Novela corta ilustrada que presenta una perspectiva en que nuestra sociedad corre el riesgo inminente de caer: una profunda crisis económica y energética bajo nuevas condiciones climáticas, que conllevan un galopante desequilibrio social.
La situación inicial podría corresponder a uno de esos lugares remotos azotados por la miseria, pero poco a poco el lector comprende que el paisaje retratado es el de un posible futuro indeseable en el que nuestro ámbito de comodidad ha cedido lo ganado a la pobreza. Los que pertenecen a la generación más joven en 2016 han llegado ya a la edad adulta o empiezan a envejecer, mientras la tecnología ha continuado su avance pero la energía que la alimenta se ha vuelto tan cara que solo unos pocos privilegiados tienen acceso a ella. No solo los dispositivos electrónicos dormitan inútiles, sino las bombillas, el transporte, el alumbrado público, las bombas que antes subían el agua a las casas: todo ha muerto para la mayoría.
En un Madrid a temperaturas tropicales, con una sociedad quebrada y el estado del bienestar hundido, una mujer retoma el plan de su hijo para robar electricidad que llega a las urbanizaciones de las afueras. Pequeña crónica del golpe, Miguel Martín se detiene en las miserias de un futuro que casi parece sacado de la época posterior a la guerra civil con un estilo heterodoxo. Un narrador omnisciente en un relato en presente donde se entremezclan hechos pasados con los pensamientos de los personajes y unos diálogos que fluyen aseadamente entre alguna que otra torpeza. A destacar su concisión, cómo marca un tono fiel al escenario español donde se desarrolla y el cuidado prestado a la presentación del libro. En especial por esas dobles páginas de comienzo de capítulo en las cuales se incluye una ilustración en tinta china relacionada con el contenido del capítulo.