Persistencia es una de las tantas "palabras sagradas" que más se podría asociar a la lectura de estos cuentos.
Hace unos años rendí el cuento de "Dormir en tierra" al olvido del tiempo y a una futura anécdota personal, tras un intento fallido por entenderle. Aquel día no me lo gasté en tratar de comprender el tumulto de argumentos y el nivel de interiorización en aquella narrativa; simplemente me enredé entre la historia y las referencias, ora oníricas, ora alegóricas, de sus escenas.
Ahora con el tiempo, TODOS los cuentos aquí reunidos son especiales a su manera, e importan por su nivel de detalle; parece como si en lugar de cuentos fueran poemas extensos en prosa, con un lirismo y una fuerte carga de espíritu, cultivados con la paciencia de un artesano, dotando a las escenas de un lenguaje muy particular. La escena misma, en su despliegue, se vuelve la coprotagonista.
Los cuentos de "Dormir en tierra" son eso: una acumulación de efectos; anheladas sublimaciones de momentos clave en dónde la trama toma coherencia gracias a la ensoñación de sus personajes. Juntos rinden tributo a la extrañeza de ser en la marginación, la muerte y la decadencia.
Destaco en gran medida tres relatos muy cercanos a mi gusto: "Los hombres en el pantano", "Noche de epifanía" y "Lo que sólo uno escucha", siendo éste último mi preferido.
Es necesario retornar a Revueltas siempre que se pueda, repasar sus novelas, ensayos, crónicas y, por supuesto, poner el dedo en algún título de cualquiera de sus cuentos poéticos