Les delicieux souvenirs de Pauline de Pange sont un conte de fees. L'arriere-arriere-petite-fille de Mme de Stael a grandi dans une famille vivant dans une tradition au parfum d'Ancien Regime, tout en ayant su entrer dans le monde moderne. Dans un hotel particulier, deux valets gardent l'escalier d'honneur, un maitre d'hotel commande a quatorze domestiques et les repas sont aussi solennels qu'a la cour de Versailles. On a peine a croire qu'on ait pu vivre ainsi, au debut du XXe siecle: on percait alors les Champs Elysees pour y batir les deux palais de l'exposition universelle; on revait que bientot le metropolitain gronderait sous les paves, et que des arches franchiraient la Seine d'un seul bond... C'etait l'avenir. C'etait 1900 !
Pauline de Pange (née Pauline de Broglie; Paris, 1888–1972) was a French historian, translator, and writer born into one of France's most prestigious aristocratic families. As the great-great-granddaughter of Madame de Staël and the older sister of Nobel Prize-winning physicist Louis de Broglie, she grew up in a hermetic palatial environment that strictly maintained 18th-century customs. She received a unique private education shaped by the readings of her grandmother, the Countess of Armaillé, and married Count Jean de Pange in 1910. Defying the rigid conventions of her social class, she pursued higher education and became one of the very few high-society women of her era to earn a Doctorate in Letters from the University of Paris.
She began her literary career in 1923, establishing herself as a regular columnist and scholar, founding the Société des Études Staëliennes and critically editing the definitive five-volume edition of De l'Allemagne. Her greatest literary legacy lies in her memoirs, Comment j'ai vu 1900 (1962), where she captured through a child’s eyes the cultural clash between the ancestral customs of the nobility and the dizzying advances of modernity. Thanks to her vast cultural recognition, she served as the president of the Prix Fémina jury and was appointed Commander of the Legion of Honor in 1970.
Lo mas cercano a viajar en el tiempo es leer las anécdotas de otra época de la mano de quien las experimentó.
Describe un mundo lleno de innovaciones y cambios, pero al mismo tiempo aprehensivo con rituales y viejas costumbres; como la vida en palacetes lleno de sirvientes e incluso su mudanza a una fortaleza, y la transición de carruajes a automóviles.
Fan de la tecnología que soy, me maravilló el hecho de que visitara la Exposición Universal de 1900 (que el año anterior había dejado atrás la Torre Eiffel) y describiera "aceras rodantes", un invento que no tuvo éxito, pero que era símbolo de un hambre de innovar.
Y como un pequeño regalo para un fotógrafo lector, menciona casualmente que su padre las mandó a ella y a su hermano a que los fotografiara Nadar, un fotógrafo legendario de Paris, pionero de la fotografía aeronáutica.
Lo único malo de este libro es que no cuenta con más páginas.
Me animé a adentrarme en esta lectura porque la editorial me ha demostrado que es sinónimo de calidad, tanto por sus ediciones como por lo que decide publicar. Además, no nos vamos a engañar, en ese momento estaba viendo los Bridgerton y me apetecía seguir en ese mundo.
De la edición no puedo decir nada malo. El grosor del papel, la corrección, la tinta, todo es perfecto.
Hablando ya de la obra en sí, se me hace un poco raro juzgar o evaluar unas memorias y es que ¿quién soy yo para meterme con la forma en la que la autora ha decido expresar algo que ella ha vivido?.
Aún así voy a intentar hacerlo de la forma más respetuosa y expresando sinceramente lo que he sentido al leerlas.
Su narración se me hizo un poco caótica, en cada capítulo cuenta muchísimas cosas distintas sin un nexo. Son cómo pensamientos y anécdotas que fue viviendo y las va contando conforme las va recordando. Es cierto que, conforme te vas adentrando en sus páginas, poco a poco, le vas cogiendo el punto.
Las últimas memorias que leí fueron las de May Sarton en Anhelo de raíces y, por eso, quizás iba esperando algo más poético o profundo a la hora de narrar. En este caso nos encontramos con una prosa más directa y técnica.
Otro de los puntos que no terminó de convencerme fue que se mencionaran a tantísimas personas y familias por sus nombres y que hiciera lo mismo con calles, parques o avenidas y se diera por sentado que el lector sabría quiénes eran o dónde se ubicaban las mismas. Creo que es una narración demasiado enfocada para ser leída en el momento en el que aún se recordaban a esas personas o lugares y no en un futuro ya bastante más lejano.
También se mencionan 3000 formas distintas de denominar a los carruajes o se usan palabras demasiado técnicas para describir los atuendos de la época.
A pesar de todo lo que he mencionado y que me costara tanto adentrarme en estas memorias, cuando llevaba un 30% si que conseguí empatizar más con la narración y los sucesos.
Disfruté mucho de ver esa subjetividad y diferente forma de hablar de personas con las que no se llevaba tan bien, como su madre, y las que admiraba mucho más, como su abuela o hermano.
También me frustró mucho la poca libertad que tenían las mujeres de la época ya fueran ricas o pobres, daba lo mismo, estaban sujetas a los caprichos y deseos de los hombres.
Por otro lado, me sorprendió bastante la rigidez de las costumbres a las que absolutamente todo el mundo estaban sujetos y cómo estas debían de cumplirse independientemente de tu voluntad o tus deseos.
Igualmente me ha gustado el conocer más sobre hechos históricos que conocía de oídas y que Pauline De Pange vivió, como es el caso del incendio del bazar de la caridad.
En resumen, estás son unas memorias que he empezado a disfrutar más conforme iba pasando las páginas y cuando la autora se centraba, sobre todo, en sus experiencias, en lo que sintió y vivió y en los inventos que fue conociendo y no tanto en las familias de renombre de esa época.
Tenía bastantes esperanzas en este libro. Me ha gustado bastante, aunque me esperaba quizá un poco más. La simple idea de que alguien relate su vida mezclando las vivencias de la alta sociedad parisina del siglo XIX y las modernidades de los primeros años del siglo XX me parece de lo más atractiva. Siempre intento imaginar cómo debían ser todas esas novedades para la gente que las vivía otra primera vez; como los primeros coches a motor, la fotografía, el cinematógrafo, etc... Sin duda, me ha parecido súper interesante. Y algo que me apasiona de las familias nobles es toda la historia que se va recogiendo con el pasar de los siglos. El tener acceso a toda esa cantidad de historias, personajes relevantes y demás tesoros y retratos que han ido pagando de mano en mano por la familia a lo largo de los siglos me da una envidia terrible. A lo que me refiero con que me ha decepcionado un poco es porque la autora nace en 1888 y las vivencias que narra en el libro, a lo largo de varias ciudades y propiedades familiares, solo llegan hasta 1902. Se me ha quedado muy corto, me hubiera gustado saber también de sus impresiones siendo más adulta. Sobretodo, algo que siempre me ha interesado mucho, con la Exposición Universal. Nos cuenta algo desde el punto de vista de una niña pero hubiera querido saber más! Sin duda, lo recomiendo. Hay datos históricos muy interesantes.