De esta autora leí hace años La cigarra del octavo día y me fascinó. Desde ese momento, quise leer otros libros de Kakuta y tenía este de Ella en la otra orilla en mi lista de pendientes desde hace bastante tiempo.
Le llegó su momento en este caluroso agosto. Reconozco que al principio me costó entrar en la historia; me desconcertó el cambio que se da cuando ya -en el primer capítulo- se nos ha presentado a la que consideramos protagonista: Sayoko, ama de casa frustrada por sus obligaciones, que decide buscar trabajo (¿para buscarse a sí misma?), y de repente, la historia pasa a girar en torno a Aoi, a la que consideré que sería un personaje secundario, la dueña de la empresa en la que Sayoko solicita empleo.
Y no, son las dos mujeres las que nos muestran dos formas diferentes de serlo en la sociedad japonesa, dos maneras de sentirse desplazadas, incomprendidas, vacías por lo que se espera de ellas, y dos formas diferentes de afrontar esa exigencia social.
A través de la historia de Aoi conocemos a Nanako, su amiga inseparable de la adolescencia, y asistimos junto a ellas a la búsqueda de la propia identidad, del lugar que se quiere -se necesita- ocupar, independientemente de lo que los demás esperen de nosotros. En este viaje al pasado protagonizado por Aoi y Nanako nos encontramos la crueldad del instituto, del acoso, el cómo ser diferente te convierte en blanco de las pullas y acabas herido. Y hay que ser muy fuerte -o muy insensato- para sobrevivir a eso.
Con la historia de Sayoko vemos la vida adulta de las mujeres, su obligación de dedicarse prioritariamente a la familia y al hogar, abandonándose a sí misma en el camino (¿hay algo que realice más a una mujer que ser madre y esposa? Bueno a mi se me ocurren miles de cosas, pero en esta novela no parece que tengan cabida... ni en la cosmovisión de muchas personas, y no sólo japonesas...). Somos testigos del egoísmo y la desconsideración del marido, de la crítica constante de la suegra, e incluso de un cierto recelo de sus compañeras de trabajo u otras madres, que no entienden cómo teniendo un marido, prefiere trabajar, teniendo que pagar por la guardería.
Y luego está la relación entre Sayoko y Aoi, el tira y afloja por sus diferentes personalidades, su manera de afrontar la vida. Aoi, expansiva, abierta, entusiasta, desordenada, algo caótica; y Sayoko, callada, tímida, temerosa, pulcra, metódica. Se complementan y se repelen por partes iguales. Y ambas nos dan un ejemplo de cómo se puede fundamentar una relación en la diferencia, cómo las personas que nos "retan" porque nos hacen ver nuestras carencias, son las que nos permiten mejorar.
Porque al final, la novela es una historia (dos, si se quiere) de crecimiento y empoderamiento. Y de sororidad; es el apoyo mutuo entre mujeres, lo que les permite ser ellas mismas y poder atisbar algo cercano a la felicidad.
Una novela muy recomendable