«Las palabras son solo palabras. Por mucho que duelan.... son solo palabras».
Hace muchísimo no leía a Laura Gallego y quería ver qué tal le salía el tema de la fantasía urbana en Cuando Me Veas y, si bien el libro tiene una trama original y con mensajes bastante fuertes, hubo algunos puntos que me causaron un gran conflicto.
La historia se centra en Valentina, una chica cuya madre es Colombiana y ya lleva varios años viviendo en un barrio latino de Madrid. Desde pequeña, a Valentina no le ha ido muy bien con eso de hacer amigos, pues es muy tímida y siente que no encaja ni aquí ni allá. Todo empieza a cambiar para ella el día en que Adrián Herrera, un chico de su instituto, parece haberse suicidado. Eventualmente, y tratando de escapar de una situación de acoso, Valentina descubre que puede volverse invisible a voluntad. Con su recién descubierto superpoder, Valentina va a empezar a asustar a los matones de su colegio e, incluso, a las personas que hacen de su barrio un lugar bastante peligroso. Lo que Valentina no sabe es que pronto se va a ver involucrada en problemas de pandillas, drogas y agresiones físicas.
Cuando Me Veas es un libro que mantiene un muy buen ritmo y tiene personajes tanto entrañables como detestables. Como protagonista, Tina es una niña que pasa sin mucha pena ni gloria, pues, a pesar de tener un superpoder, sigue teniendo un carácter bastante débil y enamoradizo.
Ahora, hay dos personajes que sí me gustaron un montón y fueron Salima y Rodrigo. Salima es la mejor amiga de Tina y es musulmana, pero ello no le impide hacer absolutamente nada. Es más, adoré su sarcasmo, su sentido del humor y sus guerras de respuestas sagaces con todas las personas que intentaban meterse con ella. Salima es, definitivamente, una chica tenaz.
Rodrigo, por otra parte, es el hermano de Adrián y, desde la muerte de su hermano, ha dedicado todo su tiempo libre a investigar e intentar probar que no fue un suicidio sino un asesinato instigado por una de las pandillas. Adoré a este chico, de verdad. Siempre sigue sus instintos y, si bien esconde sus sentimientos detrás de un muro para que nada lo afecte, se nota que tiene un gran corazón.
Además de los pandilleros, que por obvias razones no podía soportar, hubo un personaje que detesté con cada fibra de mi ser: la mamá de Tina. Un ser derrotista, desagradable y abusivo. ¿Quién quiere una madre que le diga todo el tiempo lo poco que vale, lo tonta que es y lo poco que confía en ella? La madre de Tina es una mujer que nunca logró superar que su matrimonio no funcionara, que su vida no fuera como lo esperaba y que está estancada, así que se desquita con su hija. Y no hay un momento mejor en el libro que cuando Tina finalmente se enfrenta a ese monstruo de madre que tiene con los dos pies bien plantados en el piso.
Antes de hablar de los temas que me causaron un gran conflicto en el libro, diré que Cuando Me Veas tiene un muy buen final. Inesperado y que ata todos los cabos que se habían dejado sueltos con el pasar de las páginas. De hecho, me atrevo a especular que Laura Gallego deja únicamente uno abierto para tener la posibilidad de continuar en este mundo en el que los superpoderes son algo real.
Ahora, los conflictos.
Mientras se iba desarrollando la trama de las pandillas, la droga, las violaciones y todos los problemas del barrio de Tina, sentía que se estaba estereotipando gravemente el hecho de ser latinoamericano en un país europeo. Todos los clichés y estereotipos posibles sobresalían allí: la marginalidad, la suciedad del barrio, la inseguridad, los robos, las drogas, las peleas, los colores de piel, las jergas, la discriminación religiosa, los alias... Siento, incluso, que había expresiones poco acertadas según el supuesto país de origen de ciertos personajes.
Mi punto aquí es que, si bien la trama e historia de Cuando Me Veas era súper interesante, no pude disfrutarla completamente por estos estereotipos y el tono con el que se narraban. No me sentía atacada, ni mucho menos tomándomelo de manera personal, pero era como una espinita que me picaba durante todo el tiempo que leía el libro. Definitivamente quedé con un sabor un poco amargo tras terminarlo.