 2001: Una odisea en el espacio; tal vez, algo de Cronenberg y Drácula. Cargada de ciencia ficción habita simulaciones y realidades paralelas. En fin, podemos hablar un poco de Osamentas Relampagueantes (sin spoiler) y reflexionar sobre el papel de la novela de género en un mundo cada vez más agitado.
David (protagonista) es un cocainomano cartagenero (Colombia) de clase alta, que disfruta sus días en el ocio y la rumba. Claro que, como todo heroe, pues esta es una novela de narrativa moderna sin dejar el clásico viaje del heroe; como decía, como todo heroe, David tiene una habilidad especial. Un don. Que está relacionado con su manera de vivir la vida, y por ello la cocaina, las drogas y una sustancia muy famosa de la que se habla mucho hoy, son tan importantes en la historia. Más adelante hablaré de esta sustancia. Lo que me gustaría recalcar, sobre todas las peripecias que encontramos en el libro de Covo, son los giros de trama. Hay dos giros que creo lo más valioso de la novela, y también elaborados, y que desencadenan perfectamente uno hacia otro. Por eso, es bueno guardar el secreto pues, para mí, como lector asiduo de literatura contemporanea, es un libro que solo se puede leer una vez. Claro que, para el estudioso, desvelador, desempleado y recalcitrante, navegar en las pautas muy bien estructuradas de Covo puede llegar a ser un centro de estudio importante. Para mi, repito, pues dueño de esta reseña, aunque de dueño nada: como jornalero y lector rutinario, la lectura de Osamentas Relampeaguentas solo valdrá la pena la primera vez de ser leida. Pues, además de sus entretenida narrativa, sus giros de trama púlidos, sus personajes palpitantes y sus giños a la cultura pop; la novela, como es de mi preferencia, solo deja vacío. De esto, hablaré en la última parte de mi reseña.
Otra cosa que quiero recalcar, para los lectores que se van a animar a leer esta novela de género del cartagenero José Antonio Covo, son sus personajes. De esto si puedo hablar de manera abierta, pues no hay cambios sustanciales en ellos, solo en el protagonista. Hay dos personajes a los que el lector debe prestar atención para entender el final de la novela. Uno de ellos es Juan. Que aparece en la segunda parte y es, sin tener mucha importancia en los sucesos de la trama, una pista clave para entender la estetica de este libro. Luego está Anita. Lo mismo que Juan, no cumple gran papel en los sucesos, pero su rol es una representación inocente y delicada de una decadencia cercana a nuestra sociedad. Ahora, David, como protagonista es el más importante y la base de la novela, cual Bowman en A Space Oddyssey.
Anita llegó a mostrarme una verdad grande y es que: soy un adicto. Y esto no es nuevo. Desde chico me lo decían mis padres y los medicos "Tienes tendencia a la adicción". ¿Acaso no soy humano? ¿Acaso la adicción no es lo más humano que hay? Pues, a la sustancia a la que me refiero antes es a la famosa Dopamina. Se habla mucho de esta sustancia, y como los niveles desbordados de dopamina llegan a estancar a las personas. Bueno, al final todos los vicios (Amor, Futuro, Paises - vicios nombrados en el libro) pueden resumirse en esa sustancia. Anita era un chica muy alejada de los vicios, y luego, al acercarse a ellos, no le da tanta importancia. Así funciona la dopamina, parece algo insignificante, pero puede llegar a ser decisiva en la quimica cerebral.
Ahora. ¿Qué importancia tiene Osamentas Relampaguentas para nuestra sociedad agitada, agonica y adicta a la dopamina? El vacío. Novelas contemporaneas como Trilogía de Jon Fosse y El problema de los tres cuerpos de Cixin Liu, tienen la cualidad de transmitir una preocupación moral y existencial al lector. Claro que toman elementos de la narrativa clásica, de la Poetica Aristotelica, del Viaje del heroe de Campbell, y en la épica dramatica. Esos son los clásico, y por ellos se deben releer, y estudiar. Lo que hay en la contemporaneidad es la estocada al vacío, la creación con silencio, o el viaje al cosmos, al infinito. Y allí, no vale la pena repetir. Las novelas contemporaneas aplican, en el lector consciente, el influjo del vacío y lo cuestionan, y este es el verdadero peso. No lo es tanto la narrativa, que se disfruta, ni las escenas impactantes, es la sensación al terminar el libro. Cuando, luego de leer, sabes que estás tan vacío como lo está el protagonista, o como indica la cadencia de las palabras, o como lo está la humanidad entera. Es por esto, que invito a leer novelas como Osamentas Relampeagueantes, y las contemporaneas de género, teatrales, dramas, o comedias, que retoman lo clásico en su forma total y lo imbuyen en el espíritu perdido de nuestra época.
“Osamentas relampagueantes” narra la historia de David Duque, un joven cartagenero de clase acomodada que se dedica a ir de rumba con sus amigos y a probar todo tipo de drogas. El primer capítulo, en el que se explora la vida mundana del prota, me recordó muchísimo al libro peruano “Duque” de Diez – Canseco, más por lo narrado que por el título, y a la película experiencia sensorial de “Clímax”, del argentino Gaspar Noé.
En el segundo capítulo, Duque es encerrado en un centro de rehabilitación en el que conoce a personas con diferentes tipos de adicciones. Esta parte del libro, aunque me hizo extrañar la primera, funcionó en su estilo y me dio la sensación de estar frente a una comedia absurda que me atrapó inesperadamente.
De ahí en adelante, todo se volvió demasiado “pastrulo”, como decimos por aquí, y no sé si eso jugó a favor o en contra del libro. Yo me perdí un poco, quedé desubicado en la verosimilitud de la historia y, simplemente, asumí que todo se trataba de una “irrealidad real” o, quizás, de una “realidad irreal”… A estas alturas, ya no sé. En todo caso, me quedo con los dos primeros capítulos, diferentes entre sí, pero lógicos en cuanto a los géneros narrativos en los que se refugiaron y críticos con el entorno social que representan.
Bret Easton Ellis conoce a Robert Anton Wilson y a Burroughs (los dos, el de Tarzán y el de Naked Lunch); sin embargo es, digamos, novedosa para el mercado colombiano