Desde finales de los años cuarenta el gran escritor peruano Julio Ramón Ribeyro fue dando forma a un diario personal que lo acompañó durante múltiples viajes y estancias en España, Francia, Alemania, Bélgica y Perú. Obra colosal, originariamente no destinada a su publicación, se proyecta como uno de los testimonios más intensos y conmovedores del itinerario vital y creativo de un escritor. Inéditos hasta la fecha en nuestro país, estos diarios que abarcan el periodo 1950-1978 ponen por primera vez al alcance del lector español un paisaje literario fascinante, el que enmarca la vida y la obra de un narrador excepcional. En estas páginas se podrá encontrar a Ribeyro al desnudo, expuesto a los avatares de la cotidianidad, aunque con una asombrosa conciencia artística de su oficio literario. «El diario -dice el propio Ribeyro- se convirtió para mí en una necesidad, en una compañía y en un complemento a mi actividad estrictamente literaria. Más aún, pasó a formar parte de mi actividad literaria, tejiéndose entre mi diario y mi obra de ficción una apretada trama de reflejos y reenvíos.» La tentación del fracaso es una lectura apasionante, una obra imprescindible en la trayectoria de uno de los más notables cuentistas hispanoamericanos y es, sin duda, uno de sus logros más significativos.
Julio Ramón Ribeyro Zúñiga was a Peruvian writer best known for his short stories. He was also successful in other genres: novel, essay, theater, diary and aphorism. In the year of his death, he was awarded the Premio Juan Rulfo de literatura latinoamericana y del Caribe. His work has been translated into numerous languages, including English.
The characters in his stories, often autobiographical and usually written in simple but ironic language, tend to end up with their hopes cruelly dashed. But despite its apparent pessimism, Ribeyro's work is often comic, its humor springing from both the author's sense of irony and the accidents that befall his protagonists. The collective work of his short stories is published under the title La palabra del mudo (The Word of the Mute).
Ribeyro studied literature and law in Universidad Católica in Lima. In 1960 he immigrated to Paris where he worked as a journalist in France Presse and then as cultural advisor and ambassador to UNESCO. He was an avid smoker, as described in his short story ¨Sólo para fumadores¨ (Smokers Only) and he died as a result of his addiction.
Termino febrilmente los Diarios del escritor peruano en la edición conmemorativa del nonagésimo aniversario de su nacimiento 1929-2019, y la sensación final después de conocer a este gran "inteligente desgraciado" es de un profundo abandono.
La ciclotimia, la pobreza y la soledad son sus constantes de vida hasta bien entrado el primer tercio, cuando un vacilante Ribeyro por fin se da cuenta de que su diario íntimo puede interesar no solamente como testimonio sino también como literatura. Es hacia 1960 cuando percibe que la única libertad que existe es la del dinero, abandona toda la hez de la vida nocturna, se hace más calculador, se atreve con apreciaciones políticas y hasta con críticas a sus maestros como Valéry, contemporáneos como Carpentier o amigos como Vargas Llosa. Aún así, el sufrimiento y la duda –"ese signo de inteligencia, pero también la tara más ominosa del carácter"– atraviesan toda la narración.
Hacia la mitad del diario (1965) decide despersonalizarse, relegar las esperiencias inmediatas y los viajes a la zona de lo no escribible y hacer del diario algo más abstracto. Los cigarrillos, el café y el coñac siguen presentes, ahora Ribeyro es padre y un profesional de la literatura pero continúa "amolado". Kafka y Svevo son su familia espiritual, hasta que al final, ya como Delegado de la Unesco, la enfermedad le vence sin saber si como escritor antiépico inclinaría la balanza hacia la permanencia o el olvido luego de un proceso creativo tan embriagador como doloroso.
Como colofón, reproduzco aquí las breves y certeras notas recogidas en el prólogo al cierre de la lectura hecha por Vila-Matas:
"La trama: autocrítica y distanciamiento del yo. Puesta en escena: un viaje desde la introspección a un paisaje metafísico, probablemente sin personajes. Estado de ánimo: aferrado a sus páginas con desesperación, como si formaran parte de su paciencia y le ayudaran a no hundirse. Impresión póstuma: la de un silencio litoral, sin pájaros."
“Querellas con mi gato, por su insaciable apetito y sus meadas”
Dónde y cómo se construye la vocación del arte. O mejor, qué carajos es la vocación del arte. Ah, vivir, vivir como viven quienes respiran salud. Pero no, lo otro, vivir como viven los que se saben enfermos y entienden la muerte como una cercanía inevitable. Los diarios de Ribeyro son, sobre lo demás, los diarios de un hombre enfermo. Enfermo de enfermedad, y el cáncer en el esófago llena páginas con su presencia invisible, con su latido grave que va poniendo ritmo a una vida. Y enfermo también, por qué no, de literatura, de dramatismo, de necesidad de verse bajo el lente de lo épico en lo prosaico. Gran documento este para asistir a los escarceos entre una voluntad de cristal y un mundo de roca. Gran libro este para disfrutar de las dudas de un narrador lúcido y potente. Gran literatura esta, que nos recuerda que la vida es oferta y demanda y magia, y hambre y búsqueda, y un gato que decide orinarse en un sofá recién comprado.
Leí los diarios de Ribeyro en madrugadas tibias donde mi propia tristeza y mi propio fracaso marcaban un contrapunto de vacío en mi jornada. La muerte de mi abuela, sumada a mis miedos trascendentales, no ha hecho sino convencerme de la futilidad de ciertas luchas, de lo vano de ciertos afanes. De ahí que esta tentación del fracaso viniera a susurrarme de cerca, a dejarme caer su canto de sirena directamente en los oídos de la piel. La certeza de Ribeyro está en su sencillez inteligente, en su mirada que lo analiza todo y que no deja de encontrar en sí mismo un perpetuo desconocido, en el reconocimiento de que el cuerpo y el alma son dos materias igualmente amplias y versátiles y que uno lo mejor que puede hacer es intentar ser fiel a ambas: a las lecturas frenéticas de autores franceses, al consumo frenético de cigarrillos, a la búsqueda frenética de un lenguaje y un mensaje que son a la vez como un corazón y un espíritu. Como un motivo para latir. Como un motivo para elevarse.
Amistad, amor, fiesta, lectura, enfermedad, soledad, dudas, todo lo humano pasa por esas páginas editadas y elegidas por su autor. En la edición de su vida Ribeyro procura el equilibrio entre el oficio de escritor y la claridad de vivir errando en el doble sentido de la palabra, la equivocación y la errancia. Sabe, como supo quizás en algún punto Odiseo, que el viaje depende de lo inesperado para ser verdadero y aquí procura dejar apología de su deambular. Asistimos a esta obra como el rey feacio a las narraciones del extranjero desconocido. Asistimos a esta obra como la reina feacia a las hazañas del desconocido a quien regalará ricos vestidos. Y nos da gusto. Nos da gusto porque hay algo tan íntimo en las páginas, tan de revelación, tan honesto en su propio patetismo y en su propio absurdo. El pacto de verdad que nos atrae y nos recuerda que un hombre es todos los hombres, y que más allá de la épica de sus contemporáneos fue Ribeyro en su vida minúscula capaz de cada alegría y cada dolor.
No entren aquí quienes esperen hazañas, ni quienes esperen consejos, ni quienes deseen aprender a escribir o a vivir. Corrector obsesivo de sus obras, los diarios de Ribeyro dejan esa idea de borrador, de vivir en borrador, de crear en borrador, de no sentir nunca que algo termina de concretarse, de intuir en lo acabado las variaciones infinitas de la ruina. En eso hay mucha maravilla. Por eso, sin duda, está entre nuestros mejores narradores.
Éste ha sido mi libro de cabecera por diez largos meses, me ha acompañado en trayectos de buses, taxis y colas en el banco. Ha sido lo último que revisaba antes de dormir y en su interior encontré tantísimas preguntas que se quedaron revoloteando en mi cabeza por semanas.
Este es el diario de Julio Ramón Ribeyro, mi escritor peruano favorito, no hace falta haber leído toda su obra para ver con buenos ojos este libro, sin embargo, si toma un diferente sentido cuando él mismo menciona sus cuentos y recopilaciones y tienes el contexto de la situación en la que se encontraba mientras los escribía, la opinión que le suponían, lo poco orgulloso que se encontraba de algunos de sus grandes éxitos y cómo se carcomía la cabeza pensando en su legado.
Había una urgencia en Ribeyro que comparto, la búsqueda de "la obra distintiva", un proyecto tan bien formulado y que tanto agrade también al público que termine convirtiéndose en un ejemplo perfecto que resume décadas de trabajo y valide la calidad de artista que es uno, al mundo. En este diario conocemos todo lo que Ribeyro nos deja saber de él, habla muy poco del resto, pero se siente uno como un crossover maravilloso cada vez que nos relata la cena que tuvo con Vargas Llosa el fin de semana pasado o la vez en la que se quedó charlando hasta las cuatro de la madrugada con Bryce Echenique, las cartas que comparte con cierta celebridad literaria o la angustia que le genera otra. Si de algo habla Julio en su diario, es sobre la impotencia que le genera ser él mismo, reniega constantemente sobre su falta de voluntad, sus hábitos malignos, su desánimo y su decadencia, a eso se le suma con el tiempo, una enfermedad que le aqueja todas las tardes después del almuerzo, que interrumpe sus horas de lectura, cancela viajes anticipados, oportunidades magníficas, arruina sus vacaciones en más de una ocasión y por si fuera poco, no le deja dormir, mucho menos soñar. Ribeyro se asume víctima de las circunstancias y un capítulo después, se pronuncia como el culpable de cada una de ellas. Es responsable de todas las malas decisiones que le ha tomado y se condena a sí mismo como un "literato menor". No tiene cómo saber si trascenderá, pero en el fondo sí sabe la respuesta y le apena más que ninguna otra cosa en la vida.
Lectura febril de los últimos meses, páginas enteras subrayadas y marcadas para volver a leer ciertos fragmentos. Fascinada con este diario, ya me espera en mi mesilla de noche la colección de cuentos del autor.❤️
Maravillosa lectura de verano. A diferencia de una novela o un cuento, no hay en la lectura ninguna expectativa dramática, qué pasará, qué pasará; sólo el placer de la prosa, fragmento a fragmento. Un diario que atestigua la vocación de un escritor tironeado por la duda sobre su valía, por su disciplina y su dispersión, por su falta de dinero y de contención. Me ha hecho pensar en la fe que hay que tener en el propio proyecto de escritura. Ribeyro es lúcido, observador, inclasificable. Su trabajo con las convenciones del género "diario" es increíble. Conforme pasa el tiempo se vuelve menos ansioso por el amor y el éxito literario. Y se vuelve una prosa más elusiva, descreída, esencial.
Uno de los diarios más emocionantes que he leído últimamente. No conocía para nada a este escritor, pero cuando empecé a leer por casualidad algunas de sus Prosas apátridas, decidí ir a por su Diario propiamente dicho, y hete aquí que es una pequeña joya, además del mejor resumen de una vida: comenzado a escribir en los años cuarenta, destruyó esos primeros años y sólo dejó desde 1950 hasta 1978 (no sé por qué acabó en ese año, pero bueno, sus razones tendría). La verdad es que es un diario irregular, esto hay que dejarlo claro: los mejores momentos se corresponden con la escritura durante los años en que mantiene sus dos grandes amores de "juventud": de 1954 a 1959, con C. y luego de 1957 a 1961, con Mimí. Justamente el amor con esta chica de Antwerpen da lugar a las mejores páginas del diario, y ese 1957 contiene una emoción inigualable. En cambio, cuando se establece definitivamente en París, a partir de 1960, la tensión baja y luego hay años en que apenas escribe, y eso es de lamentar: ¡no sabemos nada de cómo conoce a su mujer y menos de cuando nace su hijo, etc.! Y poco a poco el diario se hace más abstracto y esquivo, de hecho hay un giro, no sé en qué año, tal vez 1962, en que él mismo reconoce que no quiere escribir de nada íntimo..., entonces, el lector se queda un poco desplomado, porque uno se dice: vaya, se acabó lo bueno, y viene el tostón de los pensamientos generalistas... A partir de 1973, con sus dos operaciones (al final resulta ser más grave de lo que él pensaba) comienza la fase de aprensión y casi hipocondríaca, en que teme que no llegará ni siquiera al año 1975..., y más con los antecedentes, pues su padre murió a los 46 de tuberculosis, etc. Curiosamente, es mejor el diario cuando aún está indeciso por su futuro como escritor y sólo ha publicado un par de libros, y en cambio cuando "triunfa" (también como empleado en un organismo como la UNESCO), la emoción decae bastante. A pesar de todo, merece la pena, porque en los tres últimos años vuelve a ser puntilloso y detallista. Hay que leerlo.
En sus diarios, Ribeyro bosqueja su intimidad y desnuda sutilmente sus obsesiones: por el pasado, por la gran obra, por el valor de sus escritos. Entre estas reflexiones se mezclan, con el mismo valor y la misma importancia, sus experiencias en temas como el amor, la desilusión, la amistad y la familia. Ribeyro narra hechos trascendentales de su vida como otros más cotidianos, siendo estos últimos quizás los más importantes, pues son los que perfilan una vida, un carácter.
En sus escritos también encontramos reflexiones que hace sobre el proceso de escritura a través de la lectura de otros autores, de otros diarios, de su propio proceso de creación y de la relectura de sus cuentos. Todo esto acompañado de su sempiterno vicio por los cigarros y el vino y, en los últimos años, por una inclemente enfermedad que desafía día a día su estado de ánimo.
La tentación del fracaso termina siendo el fiel relato de un autor asediado por una constate sensación de insuficiencia, hecho irónicamente injusto, pues en su simple prosa uno puede reconocer y palpar el talento de un autor exquisito.
Libro interminable e inabarcable. Va la primera lectura y volveré sobre él muchas veces más.
La vida de Ribeyro está siempre en la línea entre el éxito y el fracaso. Tantos proyectos, lecturas y textos empezados y tan pocos realizados y terminados.
Su lectura es angustiosa.
Su eterno retorno a Flaubert y Maupassant, su lectura constante de Proust constantan la idea imposible de abarcarlo todo.
Un genio, Ribeyro. Un escritor que vio el abismo dentro de él y aún así continúo escribiendo como podía, lo que podía hasta «reventar».
Diario íntimo de Julio Ramón Ribeyro. En él tendrán lugar apuntes autobiográficos —sus primeros años en Lima, la bohemia de París, la abulia de Amberes— así como pequeñas reflexiones sobre la creación literaria, pesimistas las más de las veces. En el tránsito de lo cotidiano recuerda a “La novela luminosa”, de Levrero, mientras que en lo profundo y existencial evoca al “Libro del desasosiego”, de Pessoa.
Funciona así “La tentación del fracaso” como obra psicoanalítica donde el autor se escruta, se interroga, se lamenta y se condena. Adentrarse en estas páginas, pues —cargadas, cargadísimas de perlas—, es hacerlo en su misma realidad: a través de sus letras discurrirán los amigos, el amor, la procrastinación, los anhelos, la frustración, la culpa, la política, las contradicciones, la lectura (incontables las referencias que da), la nostalgia, la pulsión escritora, la pobreza, la enfermedad. La vida, vaya. Tan cansada. Tan llena de autorreproches.
Sin aliento. Así es como uno termina luego de leer los diarios de Ribeyro. Anonadado por la vida de este genial escritor peruano. Por sus textos transitan sentimientos que nos hacen reflejar frente a un espejo.Sus ideas brillantemente mostradas. Quisiera seguir escribiendo, pero necesito que pase el tiempo. Mientras tanto un texto con el que suscribo http://elmalpensante.com/index.php?do...
In one of the entries in this excellent diary, Ribeyro writes that he fears that his diary is his best work (he would rather it be his stories and novels). Ribeyro may well have been right, not because his fiction is in any way mediocre (far from it) but because his diary is so darn good!
Lectura prolongada, que llevó su tiempo. La vida de Ribeyro, la intermitencia entre lo personal y lo creativo, hace de este diario una poética en toda regla, la extensión de un pensamiento avocado a escribir, a ser escritor y a perpetuarse en el mundo. No está exento, eso sí, de alguna barbaridad, contradicción o impertinencia, y pienso que eso es lo que da valor a esta obra, que como dice el propio Ribeyro, podría opacar su obra de ficción.
Al contrario, estas anotaciones la complementan, pues vemos el proceso creativo de varios de sus cuentos, de las luchas internas, de las interrupciones de la cotidianidad que se cuelan en su narrativa. Vemos el complejo de Ribeyro en toda su expresión, su apego al ser visto como un escritor de carreras cortas, un paria dentro de sus iguales, cuando ya la historia viene diciendo que la cuentística del flaco es de un talante demoledor frente a otros contemporáneos.
This book collects the diaries written by the Peruvian writer Julio Ramón Ribeyro in the period 1950-1978. We follow his life and thoughts during this period, starting with his early twenties in Lima, and then in many other locations, mostly in Europe (Madrid, Antwerp, several places in Germany, and Paris where Ribeyro lived for most of the time). He reflects on his struggles to become a writer, on his love life, his money difficulties, later on his family life and on his health, but also about other writers (mainly French and Peruvian, but not exclusively: for example, the text of 2 November 1977 is a reflection on Eça de Queiroz), and, at times, towards the final years of the book, about some social and political events (like some references to the politics in Peru, France, the Pinochet coup in Chile, a wonderful description of Maoist tactics in disrupting a literary event (in pages 613-5) and even a short phrase about the Portuguese revolution on 27 July 1975.) Mixed with all these there are texts about everyday events with descriptions or reflections that are, at times, rather unexpected and hilarious, like the text on the nursery playground in front of his home (October 1967) or a night fight with a mosquito (23 October 1978). In conclusion: this book is a very interesting reading to everyone who loves Ribeyro's short stories and his other literary works. I enjoyed it very much.
Cuando leo volúmenes de cartas o diarios no puedo evitar sentir que estoy violando la privacidad del autor. Con el libro que reúne los diarios de Ribeyro la culpa es al menos atenuada por haber sido éste un consumidor voraz del género y publicarlos luego de una depuración cuidadosa. La tentación del fracaso cubre los años 1950 a 1978. Desde que tenía 20 años y su vocación buscaba abrirse paso entre incisos y numerales en la sección legal de una oficina en Lima, hasta los 49 años en París cuando las dudas sobre el valor de su obra no dejaban de atormentarlo por más que ya había publicado gran parte de su producción y consolidado lectores, a pesar de su asombro.
Las páginas que escaparon a la condena de incineración llegan a nosotros plenas de introspección y ofrecen un diálogo interesante con sus libros (en particular con La palabra del mudo, Prosas apátridas y Dichos de Luder). Ribeyro excluye el carácter testimonial de los grandes sucesos de la época para concentrarse en cómo siente el paso del tiempo, la relación con los demás y, sobre todo, el costo de crear.
El lector se sitúa así en uno de los espacios más íntimos y profundos de toda persona: la incertidumbre, la soledad, la indeterminación, el inconformismo, la decepción, la frustración, los reproches y el desasosiego. Es la gran reivindicación de la duda en un mundo que la admite cada vez menos. Todo consignado con una prosa clara, sencilla y cautivadora, muchas veces con frases de hermosísima tristeza. Como señala el escritor Santiago Gamboa en el prólogo, se trata del mismo tono que acompaña a muchos de sus personajes. Lo que quizás halle explicación cuando Ribeyro afirma en una entrada luego de un balance anual que “[…] lo que a mí me fascina es la otra cara de la medalla: lo que he dejado de hacer, lo que salió mal, lo que no tuvo eco, lo que fracasó. Todas las realizaciones citadas tienen su lado lúgubre”.
Esta constatación y que varios momentos certeros de alegría no estén consignados plantean la interrogante: ¿cuánto de ficción y cuánto de biografía hay en La tentación del fracaso? La pregunta naturalmente carece de toda relevancia. El libro se inserta en un lugar destacado de la obra de Ribeyro. Y el asombro se torna mío al hallar las entradas en las que el autor lo desmerece o señala que: “En cuanto a mi diario, no sé aún qué valor tiene, ni si alguien tendrá el coraje de leerlo”. El desafío, pues, queda hecho.
Escribo porque el placer que me produce el acto de escribir es de una calidad tan especial que no puedo compararlo con ningún otro que pueda ofrecerme la vida”. _ La tentación del fracaso es un viaje literario fascinante en forma de los diarios del gran escritor Julio Ramón Ribeyro (#Perú, 1929-1994). Desde muy joven muy hasta la cincuentena Ribeyro registra -algo inconscientemente- su evolución como escritor, pero sobre todo deja constancia de lo que significaría para cualquiera de nosotros vivir de y para la literatura. Manual de vida, confesionario del amor, de los sueños y derrotas, mapa literario de Lima, Paris, Madrid, esta obra es también una interpretación de los tiempos azarosos que vivió su autor. Un libro verdaderamente especial, que hace feliz y triste a la vez, y cuya lectura me dejó una bella experiencia. _ #julioramonribeyro, ante todo cuentista, fue uno de esos creadores opacados por la tendencia novelística del Boom Latinoamericano. Felizmente hoy está siendo redescubierto y disfrutado, en parte gracias a que @seix_barral ha tenido la estupenda idea de reeditar varios de sus libros a propósito del 90 aniversario de su nacimiento.
Esta es el diario que a mí me hubiera gustado escribir. Es no sólo entretenido e inteligente, sino que muestra a un Ribeyro vulnerable, desconfiado, y hasta avergonzado de su propio trabajo. Un eterno insatisfecho. Lectura obligada para los amantes de Ribeyro, y muy recomendable para los que no lo conocen tanto: con seguridad empezarán a adorarlo.
Julio Ramón Ribeyro fue sin dudas una grata compañía durante todo este año. Extrañaré las páginas de sus diarios y el poder atestiguar su cotidianidad y sus siempre lúcidas reflexiones.
Algo tiene que va más allá de un simple conteo diario. Algo de su alma se queda en las páginas que hace que cada vez quieras seguir leyendo más sobre su escritura o sobre su enfermedad o sobre los días que no se ha fumado un cigarro.
"La tentación del fracaso" de Julio Ramón Ribeyro...
Me siento identificada con la protagonista, que se debate entre la pasión y la razón, entre la búsqueda de la felicidad y la aceptación del destino. Su historia es un reflejo de mis propias inquietudes y dudas.
El libro también me ha hecho reflexionar sobre la idea de que el fracaso no es el fin del mundo. De hecho, puede ser un paso necesario hacia el crecimiento y la autodescubierta.
Me hace sentir que no estoy sola en mis pensamientos y sentimientos.
Lo recomiendo a cualquier persona que se sienta perdida o confundida, que busque encontrar su camino en la vida. Es un libro que te hará sentir que no estás solo en tu búsqueda.
Terminado al fin, extenso libraco. Me gustó, mucho y poco, con altibajos, como también me gusta que me ocurra con los libros. Cae muy bien Ribeyro, así de cerquita; y echa como un baldado de agua helada al sueño de la bohemia y del arte, y más llevado a cabo en París. Un hombre muy lúcido en sus pequeñas reflexiones, muy patético e íntimo en sus continuas penurias físicas; muy simpático, muy contradictorio, muy desordenado, parece a ratos, pero también lo parece muy asentado. Me sorprendió descubrirlo, en el fondo, tan burgués y tan bien relacionado, y con el no pequeño detalle de haber vivido con un puesto permanente de agregado en la Unesco. Su “tentación del fracaso” se explica pues por provenir de sectores de poder y no haber llegado a ser un magnate, como esperarían de él en su familia. Su “fracaso”, pues, en cierta forma, tiene algo de anárquico y de antisistémico, como el Bartleby que se niega a hacer, aunque algo de político y sistémico siempre comportó. Finalmente, el suyo no es el fracaso de los mortales comunes con pequeñas aspiraciones de más y sacrificios mediante; es el “fracaso” anhelado de un hijo de la élite que decide caer en la dirección opuesta. Muy buen diario, que se me excuse está pequeña reducción, este énfasis.
Jamás leí un diario intimo, Este es el primero. Tenia muchas ganas de este escritor y no me ha decepcionado. Buena prosa, vida interesante, amor por la literatura, por el arte, por el mundo de la creación. Ribeyro es un escritor humilde, no da importancia a lo que escribe. Vive de forma humilde en hoteles cochambrosos, sin dinero, con renuncia a lo que no sea su objetivo: ser escritor. Fuma y bebe; y este enfermo de cáncer. Un diario que se lee con placer. Después de acabarlo solo queda leer sus cuentos. Saber más de el escritor. Descubrirle.
Es impresionante, las anecotas, los encuentros y desencuentros, Ribeyro tenia dentro de todo una esperanza que su diaro sea publicado porque parecería que le habla a un lector con tanta naturalidad que por momentos me asombraba. Es la primera vez que leo diario de un escritor y la verdad me he quedado con las ganas de leer mas de estetipo de libros que por cierto varios diarios son mencionados y hasta recomendados en este.
Una cierta decepción tras leer La palabra del mudo y otras reseñas de este libro. Es un diario no al uso, con muchos descartes y toda la desesperación del autor por no verse capaz de cumplir sus expectativas, contra lo que sus lectores pensamos. Muy interesante detectar el germen de sus cuentos en sus anécdotas y ver cómo construye un relato absorbente a partir de una anécdota. Este es un libro para devotos de Ribeyro.
Libro interesante que abarca casi cuarenta años de la vida de Julio Ramón Ribeyro. En él se encuentran consignadas sus experiencias y reflexiones. El título que se eligió va muy de acuerdo a lo que encontraremos allí, pues la vida de Ribeyro como su obra está signada por ese Halo derrotista que muchos tenemos.
Quise elegir un fragmento de los tantos que subrayé pero ninguno alcanza. Brutal experiencia la de meterse en la cabeza de Ribeyro con estos diarios que asumo se van quedar dando vueltas en mí por un montón de tiempo.
Con La tentación del fracaso, Ribeyro consigue reconciliarme con el género del diario que —por su carácter íntimo, obras generalmente no pensadas para su publicación — no suele parecerme muy propenso al esmero literario. Grata excepción a la tónica habitual.
Las descripciones de obras y acontecimientos son precisas y sucintas. No se anda por las ramas. Eso me encanta. Odio los empachos y circunloquios descriptivos.
Le alabo además su ecuanimidad a la hora de hacer juicios de valor. No es cruel y siempre sabe ver el lado positivo en las obras de los demás, incluso en las de sus enemigos. Su ausencia de mala fe en las valoraciones es admirable. Haría falta más gente como Ribeyro en los tiempos actuales.
Por no hablar de que su escritura es soberbia. Segunda obra maestra suya que leo. La primera fueron sus magníficas Prosas apátridas que también recomiendo. Estoy francamente impresionado. ____________________________________________ Me encantaría encontrar la edición con el prólogo de Enrique Vila-Matas. Fue a través de Marienbad eléctrico de Vila-Matas que descubrí a Ribeyro, precisamente este libro en concreto. Leer su prólogo sería una curiosa forma de cerrar el círculo.
También me encantaría leer la recopilación de los cuentos de Ribeyro: junto a Stefan Zweig y Gilles Lipovetsky, uno de los escritores del Siglo XX que más me han impresionado.