La producción priodística de Jaime Bedoya asciende a más de 400 textos publicados en diarios, revistas y blogs durante más de tres décadas de escritura. Esta selección, al buscar ser representativa, ha quedado al borde del completismo, lo que prueba que diversidad y calidad no tienen por qué ir reñidas. En el curso se aprecia un arco que inicia en el ejercicio de la crónica a fines de la década del ochenta hasta esa suerte de pequeño ensayo semanal, en forma de columna de opinión, que practica ya entrada la segunda década del siglo. El cuerpo textual es un cajón de sastre en el que tiene cabida todo tipo de especies: curiosidad por lo supuestamente trivial, cierta excentricidad en el empleo del tiempo, respuestas no clasificables al hecho político, personajes de difícil olvido y recordación, distintas formas de tributo y desvelo, así como un abordaje constante pero diverso a la peruanidad. Los ingredientes son variados también, pero se pueden mencionar dosis equiparables de humor y agudeza, ternura e indignación, reflexión y juego verbal.
En aparente estado de ebriedad es una invitación para disfrutar de una obra de culto, como quisiera el autor, desde una modesta embriaguez.
Colección de crónicas para disfrute de quienes hemos podido leer al autor antes en Caretas, El Comercio o en sus textos previos. Prosa fina, ironía y múltiples fraseos para una particular antología.
Indispensables: La misteriosa historia de Coco Sattui, la de los Bee Gees, la de Camilo Sesto, la de la bandera del Tawantinsuyu; todo el capítulo con las entregas de Dennis Angulo; la del jamón de pata negra (“a este le faltó bellota”), la de polvos azules, la del feto sagrado.
En tono íntimo: Paracosmos, Aprendiz de princesa, La Guerra y La Paz, Cicatriz caribeña.