Leí este libro hace mucho tiempo, demasiado como para hacer una reseña minuciosa y detallada como me gustaría. Especialmente, porque se trata de un libro extenso y de bastante complejidad.
Recuerdo, no obstante, lo suficiente como para esbozar sus ideas generales y la sensación imborrable que estas páginas dejaron en mí.
En primer lugar, me pareció un libro extremadamente ambicioso: el ensayo crítico sobre religiones comparadas más completo que yo haya leído hasta la fecha.
Obviamente, Sebreli debe hacer ciertos recortes: no se ocupa de religioses históricas ni politeístas, ni tampoco concede demasiado espacio al Budismo, por considerarlo más cerca de lo filosófico que de la religión en sentido estricto. Su análisis se centra principalmente en las tres grandes religiones de nuestro tiempo: el cristianismo (en todas sus variantes), el judaísmo y el islam.
Acotado su campo de análisis, procede a realizar una crítica exaustiva de cada una, desnudando todas sus contradicciones y absurdos, que las convierten en auténticos laberintos plagados de giros y callejones sin salida. También muestra como, durante siglos, han sido utilizadas como instrumentos de poder, para segurarse el control y la obediencia de las masas.
En un tercer momento, Sebreli se ocupa de atacar al ateísmo extremo. Aunque se me borraron los detalles, recuerdo perfectamente la sensación de que el ateísmo era, al fin y al cabo, otra forma de religión, centrada en la negación de Dios, pero con base en los mismos presupuestos irracionales en que se basa cualquier fe.
Por último, el libro hace la defensa más racional y encarnizada del agnosticismo religioso, profesado por el propio Sebreli.
Desde ya, es un libro que debe ser leído con mente abierta, ya que, si profesas alguna de las religiones mencionadas, es inevitable que lo tomes como un ataque a tu fe, y por lo tanto tiendas a resistir sus ideas. En mi caso, ya era agnóstico antes de leerlo, por lo que sus páginas no hicieron más que ratificar mis creencias y brindarles un marco teórico amplio a ideas que hasta ese momento abrazaba de una manera más bien intuitiva.