A finales de los años 70, los juegos de unos niños sacan las lágrimas de una abuela. Una detrás de otra. Imposible contenerlas. El autor coge esas lágrimas y las convierte en el hilo conductor para contarnos la historia de sus abuelos. Los suyos y los de otras tantas personas.
Isabel vive en Melilla, corre marzo del 1936 y esta joven independiente e idealista trabaja en un taller y cose a domicilio, así completa el pago del alquiler de la familia. En sus ratos libres su amiga le va enseñando a leer, coquetea con otros jóvenes de la CNT, y sueña con su futuro de modista llena de optimismo. Pero el 17 de julio, justo el día de su 20 cumpleaños, todo esto cambiará.
Isabel huye en solitario en la oscuridad de la noche, mejor eso a que te saquen “a dar el paseo”. Instalada en Barcelona, en plena guerra conocerá a Jaime, futuro marido y padre de sus hijas. Jaime, el boxeador, el que no puede recordar la cara de su hermana y, sin embargo, no puede borrar tantas otras escenas vividas en guerra. Ambos están en el lado republicano y, sobrevivir incluso una vez acabada la guerra, no les va a ser nada fácil. El miedo y hasta la muerte se pueden colar por cualquier rincón.
Pero Isabel no ceja en su empeño de luchar por el futuro, es una mujer valiente, con carácter, emprendedora y lista como ella sola.
Os recomiendo que os sumerjáis en sus colores, en sus trazos y matices, en las expresiones de las gentes, en sus paisajes y en esta magnífica historia que te conmueve en cada página.
Me pregunto si todas estas historias caerán el olvido una vez se vayan todos los testigos de primera mano. Si el interés de algunos políticos por dar un brochazo a la barbarie de nuestra guerra acabará triunfando. Sería vergonzoso que esto pasara. Por eso creo fundamental que estas historias se cuenten, sea en el formato que sea. Si no, sería como si nada hubiera pasado.
📌 Premio en el Salón de Barcelona de 2017 a la mejor obra.