Escrito en prosa con un lenguaje claramente poético Alejandra narra la despersonalización de su protagonista hasta la más profunda e incómoda intimidad. Nos adentra en dos vidas que no pueden entenderse por separado. Por un lado Alejandra escribe, a modo de diario, su particular forma de sentir y su dificultad para adaptarse al mundo. Por otro se alternan los capítulos de terapias en los que la protagonista habla, discute y acaba consigo misma. Sin principio ni desenlace, probablemente, la única forma de entender a Alejandra sea leyendo lo que escribió cuando no sabía qué decir.
Alejandra y Lara no son la misma persona, pero este libro es una terapia que te hace ser las dos y la misma al mismo tiempo leyéndolo. No sé, creo que cada vez me gusta más cómo escribe Lara aunque sigue sin ser la poesía que más me gusta. Pero he sido capaz de disfrutarlo, y eso mola.