Novela, memorias, retrato de época, microensayo, crónica social, diario íntimo, registro científico, desnudo, crítica, mapa: de la magistral mixtura de géneros a las fronteras entre Plaza Miserere y Barrio Norte, o a los parecidos entre Emilio, el mozo que le alcanza la cartera cuando tropieza hacia la vereda, y Georges, el barman del Ritz que ante Hemingway ignora a Scott Fitzgerald. Biberón de gauchos, borrachera de la indiada, santo de la bohemia, el alcohol que su madre doctora en Química tiñe mágicamente de rojo para alegría infantil se vuelve presagio: cuando la niña crece, su cuerpo pierde sangre y exuda whisky.
María Moreno es narradora y crítica cultural. Se inició como periodista en el diario La Opinión y en 1983 fundó la revista Alfonsina. Fue secretaria de redacción del diario Tiempo Argentino en el área de vida cotidiana y colaboró en el diario Sur y en las revistas Babel y Fin de Siglo. Es autora de la novela El affaire Skeffington (1992) y de los ensayos El petiso orejudo (1994), A tontas y a locas (2001), El fin del sexo y otras mentiras (2002) y Vida de vivos (2005).
No sé si será "el libro del año" porque no los he leído todos (¿quién podría?), pero es difícil imaginar algo mejor. La prosa de María Moreno, entre el ensayo, la autobiografía y la (presumible) ficción mejora de página en página. Se lee como una novela policial en que el asesino y la víctima son el autor.
Un libro deslumbrante. Toda la literatura argentina está en Black Out, por eso trasciende hacia la literatura universal. No se trata sólo de una autobiografía etílica, elegíaca, encandilada de una de las voces más potentes de la narrativa actual, sino que el compendio sintetiza el pasado, el presente y el futuro de las letras desde este lupanar maravilloso que es la cultura rioplatense. El alcohol, la amistad, la política, la sexualidad, la muerte, todo es un apagón. Cada tema está elaborado musicalmente, como un contrapunto entre el recuerdo, el olvido y la ficción. El nacimiento de la literatura argentina ocurre en cada página de Black Out, lo mismo que su muerte. Pienso que se trata de un libro en movimiento, un ser vivo que vive por la literatura, que deja en claro que sólo en la literatura se puede sobrevivir. Creo que Black Out es una nueva fundación mítica de la literatura argentina, una obra de arte fundamental.
Primer acercamiento a Moreno: muy buena pluma. Mi problema con el libro está en su heterogeneidad que no logra crear una coherencia más allá que el copete. La variación en la calidad de los textos también es mucha: hay cumbres y otras cosas que de verdad parecen un relleno demasiado innecesario, a veces repetitivo también. Pero sí o sí quiero leer más de ella.
«Dios mío. ¿Quién dijo que escribir sublima o consuela? Lo que hace es escarbar.»
A través de un original sistema*, la autora nos toma de la mano y nos hace de guía en este viaje etílico y cultural. Sin miedo a escarbar en sus experiencias personales, María Moreno las pasa por el filtro de la ficción y nos entrega un producto que es perfecto por donde se lo mire. No solo se trata de un libro inteligente, de prosa impecable, en el que abundan las referencias culturales y donde la autora mezcla audazmente sus vivencias de alcohólica consumada con semblanzas de personajes de la literatura nacional, sino que, además, tiene el mérito de poder leerse, gracias en parte a su tono nostálgico, como una buena charla de café.
Totalmente recomendable.
* El libro está dividido en tres partes que se repiten y corresponden, según explica al final, a un orden diferente: La pasarela del alcohol, al retrato; Del otro lado de la puerta vaivén, al microensayo; y Ronda, al del territorio.
Libro interesante e inclasificable. Oscila entre el ensayo y la crónica, entre la anécdota y la narración, entre el retrato de época y el relato autobiográfico. Inteligentemente montado a partir de textos nuevos y otros reciclados que ya habían aparecido en otros lados, Black Out puede leerse en forma salteada y fragmentaria, como cualquier libro de crónicas, o en forma lineal como una novela autobiográfica. Está muy bien escrito, porque María Moreno escribe realmente bien, y uno puede perderse en sus páginas en donde desfilan anécdotas, fragmentos de diarios, retratos de época, pequeños relatos autobiográficos, semblanzas de algunos personajes extintos de la literatura (Claudio Uriarte, C.E. Feiling, Miguel Briante, Norberto Soares, Jorge Di Paola), y el alcohol, los bares y la noche siempre presentes, tocando los textos con referencias tangenciales o bien atravesando directamente las tramas. Supongo que por eso el libro fue leído como autobiografía etílica, pero hay mucho más que eso. Probablemente cierta crítica cultural haya sido demasiado entusiasta en las apologías de Black Out, haberlo señalado como libro del año es algo exagerado, hay libros mejores, mucho mejores de Moreno, pero este también es interesantey sirve para conocer un poco más sobre parte de esa generación literaria de los tardíos 60' y tempranos 70'. Recomendable.
Caí en la tentación (nuevamente) de leer un libro hiper recomendado en varias plataformas y redes sociales. Me costó engancharme, aunque los detalles de la prosa son muy buenos. Siento que es un libro que leí en el momento incorrecto y que si algún día lo vuelvo a leer será distinta mi idea. No terminé de seguir el hilo, aunque su historia (de amor?) está bien reflejada. Quizás ahora leo otros análisis y lo aprecio un poco más, pero mientras tanto...
¡Qué lujo la prosa de Moreno! Hay veces que uno lee ciertas obras literarias y dice: Yo bien podría haber escrito esto; con Moreno, por el contrario, me surge la pregunta: ¿cómo diablos hace esta mujer para escribir así?Black out es una obra que se presenta como novela, pero que es mucho más, y que obtiene su potencia única en esa hibridación de géneros, del ser y no ser, al mismo tiempo, autobiografía, crónica social, retrato, ensayo, ficción. La narración, que recupera episodios de la vida de la protagonista y sus relaciones con miembros de una bohemia de escritores que frecuentan bares porteños, está enfocada en un tópico central que la organiza y la estructura: el alcohol. Es un relato de iniciación en el alcoholismo y la literatura, una narración del propio cuerpo extasiado y desgarrado por sus efectos, un rastreo de la presencia del líquido embriagador en los textos fundantes de la tradición literaria argentina (alcoholismo y barbarie), un mapeo del territorio del encuentro entre el exceso del alcohol, que lleva al black out, y de los excesos de una lengua y una literatura que convergen en la memoria; es el testimonio de una sobreviviente.
Nunca pude conectar demasiado. Son textos interesantes pero parecen desconectados entre sí y eso me terminó por matar la pasión. Tal vez ando en búsqueda de vincularme con lo que leo.
A momentos un poco sórdido, otros divertido. Me causa algo raro el que cuenta sus aventuras con el alcohol, pero no entiendo la postura, como que no le importa el patetismo y a veces es demasiado. Esa imagen de ella ladrándole a un perro me da cosa.
La verdad me cayo pésimo toda la primera parte de este libro, tiene un toque pretencioso en su manera de escribir, hacia el final eso no me molestó tanto, igual lo bajó. Parece que sus ensayos son una maravilla.
Las errancias resultadas de una noche en el bar o una manana de resaca. Las reflexiones en torno a una generación y un país. La introspección en lo familiar. Ese rascar la costra del yo para dejar la herida abierta y lavarla con alcohol. Este libro es crónica, ensayo personal, diario, retrato, todo.
ya se ha dicho casi todo de este libro: la camaradería de la amistad y el alcohol, los retratos de hermosos perdedores, etc, por lo que me voy a detener en otro punto. no es un punto flojo (ahí están: cuatro estrellitas), sino apenas un comentario sobre la "mixtura de géneros" a la que alude la contratapa, y sobre el libro q no es y q me hubiera gustado q sea. creo q el éxito editorial de black out está dado por motivos q hacen más al uso de ropajes en boga, como la crónica, los perfiles y la literatura del yo, que a lo más singular que tiene, que es ese "entre nos" que se juega en su contenido. porque claro, razonablemente, a cuántos les pueden decir algo los nombres de uriarte, soares, feiling, di paola? otra es pensar q los géneros de moda le sirven de caballo de troya a nombres q ojalá comiencen a funcionar como algo más q contraseñas. en cualquier caso, lo mejor está en lo otro, en esos pasajes donde se oscurece el sentido, se pierde el referente, se rebalsa el dique.
Me costó mucho leerlo, es un libro denso de estructura un poco complicada, la prosa de María Moreno es difusa como un vaso de agua turbia. Aun así, se devela su esencia, que habla de salas de redacción, de bares con escritores, de la menstruación convertida en enfermedad, del padre muerto, del origen pobre, del deseo satisfecho en el alcohol. Tiene frases bellas, siempre las hay. La última que subrayé: "A mí me gustaría la amistad con alguien que me completara la melodía sin interrumpir mi soledad". Antes había leído "Teoría de la noche" y me pareció una escritura más clara. Me sucedió en Black out que encontré pasajes que ya había leído en Teoría de la noche, como esa frase que amo y que resume el paralelo que existe entre la macropolítica y la micropolítica: "La democracia es el gobierno del cuerpo". ¿Y qué es el cuerpo sino el pueblo? ¿Qué es la voluntad política sino la expresión del deseo individual? Bello, bello, bello. Pero difícil de leer, al menos para mí.
Hay que tener carácter para leer a María. Es un libro muy específico que requiere paciencia, atención y una especie de reverencia por la autora y sus episodios.
Creo qué hay partes muy largas y confusas que se le pierden a uno si no está completamente atento y que de pronto a mitad del camino uno se pregunta qué tienen que hacer en esta parte o cómo se relacionan con lo otro.
Las partes más interesantes para mi son sobre su padre y su adolescencia y el alcohol. Creo qué hay una desfachatez allí que se extraña. No es la voz de una mártir ni de una Evangelista de la sobriedad, hay una forma de contestación dentro de su absoluta honestidad, incluso destellos de un humor ligado al carácter que en esta era del bienestar, el buenismo y la congruencia pura, se extraña.
solo se tiene nostalgia de lo que no se ha vivido. no sé si es un libro que hubiera leído si no fuera por mi taller de crónica. me gustó. tiene algo que me abrió una posibilidad de escritura en la cabeza.
María Moreno escribe muy bien y la primera parte del libro trata sobre el alcoholismo. Muy interesante y revelador (al menos para los ignaros como uno). Pero luego el libro pasa a relatar la vida social de un grupo que creo que serían los periodistas intelectuales de la intelligentsia o de la redacción de Página 12. Como sea, cuenta de todos ellos como si el lector los conociera o debiera conocerlos; y este lector no los conoce así que se aburre porque no entiende ninguna alusión. María Moreno escribe muy bien, como escriben los buenos periodista de crónicas; pero aún los mejores escriben para el olvido; todas sus gracias están puestas al servicio de una hoja hecha para envolver pescados, y lo mismo pasó -creo yo- con este libro. Seguramente los pertenecientes al mundillo donde tanto bebió María Moreno habrán de apreciar este libro, y quizás fue escrito para ellos.
No me enganchó nada. En parte creo que el desconocimiento en la carrera literaria de Moreno hizo que no pudiera sentir interés en la serie de relatos de corte autobiográfico que se presentan en este libro.
Compré este libro por impulso, por intuición, leí la contratapa y pensé que sería el tipo de relato que podría gustarme (historias cruzadas por el alcohol, ambientes miserables y precariedad en general). Todos esos elementos estaban contenidos en la obra, pero sentí además un halo pretencioso que no me gustó.
En favor del libro sí puedo decir que se lee rápido, uno comienza y es fácil avanzar, está bien escrito y el espaciado hace que uno pase rápido de páginas. Pero nada de eso fue suficiente para captar mi interés.
Lo que más quiero destacar de esta lectura es la incomodidad que me generó y aunque parezca que eso siempre significa rechazo en realidad se trata de una inquietud, una curiosidad que me hizo seguir leyendo y me fue llevando por distintos escenarios donde el alcohol, la literatura argentina, los duelos, los amores y amistades perdidas se traducen en las amarguras y los placeres de la vida y de la lectura.
Un monumento a la nostalgia. Una narradora múltiple que te muestra el mundo de noche como una nictálope. Moreno hace que lo personal sea tuyo. Imprescindible.
Nunca había leído a ninguna mujer con esta voz. La voz ronca de quien ha pasado tanto tiempo observando a los demás mientras le da un trago a su bebida. A ratos podía alcanzar a ver la forma en la que esa mirada bajaba hasta dentro de sí misma, un soliloquio dominado por años, que no se ejercita únicamente con la soledad o la introspección. Hay, eso sí, una pasión por decir las cosas de tal manera que resulten verosímiles y encarnizadas para una misma. Quizá es el deseo de transitar con los ojos abiertos y la mente fría el largo camino del duelo por el alcohol. Un viejo amigo al que no es necesario irle a llorar a su tumba. Y también el duelo por el padre, porque quiénes son sino los hombres los que nos heredan la borrachera. Así mi padre, por ejemplo. María Moreno nos muestra a sus familiares, a veces los increpa. Nos arroja personajes que desconocemos pero que nos intrigan por la manera en la que ella nos los presenta. Su sentido del humor le da el contra peso perfecto a aquellas escenas, revelaciones o confesiones que pueden resultar insoportables por su capacidad de confrontamiento. Me salté algunas partes de los personajes que no me importaban pero leí y releí en voz alta todas las secciones donde hablaba de sí misma.
Había intentado leer este libro antes, antes de la pandemia, antes del diagnóstico de vértigo, y no había podido. Se ve que necesitaba la calma del yoga y el vértigo del país para sumergirme en la voluptuosidad de la memoir de Moreno. ¿Es una memoir? ¿Es un libro sobre el alcohol? Borrelli dice que es un libro sobre la literatura. Yo también creo que es un libro sobre esa generación que rompió con todo, que se lanzó a las calles, a los bares, a las camas en busca de lo desconocido. Esa generación que dio todo y más para vivir en un mundo mejor aunque a miles -30 mil, para empezar-les haya costado la vida. Es un libro sobre quienes escriben, pero, también, sobre quienes aman, luchan, eligen la vida como Paco Urondo porque es lo más maravilloso que conocen. Y, también, es un libro sobre alguien que elige darle lugar a la oscuridad de la que hoy tanto rehuimos. Esa oscuridad que a veces nos chupa, nos consume, nos atraviesa, nos destruye en unas resacas sin épica. Leer Black out es enfrentarse a la propia oscuridad y dejarse destruir, pero para eso hay que estar lo suficientemente rotx y enterx como para poder afrontarlo.
En general, me gustó. Se notaba en la selección de crónicas un hilo conductor -el copete-, y además el libro funciona como autobiografía y retrato de otros escritores (quizás, lo que me pareció mejor), que también beben en exceso. Como dije, el trago está aunque a veces es más protagónico y otras veces apenas se lo menciona, cosa que no me complica tanto porque sino se puede definir al libro como mero compilado de crónicas (y aun así no es para nada un imbunche).
De Moreno no me gustaba eso del autoplagio, el leer una crónica ya incluida en otro libro y que ella se jactara con un ingenio challa. Weona floja, me decía. Así que postergaba volver a leerla. Ahora me llamó el asunto del alcoholismo, por motivos personales, y creo que está tratado lo suficiente como para concluir que encontré lo que buscaba.
Su escritura, eso sí, de repente es innecesariamente enrevesada. Esa weá media proustiana de escribir párrafos interminables sin punto. O barroquismos que te exigen concentración por las puras.
Todos aquellos que hemos tenido peligrosos acercamientos al alcohol, que hemos vivido periodos de Incertidumbre por culpa de la bebida logramos identificarnos y conmovernos con la historia de Moreno. El libro, parte biografía, parte ensayo, parte novela no pasa percibida y tras leerlo te pone a pensar en la vida, la amistad, la literatura, la familia, la muerte. Pese a que en algunas partes no pude conectarme debido al desconocimiento de algunos personajes y lugares, es un libro que vale la pena conocer.
La sangre, el sexo, la política y el alcohol inundan este libro tan híbrido como denso, íntimo, periodístico... Paradójicamente, 'Black Out' contiene tantas cosas y en tantas formas que se me hace difícil que abarque un público demasiado amplio. Personalmente, pienso que la escritura de Moreno es valiente pero también peligrosa y repleta de turbiedad: leerla implica meterse en una charquita y no ver nunca el fondo.
Difícil de leer y no conocía a muchos personajes de la literatura Argentina de los años 60’s y 70’s. En época de pandemia nada más apropiado que está, una de las frases de su autografía etílica: “...si colocar alcohol entre el mundo y uno significaba protección y seguridad, yo tomé el mensaje al pie de la letra” María Moreno. “Estaba convencida de que, más que ganar la universidad, las mujeres debían ganar las taberna”. María Moreno.
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