La lentitud de los bueyes, su primer poemario, lo escribió en Gijón durante la primavera de 1978. Tres años después, en otoño de 1981, escribe en Madrid Memoria de la nieve (Premio Jorge Guillén, 1982), cuando conoció por primera vez todos los lenguajes en que puede expresarse la soledad (son palabras del autor). Estos poemarios no es otra cosa que recuerdo y soledad.
Julio Llamazares was born in Vegamián, a small village in the region of León. At the age of twelve he left the mountain area, attended a boarding school in Madrid and then studied law. Today Llamazares works as a writer, journalist and scriptwriter.
After two poetry volumes which were published under the titles of 'La lentitud de los bueyes' (1979) and 'Memoria de la nieve' (1982), his successful debut as a novel writer came out in 1985 'Luna de lobos'.
Llamazares had his literary breakthrough with the novel 'La lluvia amarilla' in 1988. The novel is about Andrés, an old man who is the last inhabitant of a forsaken village in the Pyrenees. Andrés reminds the former vitality of this place and contemplates about forgetting, death, and loneliness. With the story of the dying village, Llamazares has depicted a concise development of Spanish society in a bribingly direct speech. Hundreds of villages have disappeared in the last decades because the inhabitants have moved to the cities. In the first three years after its publication, 'La lluvia amarilla' was already re-published 15 times.
In the autobiographical novel 'Escenas de cine mudo' (1994), the narrator returns to Olleros, the place of his childhood. After the death of his mother he finds a photo album with old black and white photos. With the help of the yellowed photos he goes back to his past and describes, in loosely connected scenes, his experiences from the view of a child, thus bestowing an insight into the social history of the region.
Llamazares holds a special place in Spanish contemporary literature. He belongs to the few authors who concern themselves with rural Spain, the remote areas and the decline of damned mountain villages. With his unassuming and convincingly told stories of everyday life, he plays a large part in the existence of this world not being forgotten in the general frenzy of modernization.
Llamazares has published collections of stories, such as 'En mitad de ninguna parte' (1981) and chronicles ('El Entierro de Genarin', 1998). Furthermore, he edited an Anthology about the city of Madrid, which came out as 'Los viajeros de Madrid' in 1998. Articles he wrote as a journalist are collected in 'En Babia' (1991) and 'Nadie escucha' (1995). Llamazares’ travel reports about forgotten regions and districts were published as 'El río del ovido' (1990) and 'Trás-os-Montes' (1998). He also wrote filmscripts and extended reportages – among these, one about Berlin. Recently, his novel "El cielo de Madrid" (2005) was published. The author lives in Madrid and León.
He leído la edición de Nørdicalibros con ilustraciones de Leticia Ruifernández. Hago esta aclaración porque creo que el mimo con el que ha tratado la editorial el texto de Julio Llamazares y las imágenes de la ilustradora, son claves para crear el ecosistema óptimo para que los versos del autor desarrollen todo el potencial que encierran. Me gusta la poesía, pero no soy lector asiduo de libros de poesía, sí de poemas sueltos, así que esta revisión, como todas las que hago (para que negarlo), no puede ser referente de nada más allá de mis limitaciones. La lentitud de lo bueyes no es un libro de poemas, es un libro que de un poema capitulado, en concreto, en veinte fragmentos. Cuesta entrar en el tema, saber de que iba la vaina, traducir las imágenes y las metáforas, pero poco a poco, el nudo se va deshaciendo y el lector termina entendiendo hacia donde lo quiere llevar el autor o, al menos, haciendo una interpretación verosímil del texto. El poema de Llamazares nos habla de un problema que nos está corroyendo sin solución, pero que solo es visible para unos cuantos. El de la despoblación del medio rural y el abandono de las labores tradicionales, el de la renuncia a nuestras raíces. Nadie quiere ver pueblos vacíos, campos abandonados, espacios fantasmas, pero todos ponemos nuestro granito de arena para que esto ocurra. Preferimos a nuestros hijos cohabitando con otros en grandes ciudades o en la costa, que con espacios sin limitaciones en pueblos que tienden a convertirse en reservas, en parques temáticos para fines de semana y puentes de guardar. Otro daño colateral más del mundo de las redes y la primacía de lo inmediato. Esta realidad inevitable, para el que renuncia a perder su raíces, produce dolor, soledad, nostalgia... y Julio Llamazares lo refleja con maestría y con algunas imágenes bellísimas en La lentitud de los bueyes, esos que ya es imposible que vuelvan porque se suicidaron en el río. Me ha gustado, me ha gustado mucho.
"Cuando vuelvas a casa, te explicaré el sonido del sol entre los fresnos y el sabor de los panes más antiguos. Te llevaré en silencio hasta un lugar de brezos"
el relato de un pueblo desaparecido, perdido en la nieve y la lluvia oscura; y una voz poética que se desespera por enunciarlo aunque sea un poco, aunque sea pura memoria que desaparecerá cuando terminemos la lectura. me hace sollozar. qué miedo tan grande pensar que los lugares amados pueden quedar sepultaditos todos.
No soy buena lectora de poesía. Me sobrepasa, me cuesta concentrarme en ella y donde todo el mundo encuentra consuelo, belleza y sentimiento yo me encuentro batallando con las palabras, los renglones y las estrofas intentando encontrar un sentido, un sentimiento. Para mí, leer poesía es enfrentarme a un idioma del que conozco las palabras pero con el que no consigo comunicarme.
Memoria de la nieve de Julio Llamazares pululaba por las mesas de una sala que tenemos en mi trabajo en la que hay muchísimos más libros. Es un ejemplar precioso, en una edición maravillosa de Nórdica, y tras meses viéndolo ahí decidí traérmelo a casa y leerlo. La memoria de la nieve es un poemario publicado originalmente en 1982 que en 2019 Nórdica sacó en esta edición, con ilustraciones de Adolfo Serra, por empeño del fundador de la editorial. Lo he leído poco a poco, un par de poemas cada noche, antes de quedarme dormida. ¿Los he entendido todos? No lo sé. Lo que a mí me han contado estos poemas es el paso del tiempo, como lo que creemos que estará siempre desaparecerá casi sin que nos demos cuenta. El tiempo pasa y borra lo que había, lo que somos nosotros, lo que imaginábamos. Además, todo en este poemario huele a invierno, a viento frío, a nieve y crujir de pisadas, a briznas asomando bajo la capa de hielo y a ramas desnudas. Quizás me ha gustado porque el invierno es mi estación. Las ilustraciones de Serra merecen comentario aparte porque son maravillosas y encajan perfectamente con los poemas y con el tono. Un libro precioso.
«Todo lo que aprendí de quien nunca fue amado: la nieve y el silencio
y el grito de los bosques cuando muere el verano.
O aquella canción celta que Kerstin me cantaba:
¿Quién puede navegar sin velas? ¿Quién puede remar sin remos? ¿Quién puede despedirse de su amor sin llorar?
Pero ahora ya la nieve sustenta mi memoria. Y el silencio se espesa
tras los bosques doloridod y profundos del invierno.
Por eso puedo navegar sin velas. Por eso puedo remar sin remos.
Julio Llamazares escribe para señores viejóvenes intensos con palabras cargadas de sentimiento y significado, repitiendo lo mismo una y otra vez. Y yo debo de ser un señor viejoven intenso porque a mí me gusta mucho este tío.
Este libro en concreto se lo compró mi padre el 3 de enero de 1986, y lo único que me gustaría es poder verlo, con su jersey liso de algún color aburrido, sus gafas de pasta y de culo de botella porque estaba igual de ciego que yo ahora, su pelo rizado y de todo menos corto, comprando libros en Navidad, pensando en los bueyes y en la nieve en el albor de un nuevo año en Oviedo. Ah, y pensando en hacer su tesis. Cosa que debería estar haciendo yo ahora mismo.
La primera vez que lo tuve en las manos fue un flechazo absoluto. La edición de Nørdica, el título, las ilustraciones y que lo firma Llamazares. Todo esto se pasó cuando descubrí que era poesía. Mi cerebro no está preparado para procesar la poesía. Desconecto en la segunda palabra que leo. Divago y no entiendo nada. Dos veces más lo tuve en mis manos y dos veces más volví a dejarlo. Al final llegó a mi regalado, como no podía ser de otra manera. Acabo de terminarlo y mi cerebro sigue sin procesar poesía, pero ha sido un viaje a mi estación preferida, al silencio, al vacío, a la soledad y un lujo para la vista firmado por Serra.
Escogí este libro casi al azar, simplemente tenía ganas de leer algo de poesía, y me llevé una grata sorpresa. Las imágenes que el autor plantea del norte y su mitología son vívidas y nostálgicas, fascinantes y melancólicas. Y las ilustraciones son preciosas.
"Inútil es volver a los lugares olvidados y perdidos, a los paisajes y símbolos sin dueño. No hay allí ya liturgias milenarias. Ni aceite fermentado en ánforas de barro. Los ancianos han muerto. Los animales vagan bajo la lluvia negra. No hay allí sino la lenta elipsis del río de los muertos."
Es desgarrador que este poemario exista, el intento en vano de preservar un pueblo abandonado — con todas sus gentes y sus historias —, que la naturaleza acabará devorando inevitablemente, como si nunca hubiera sido habitado. También es admirable que este poemario exista, que alguien haya logrado contar de una forma tan bella cómo ha vivido la pérdida de algo irrecuperable, para que al menos su memoria perdure, aunque sea por poco tiempo. Qué tristeza y qué valor.
No es la mejor poesía, no es el mejor libro, pero tengo debilidad por los temas que aborda Julio Llamazares: la memoria, el mundo rural, la muerte de un modo de vida antiguo y más sano que los que tenemos ahora, la desaparición de los seres más queridos... Y qué delicia las ilustraciones, son a cuál más preciosa. "Amasar la memoria es bondad de alfareros"
Solo he leído Memoria de la nieve, la edición que tiene Nórdica. Estos poemas de Llamazares me han llegado al alma. Llamazares dice que la memoria es como las huellas que dejamos en nieve: se van deshaciendo hasta desaparecer. Escribir es salvar esa memoria, fijarla con palabras en un papel.
Esta poesía habla de esa memoria que se pierde con cada hoguera que se apaga y cada casa que se cierra en el campo. Los ecos de pérdida y abandono de un mundo ancestral son profundos en la poesía de Llamazares. Toda ella gira en torno a la idea de la nieve y el invierno de la tradición y crea imágenes difíciles de olvidar.
Recomiendo mucho leer a Llamazares, es un escritor enorme y esta poesía es buena prueba de ello.
Memoria de la nieve es una obra de Julio Llamazares que se inscribe dentro de su literatura marcada por la evocación, la pérdida y la memoria. En este libro, el autor construye un relato profundamente poético en el que la nieve se convierte en un símbolo central del olvido, del silencio y del paso inexorable del tiempo. La obra es muy lírica y las ilustraciones muy acordes pero mi cabeza no da para la poesía, pero aún así lo intento.
No lo noto más alto porque mi cabeza es muy dura y no le entra la poesía.
Versos increíbles, el autor es un verdadero romántico en su sentido literal. «Si apoyase mis preguntas en tus hombros, te desmoronarías como una estatua de sal.» ese verso ma' matao'. El poema 10 de «Memoria de la nieve» me ha encantado, para mí el mejor del libro o al menos el que más me ha transmitido.
Breve poemario compuesto por dos composiciones, ambas en verso blanco y con una temática común basada en la añoranza de un pasado épico mejor. Lectura agradable y sincera en la que se observan con facilidad varios lugares comunes y metáforas que gustan mucho al escritor. Agradable en su brevedad.
Una sensibilidad melancólica incapaz de dejar indiferente a quien está al otro lado de las palabras que resulta conmovedora proviniendo de un autor tan joven todavía en ese tiempo.
Una edición muy bonita, fruto de la combinación de ilustraciones de Adolfo Serra (preciosas) y los poemas de Julio Llamazares. Aunque no me ha impactado, sí reconozco que ha despertado en mí sensaciones diferentes. Me he trasladado a un tiempo pasado y lejano, sintiendo el corazón dolido por la soledad y el cuerpo entumecido por el frío.
Hace ya mucho tiempo que camino hacia el norte, entre zarzas quemadas y pájaros de nieve. Hace ya mucho tiempo que camino hacia el norte como un viajero gris perdido entre la niebla.