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216 pages, Paperback
Published June 3, 2016
Cada quinientos metros el paisaje es otro. Tu propio paisaje, el de tu cuerpo, también va cambiando. Los tobillos, los muslos y el pecho te hablan, se contraen y expanden con cada pisada. Eres músculo y luego eres aire que infla el abdomen, eres pensamiento huérfano, naufrago, no piensas. O lo que piensas sale de ti y se pega a un tronco. Allí se queda. Eres musgo fosforescente y luego eucalipto. Eres sed, pies entumecidos, hormigueo en la piel enrojecida y latidos en la cabeza. Eres más sed y post posición de la sed. Eres momento suspendido. Eres paciencia. Cuando bajas eres cascada. Un pie en cada piedra. Eres saltamontes. Todo eso que vas siendo dejas de serlo cuando vas hablando. La vida se silencia cuando hablas. (p. 47)
En mi ciudad te borra la violencia o el miedo a la violencia. Cada vez hay menos gente en la calle. Si las cosas son de quien las usa… ahora Caracas es de los delincuentes. Los caraqueños no la usan sino para la supervivencia. Para ganarse el pan, los reales del día a día. De noche se quedan guardados, no vaya a ser que el pan que se ganan se quede tieso, sin nadie que se lo coma. Viven en el terror. A mí que me agarre la noche cuando me agarre. No me jodan. Al final si te vas a morir te mueres igual. (p. 124)
Gracias a la montaña puedes mirar los mecanismos que rigen la vida normal, la vida en la tierra. Regresas diferente. (p. 67)
Volver intacta es como no ir a ninguna parte. Hay que regresar con al menos un riesgo anotado y ganando un premio. Con algo perdido o regalado. Tienes que sentir y cambiar algo. (p. 77)
La gente dice que los escaladores andamos huyendo. Que nos gusta el peligro. No tienen ni puta idea de lo que están hablando. Lo que hay es un flechazo. El encandilamiento de un animal salvaje en medio de la noche. (p. 88)
La gente que quiere acabar con todo no se esfuerza tanto. Se lanza por un balcón y listo. (p. 89)
Al final del turno debían quedarle las nalgas de cuadritos.
… merengadas con cambur, un ojo de vaca y a veces también un huevo.
¡si no aprietas ese culo te caes!
¿Y tú vas a salir así?
La primera noche rumbeamos en La Cucaracha.
… cuando íbamos a la playa mi mamá nos embadurnaba de crema Nivea.
“no existe la casualidad. Todo es causalidad.”