Este libro llegó a mis manos en verano, perdido entre las bajas de la biblioteca en la que estaba. Me llamó la atención que la chica de la portada se pareciera a Emma Chamberlain y que al leer el nombre de la autora fuera un homónimo. Sin más se quedó en mis estantes. Leerlo ha sido un placer, viajar entre la casa familiar, entre fantasmas y cadáveres, vida y muerte. Peculiar, pero recomendadísimo.
"Los gitanos también faenaban, y sus canciones, con un deje de tristeza, se mezclaban con el cielo, que de tan azul parecía gris".
"Son de ellos mismos. Aquí comen y duer-men. Fuera viven y crecen. Los hijos sólo son de una cuando los llevas dentro. Des-pués, al poco de parir, los pierdes".