Mi perfil de lector es: hombre, sesentón, jubilado, padre de dos hijos.
El tema es muy interesante, pero el libro me ha debajo un sabor de boca mixto.
Lo peor, la enorme cantidad de faltas de ortografía, sintaxis y puntuación en todo el libro (ha sido premiado, así que SE SUPONE que al menos ha pasado por una etapa de revisión; si es así, la culpa es a partes iguales de la editorial y de la autora, que también, por no ser novata y llevar treinta años escribiendo, SE SUPONE que sabe redactar mínimamente bien (pero resulta que no es así; o no llega, por las faltas que ya he dicho, o se pasa de elegiaca y rebuscada cuando quiere describir los paisajes y las sensaciones que siente en Oriente Medio). Hay párrafos enteros que hay que releer con atención, o uno no se entera de lo que quieren decir.
Lo mejor, y lo más interesante, son los comentarios de los jóvenes, chicos y chicas, tanto nacidos en Europa de familias no inmigrantes, como de familias inmigrantes, como jóvenes nacidos y educados en Oriente Medio. A través de ellos conocemos mejor qué los mueve, qué es lo que les identifica con la cultura occidental, qué es lo que rechazan de ella, y cuáles son los argumentos que los empujan a volverse radicales y a unirse a la Yihad, o guerra santa musulmana. Y cómo los reclutan, los entrenan, los mueven como peones sin importancia personal, y cómo ellos se dejan. Chicos de la supuestamente egoísta y atea generación milenial e iPhone, que se identifican del mismo modo con los Pokémon que con la llamada al suicidio con cinturón de explosivos.
Lástima que, al final del libro, que es fascinante en sí por el tema, a pesar de todos los testimonios de los jóvenes, sigo sin saber cómo es posible que chicos y chicas de la edad de mis hijos, con estudios (también superiores; aquí hablamos de estudiantes de secundaria, universitarios y jóvenes profesionales), con muchas inquietudes, con inteligencia y sensibilidad, y evidente preocupación por los problemas sociales y económicos actuales, se dejen lavar el cerebro con teorías e ideas inhumanas y aberrantes, y se conviertan en máquinas de matar.
Si Rodicio hubiera podido analizar esas respuestas y nos hubiera dado una respuesta lógica, le habría dado cuatro estrellas. Y si hubiera estado correctamente escrita y editada, ya habría sido para darle cinco, porque el tema, desgraciadamente, nos afecta a todos, estemos donde estemos en el mundo, tengamos la edad que sea, y seamos hombres, mujeres, académicos, obreros o estudiantes.