En marzo, Valencia arde. El fuego, la pasión y la fiesta se adueñan de la ciudad. Tras la primera mascletá, Mejías y Berta, son citados de forma misteriosa por Gaspar Aparisi, empresario que les propone una búsqueda descabellada: encontrar los restos del único whisky producido en tierras valencianas, hace ya doscientos años. Mejías quiere rechazar el encargo, pero la recompensa es precisamente el dinero que necesita para saldar su deuda con Hacienda… Tras su anterior La Ciudad de la Memoria -saldada con un notable éxito de crítica y lectores-, Santiago Álvarez recupera al memorable detective Mejías, envuelto en esta ocasión en su caso más complejo. La investigación le conducirá al corazón de la fiesta fallera, reflejo de una sociedad que esconde más de lo que muestra. Las raíces del asunto se hunden en el fango del pasado, escenarios sepultados por la culpa, el dolor y el odio. El Jardín de Cartón supone el regreso de Mejías y Berta a una Valencia actual y al mismo tiempo mágica, donde resulta difícil distinguir la frontera entre la realidad y la ficción. Esta nueva aventura obligará a la carismática pareja a enfrentarse con lo peor de sí mismos.
ROSA MONTERO: «Santiago Álvarez tiene un don mágico para crear personajes poderosos, originales, más grandes que la vida».
FERNANDO MARÍAS: "Me gustan las novelas que llamo de carne y sangre: la carne, reluciente y bien a la vista, es aquí la sólida trama de Mejías en la ciudad podrida bajo el sol; pero la sangre, oculta bajo la piel, palpita en forma de misterioso manuscrito, aparentemente ajeno a la historia, que acabará por protagonizarlo todo. Nada existe sin su propio pasado. En especial, las tragedias"
Hay personajes de ficción que llegan más que otros al lector y los motivos son de lo más variopinto. Unos puede ser por la chulería con que actúan; otros por la fragilidad que emanan; otros por la simpatía; por su belleza o hasta por su fealdad. Y así, de manera subjetiva y sin que intervenga para nada el argumento, la trama, y un largo etc. —evidentemente el escritor tiene un tanto por ciento de culpa muy elevada pero también, en muchas ocasiones, es un feeling difícil de explicar ya que simplemente ocurre—, el lector emite un juicio casi de manera parcial pero honesto. Y eso fue lo que me ocurrió con Mejías en La ciudad de la memoria. Pero es que ahora debo añadir otro personaje a la colección de “entrañables” y es Berta: la indisciplinada, curiosa, y gordita Berta que en El Jardín de Cartón, cobra mucha más relevancia que en la antecesora aventura.
Empiezan las fiestas en Valencia. La ciudad se convierte en un jardín de cartón a punto de ser devorado por las llamas... http://www.abrirunlibro.com/2016/11/e...
29/03: Llevo la mitad del libro. Pretencioso, machista, gordófobo, lleno de clichés y para colmo, mal escrito.
Reseña completa cuando acabe.
04/04: Acabé. Sostengo mis primeras impresiones e intentaré elaborar un poco más.
La trama podría estar bien. Un misterio, corrupción, nada nuevo bajo el sol, pero si está bien contado, pues mola. No es el caso. La ubicación, Valencia, es distinta. Para mí es especial, ya que soy valenciana.
La ciudad está bien descrita y se nota que el autor le tiene cariño. En cuanto a las fallas, el autor se ha documentado extensamente. Por esto, y porque Goodreads no permite puntuar un libro más bajo, se merece una estrella.
Los personajes son clichés con patas. Vale, vale, es difícil ser original... De acuerdo, lo compro. Pero que al menos sean realistas, o lo parezcan. "Es que la gente es contradictoria y..." Mira, no. Como dijo Mark Twain, la realidad es más extraña que la ficción porque la ficción al menos ha de ser verosímil.
He aquí algunos ejemplos de la falta de verosimilitud:
SPOILERS A PARTIR DE AQUÍ.
-Una dentista que retiene al prota contra su voluntad con "cintas para retener a los niños" (Mañana le preguntaré a mi dentista, pero estoy bastante segura de que esto, además de ilegal, es falso) y que le hace una endodoncia y media limpieza gratis, por... ¿venganza, castigo, para fastidiar? No digo que sea imposible, pero me cuesta bastante creer que una dentista vaya regalando servicios a alguien a quien odia porque patata.
-Una chica-fea-porque-es-gorda (no son mis palabras; en el libro hay varios ejemplos. La llamaremos Berta para abreviar) cae rendida al primer chico mono que le come la oreja. Porque es fea. Porque es gorda. Porque le hace caso, y ella se lo cree. Ni siquiera hace falta haber consumido mucha ficción: hay cientos de ejemplos en el cine y las series para elegir con una trama igualita a esta. Y todos sabemos cómo acaba. Si ya resulta poco creíble, en este libro todavía menos. El autor no nos da diálogo, contexto ni razones para entender por qué Berta, que es bastante inteligente, confía en este sujeto. "Bueno, es que ella se siente vulnerable, y..." No. Esta chica ha sufrido abuso psicológico por parte de su familia, sus vecinos y su jefe durante bastante tiempo, todos dándole la matraca con que es fea y gorda. Una persona así vive alerta, no confía con facilidad. ¿Era posible engañar a Berta? Sí, pero con un par de páginas de desarrollo de personaje. Aunque bueno...
-Prota macho muy macho, pero con asma y poca cosa corporalmente, para que el fulano de a pie pueda sentirse identificado. De los que no sienten, ni lloran, pero tienen mazo de ideales y son muy nobles aunque sean seres tan desagradables que nadie los contrataría ni para saber la hora. Mucho menos para averiguar nada. Y vamos a ponerle una ex, va. El macho muy macho tuvo sentimientos hasta que una mujer cruel le rompió el corazón. Escribir este párrafo ha dolido casi tanto como leer las cuatrocientas páginas de este aspirante a Bogart estúpido, maleducado, sexista, arrogante y mentiroso al que hay que perdonárselo todo porque "es que él es así, duro, feo y formal". Inicialmente lo comparé con los protagonistas más rancios de Pérez-Reverte, pero estos al menos estaban bien escritos y eran creíbles.
En cuanto al estilo, dado que no soy ninguna experta en literatura ni pretendo serlo, mi opinión es muy subjetiva. Y en mi opinión, las descripciones de lugares son extremadamente largas. Las de mujeres jóvenes (y por consiguiente, sexualizables), extremadamente sexualizadas. Si hiciese lo propio con los varones, lo pasaría por alto, pero eso no ocurre. El autor está encantadísimo de haberse conocido y de los "originales" juegos de nombres que se le ocurren. Adán y Eva, las tres Marías... En mi sobrino de 8 años puede ser creativo. En un autor adulto y decente es cutre. Y por si meter una subtrama a lo Romeo y Julieta no fuese suficiente, ¡vamos a añadirle un incesto con descripción gráfica! ¡Yupiiiiiii! Porque NADA nos apetece más que leer descripciones de violaciones. Que sí, que él no crea la historia, sino que "surge de la nada". Vale. Pero la descripción se la podía ahorrar.
Será ficción, y aquí admito que voy a llevar mi reseña demasiado lejos, pero imaginar y describir esas situaciones siempre me ha parecido propio de una mente enferma. Sí, todos sabemos que sucede. No, dejar de hablar de ello no hará que deje de existir. Pero una novela, por muy "noir" o "negra" que sea, tiene como función entretener y sacar a la gente un poco de la realidad en la que vive. Existen los límites del mal gusto.
¿Mi veredicto? Quien quiera leer esta novela, se la merece.