La recordación como proceso en eterno devenir, y que ocurre en todo lugar. Una ruma de huesos-palabras, testimonios de un movimiento que oscila entre la desaparición y aparición, entre todo y vacío, entre negro y blanco. En El hueso de la memoria, Verónica Zondek practica varias artes al mismo tiempo: el poema como construcción dramática de una vida que se multiplica, y la danza de una voz que se transforma en movimientos de brazos y piernas imaginarios, de extremidades como palabras que bosquejan un espacio de recuerdo. La memoria como la coreografía que no puede escribirse porque ella misma es registro. O como dice hacia el final del libro: NO PUEDES HERIR MI PIEL PORQUE TENGO NOMBRE / Y NO LO OLVIDO.
El hueso de la memoria es un poemario en cuatro partes sobre, según Memoria Chilena, las diferentes dimensiones del poder. Esta selección se compone de versos poderosos, artificiosos, que sostienen una imaginería siniestra; los poemas coquetean con el gore mientras convocan la muerte, el dolor y el sexo. Aunque la interpretación esté más condicionada para el lector local, lo cierto es que el poemario sabe distanciarse de sus propias inspiraciones, abriéndose a múltiples lecturas. Estos fueron mis versos favoritos de cada parte: De "La miseria del ojo": "Envueltos de noche / caminamos". De "En la carne viva": "ATRAPADA / siempre / EN EL ACTO DE BORRAR EL PRESENTE". De "El placer de la máscara": "SOY FANÁTICA HACEDORA DE MI / PROPIA SOMBRA". De "La vigilia de la carne": "Arlequín de palabra / aparece tu carne en otro".
Lo desnudo y lo enmascarado La lírica sutil de Zondek golpea y abruma a ratos, siempre elocuente en mostrar los horrores en un lenguaje que permite vislumbrar horrores. Lectura obligatoria.