Entre las muchas mujeres que dejaron huella en la vida de Pedro Lemebel, Gladys Marín es, sin duda, una de las más próximas. La «Gladucha», como él cariñosamente la llamaba, fue su compañera de penas, amores, victorias y derrotas. Tanto las crónicas —escritas entre 1999 y 2008— como las fotografías reunidas en este libro fueron seleccionadas por el propio autor antes de su partida, con el fin de rendir un homenaje a su querida amiga. De esta manera, Lemebel recorre con infinita ternura la historia de esta amistad, sin dejar de clavar su mirada punzante en el marco político en que se desarrolló la «negociada transición» chilena. Mi amiga Gladys es un libro bello e íntimo que relata escenas entrañables como un paseo a la ópera o una Navidad en Andacollo, así como los entretelones de una colorida campaña presidencial. "Pienso en quienes salieron del clóset gracias a Lemebel, pero no me refiero solamente –lo que ya sería bastante– a los que después de leerlo se atrevieron a enfrentar su identidad sexual, sino también a quienes, homosexuales o no, gracias a él descubrieron o redescubrieron el brillo y el poderío de las palabras, la necesidad de una escritura, su urgencia: porque escribir de verdad, mirando a quienes amamos y a quienes odiamos de frente, y sobre todo intentando, por más que cueste o que duela, mirar hacia el fondo de nosotros mismos, es siempre salir del clóset".
Hijo de Pedro Mardones, panadero, y Violeta Lemebel, nació "literalmente en la orilla del Zanjón de la Aguada" y "vivió en medio del barro" hasta que, a mediados de los años sesenta, "su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales en avenida Departamental". Estudió en un liceo industrial donde se enseñaba forja de metal y mueblería y, después, en la Universidad de Chile, donde se tituló de profesor de Artes Plásticas. Trabajó en dos liceos, de los cuales fue despedido en 1983 "presumiblemente por su apariencia, ya que no hacía mucho esfuerzo por disimular su homosexualidad". En sus libros aborda fundamentalmente la marginalidad chilena con algunas referencias autobiográficas. Su estilo irreverente, barroco y kitsch lo ha hecho conocido en toda hispanoamérica. Gay declarado, explica el cambio de su nombre así: "El Lemebel es un gesto de alianza con lo femenino, inscribir un apellido materno, reconocer a mi madre huacha desde la ilegalidad homosexual y travesti".
Crónicas hermosas de dos personas que se amaban y admiraban mucho. Me reí un montón y lloré un montón. Siempre es tan gustoso leer a Lemebel y sus palabras que van directo al corazón.
"La única que falta eres tú. La única estrella que no alumbra este cielo otoñal. Por acá todo sigue casi parecido... Hace un siglo que te fuiste y cada noche dejamos la puerta entreabierta por si quisieras regresar".
Lemebel es un niño tierno, un ángel vestido de loca que escribe con el corazón en la punta de los dedos. Notable es la crónica del programa de televisión, la descripción tan diáfana de Gladys Marín, traviesa, cariñosa, consecuente. Acá no hay grises, este es el mundo narrativo de lo negro y lo blanco (lo rojo y lo azul), que Lemebel logra invertir tan bien en sus universos descriptivos. Es un libro cortito, se le puede leer sentado en el water o en un viaje en micro, pero en cualquier lugar te pondrá la piel de gallina por la nostalgia evocadora de cada uno de sus párrafos. Un libro póstumo al que la edición intentó por todos los medios extender en letras grandes y páginas en blanco para llegar de manera artificial a las 90 páginas. Las fotografías "arrojadas" al medio demuestran una falta de respeto con una obra más que digna de Pedro Lemebel. Uno esperarían en este libro homenaje, póstumo, de gloria a Pedro y Gladys, una edición más cuidada, unas fotografías mejor montadas, unos artículos más ordenados cronológicamente en la vida de ambos. Un esfuerzo editorial verdadero y decidido a honrar a la dignidad encarnada por el autor y su musa. Es lamentable que el afán de estrujar los huesos en una venta editorial, dedique tan poco tiempo artístico a una de las obras testimoniales más importantes de los últimos años.
Este es un libro tierno, por la intimidad de la amistad entre Gladys y Pedro. Los relatos son muy honestos, livianos y cálidos: dan ganas de escribir así sobre los propios amigos. La figura siempre heroica de la destacada comunista es el pilar sobre el que Lemebel reflexiona acerca del Partido, el pueblo y la izquierda contemporánea. En singular, sí, con esperanza. Desconozco las versiones originales de estos textos, pero el delicado hilo cronológico que los conecta parece obra de un agudo proceso de edición y curatoría. No me queda más que calificar esta antología con la máxima puntuación; no hay letras que disfrute más que las de Lemebel.
"Gritaré tu nombre demasiado fuerte, para que no se note mi voz trizada llamándote en la ausencia. Gritaré tu nombre, Gladita, y tragaré mil lágrimas tratando de acunar la pena en el tibio recodo del corazón"
hay algo muy bonito en conocer a alguien a través de la mirada de otro, sobre todo cuando es una visión con tanta ternura. y qué emocionante leer esto por estas fechas!
yo era muy niña cuando gladys partió, siento que con esto recién empiezo a dimensionar la magnitud de su figura.
la escritura de lemebel es ágil y punzante y es bien interesante verla contrastada con las palabras de gladys, que para mí fueron insospechadamente líricas.
me cayeron lágrimas sobre todo al final y me quedé pensando en la falta que nos hace alguien como ella, la pena que me da que cada vez se vaya perdiendo más el arte de la oratoria y lo aun más triste que es ver cómo están las cosas ahora mismo.
pero intentaré quedarme con esta frase: “Deseo que nos vaya bien a la gente de trabajo, a la gente de izquierda, y que tengamos alegría y confianza y que nos pongamos de pie y no le pidamos permiso a nadie en este mundo.”
Siguiendo la línea de buscar abrigo en la literatura, este compilado de textos que escribe Pedro a Gladys es un abrazo a la sensibilidad, el compañerismo, la ternura, el afecto. Una caricia que refleja la personalidad y convicción de dos seres que dan pauta -ayer, hoy y por harto tiempo más- sobre cómo enfrentar las condiciones de un país delirante.
Breve y sútil, delicado, me removió completa; cada página es un destello rojo y marica que ilumina el cielo de posibilidad de transformación social en este delgado trozo de tierra.
Siempre es hermoso volver a Pedro, este libro me llegó de regalo de cumpleaños, me lo trajo mi papá, quien también me presentó a Lemebel. Este libro quizás no es el mejor, pero es maravilloso recordar a la Gladys a través de sus ojos tiernos y furiosos, son un ejemplo de amor incondicional, con sus fuerzas puesta en el cambio. Leer este libro me recuerda que han sidos tantos los que han dejado sus vida luchando por un país justo, que por honor a ellxs, y por les que vienen, no podemos soltar la utopía, la posibilidad de soñar con un país más humano, con un territorio libre de tanta violencia, nos hace falta tanta ternura.
La frase que guardo: "Esto parece una carta de amor, y también lo es; tú sabías, Gladys, que yo no tengo amigos, solo amores".
Aunque breve, Mi amiga Gladys se convirtió en una lectura significativa para esta pequeña, pero no menos importante, sesión del club. Sin anticiparlo, llegó en plena época electoral, y leer sobre una figura como Gladys, con la fuerza y convicción de sus palabras y acciones, nos conmovió en estos tiempos que pueden sentirse un poco desesperanzadores.
En este libro, Lemebel nos habla sobre su entrañable amistad con Gladys Marín, histórica dirigente comunista chilena, y lo hace desde un lugar muy íntimo. A través de recuerdos, encuentros, crónicas y relatos cargados de afecto, humor y memoria, Pedro reconstruye la figura de Gladys no solo como líder política, sino también como una persona magnética, una amiga luminosa, combativa y humana, permitiéndonos verla desde un lugar más cercano y vivo.
Uno de los aspectos que más destacamos fue la amistad entre Pedro y Gladys, su "Gladucha", como él la llamaba. Esa amistad intensa, atravesada también por la política, mostraba un vínculo profundo y afectuoso que se transmitía en cada página. Nos hizo pensar en lo raro y hermoso que es encontrar amistades tan significativas en la adultez, y en lo lindo que sería que alguien pudiera hablar de nosotras con tanta ternura y admiración.
La prosa de Lemebel, tan chilena y tan propia, resultó al inicio un desafío para algunas personas, pero terminó atrapando. Hubo quienes comentaron que esa forma de hablar ya no se escucha, que pertenece a otra época, y justamente por eso también se sintió auténtica y nostálgica.
Para la mayoría, Gladys era una figura conocida solo desde generalidades. Descubrirla desde la mirada íntima de Lemebel, no solo como una importante figura política de la época sino como amiga, fue revelador. Además, leer una crónica después de tanta ficción nos resultó refrescante y aportó un nuevo aire a nuestras lecturas.
En conjunto, sentimos que Mi amiga Gladys logra un gran equilibrio entre memoria, política, humor y amor profundo. Eso nos permitió acercarnos a la figura de Gladys desde un lugar más humano y, al mismo tiempo, disfrutar de la voz, para algunas nueva y para otras ya familiar, inconfundible de Lemebel.
"Íbamos por la calle, y la calle vitoreaba de besos tu paso, bella mía. Íbamos por la ciudad, y la ciudad era el resplandor amaranto de tu consecuencia".
Qué suerte la de Pedro por tener a una Gladys, y qué suerte la de Gladys por tener un amigo que no tiene amigos, solo amores. Que te escriba así, que te hable así. Tan bonito, tan preciosito.
Acabo de terminar este libro y me pesa el alma, la figura de Gladys Marín es parte de nuestro inconsciente colectivo, yo no la conocí, era demasiado pequeña para recordar su mitica figura, pero cuando la mencioné a mi mamá, sus ojos brillaron como nunca, me dijo que fue "la única que representaba el pueblo", nunca la había escuchado hablar del pasado, de los años de transición a la democracia, de cuando yo era un bebé y ella trabajaba el doble para manterme como madre soltera, recien estrenada en la clase media con su titulo de enfermeria sacado a sangre, sudor y lagrimas, con plata que no era suya y con una suerte infinita concedida por el destino, la única que salio de la toma con un título profesional.
Cuando mi mamá me habló de Gladys Marin, veia en sus ojos esperanza y dolor, recordaba su infancia de suelos de tierra, y camas de lana, de hija de nana, de niña proleta ayudante de la imprenta, la vi recordando su doloroso andar y como cuando mencionaba a Gladys se sentía orgullosa de su camino por la vida. Sentía que su vida era de verdad, se reconocía en los discursos fervientes, en el sueño por la igualdad.
Este libro me hizo llorar, ver como perdimos a una persona tan bella, siento que Lemebel no pudo terminar este libro porque no podía despedirse de su niña, de su mejor amiga y confidente, de su amor a primera vista. Leo sus aventuras y el corazón se me estruja y revolotea en mi el sentimiento de que las cosas no pueden quedar asi, que el cambio empieza por nosotrxs. Me veo a mi y a mi mejor amiga en nuestras travesuras, en nuestras diferencias y chistes internos, me reconozco en esta amistad mitica, y lloro, lloro porque sé que se amaron con profundidad y amaron un sueño que todavía aparece en los corazones rojos de las personas.
“Gritaré tu nombre demasiado fuerte, para que no se note mi voz trizada llamándote en la ausencia. Gritaré tu nombre, Gladita, y tragaré mil lágrimas tratando de acunar la pena en el tibio recodo del corazón.” <3
tengo pena Pedrito. también tengo miedo, rabia y mucho cariño aquí Gladys.
necesitamos que las calles se vuelvan a llenar de claveles bien rojos y se recuerde, se recuerde, se recuerde todo, para poder hacerle honor a tus batallas, y a tus fiestas, y a tus palabras.
Se me hizo demasiado corto, siento que ha pesar de que realiza un buen repaso sobre la marca que dejó Gladys a nivel político, me hubiese gustado alguna otra historia más personal entre ambos, o quizás solo quería seguir leyendo. A pesar de eso es un relato emotivo de una amistad sincera, pura y sencilla. Es hermoso poder leer la pasión y admiración con la que Pedro habla de Gladys. Un honor.
"Jamás me arrepentiré de haberla elegido, mi corazón no es un libro abierto." "Un amor batallante, un amor de improviso, como un pájaro rojo que entra sin permiso a por la ventana entreabierta del corazón." "Gritaré tu nombre demasiado fuerte, para que no se note mi voz trizada llamándote en la ausencia." "Esto parece una carta de amor, y también lo es; tú sabías, Gladys, que yo no tengo amigos, solo amores."
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Lo amé demasiado, la verdad es que no conozco mucho sobre Gladys Marin, tengo unos recuerdos muy vagos de ella porque yo era muy chica cuando salía en la TV. Siento que quedé con ganas de mucho más, me encantó la complicidad que había entre Lemebel y Marin, espero encontrar una amistad así en la vida.
que lindo como escribe Lemebel sobre la pena, el duelo, el amor, la rabia y la decepción de ser chileno en este país tan lindo pero tan de mierda al mismo tiempo. relevante en el 2025 como a comienzos de los 2000. se siente en las palabras el compañerismo, el amor y la admiración que se tenían mutuamente.
me emocioné mucho leyendo este libro, fue muy intenso a pesar de lo corto.
un libro cortito, fresco y dulce. qué bonito es encontrar una amistad tejida con tanta admiración, lealtad y devoción.
lemebel tiene un talento brutal para las palabras, capaz de llenar cada espacio con su cariño y su mirada. leerlo en esta época fue, sin duda, una decisión sabia.
Hay que luchar y seguir luchando, aunque en eso se nos vaya la vida. Recomiendo esta lectura a todos, sobretodo a niñas y mujeres, sobretodo en estos tiempos. ❤️🩹