Como en La iglesia y sus demonios, he podido encontrar también en este libro aspectos e historias de la iglesia desconocidos para mí, pero lo que me ha parecido más destacable es la entrevista al padre Guijarro, y su respuesta a por qué las heridas de los estigmatizados aparecen en las manos y no en las muñecas, como los historiadores afirman que tuvo que ser crucificado Jesús en términos de anatomía: según su opinión, el valor de la estigmatización es que el estigmatizado tenga un síntoma externo que le recuerde a Jesús (como el estigma en la palma de la mano), y no la precisa localización antropomórfica. Curioso, porque vendría a decir que no es la verdad de la historia lo que tendría validez, sino lo que los estigmatizados, o los creyentes en general, creen que ha sido la historia. Y esto podría aplicarse a casi cualquier suceso narrado en el libro