Pocos serán los que no hayan reído alguna vez con la "guerra" de Gila, la narración de su peculiar nacimiento o sus hazañas como gángster a las órdenes de Al Capone. Pero lo que Miguel Gila cuenta de sí mismo en los escenarios no ocurrió tal como nos lo relata en sus magistrales monólogos. Es cierto que su padre no estaba en casa el día que nació, pero no porque trabajara en Londres como tambor de la Orquesta Sinfónica: había muerto con la mirada congelada a las puertas del Hospital Clínico de Barcelona, a los veintidós años, esperando una cama libre; es cierto que vivió una guerra, pero no una guerra tierna e hilarante como esa a la que nos tiene acostumbrados, sino otra, cruel y fratricida, en la que fue mal fusilado, y de la que, junto al recuerdo amargo, conserva imágenes que provocarán la sonrisa o la carcajada; es cierto que vivió en Latinoamérica, pero no al servicio de una mafia, sino escapando del asfixiante clima político y moral de la España de los años cincuenta y sesenta, de la humillación de verse perseguido por vivir con la mujer a la que amaba. En las páginas de estas memorias, el genial humorista recuerda la humilde buhardilla de Zurbano 68 en la que vivió su infancia, su paso por el 5º Regimiento y la durísima posguerra que le tocó sufrir, de la que es capaz de rescatar anécdotas divertidas; revive sus difíciles comienzos en el mundo del espectáculo; rememora su relación con Tono, Mihura o Álvaro de Laiglesia y su trabajo en La Codorniz, los felices días de estreno junto a Tony Leblanc y Lina Morgan, sus encuentros con Anthony Quinn, Hemingway, Fidel Castro, el Che o tantos otros. Esta obra, fiel testimonio de una vida, hará reír en ocasiones, como no podía ser menos siendo quien es su autor, pero en otras pondrá un nudo de emoción en la garganta de los lectores.
El libro comienza algo entretenido describiendo como fue su infancia en una España bastante pobre, pero a parte de que está bastante mal escrito, (es una autobiografía creo entender), según va creciendo y madurando el personaje te das cuenta de que es una persona muy egocéntrica y un machirulo de tomo y lomo. Que te está contando su vida y te dice que se casó para no pasar frío, igual me equivoco pero no cuenta ni el nombre de su esposa. Por rescatar algo de valor, más que su vida personal y esos aires de grandeza que se da, pues puedo quedarme con lo absurda y estúpida que fue, en este caso la dictadura franquista y hasta donde llegaba su nivel de paranoia. En resumen, está bien para encender una chimenea con él.
Muy interesante, sobre todo desde una perspectiva sociólogica y no tan histórica de la guerra civil. La segunda parte del libro, cuando ya alcanza la fama, no deja de ser una recopilación de halagos, nombrar amistades y logros personales. Una autobiografía de autobombo. Por otro lado, buscando en internet hay comentarios de que es una autobiografía con poca veracidad. Pero teniendo en cuenta la rojez del susodicho y lo mal visto que estaba por su ideología, no sé qué habrá de cierto. Es un personaje un tanto turbio que llegó a tener mucho poder en los círculos artísticos del momento. Me quedo con eso.
Me ha encantado. No solo la vida de Gila es muy interesante, si no que está contada con maestría; el libro tiene un ritmo excelente y es difícil de soltar una vez se empieza. Pero más valioso aún que eso, es la perspectiva que ofrece Gila de la historia de España a lo largo del siglo XX, sin tono de historiador, si no de uno más: ignorante, asustado y arrasado por los acontecimientos.
Gila nos cuenta su vida de una forma muy directa y honesta. Me ha sorprendido ver todo lo que vivió este hombre y la cantidad de sitios y personas que conoció.
Después de pasarlas canutas en muchos momentos de su vida parece que su humor tiene un punto autobiográfico aunque parezca difícil dado lo absurdo de sus monólogos. Seguramente su sentido del humor le ayudo a salir adelante en los momentos más difíciles. Después pudo exorcizar todo lo penoso, injusto y desagradable que le toco vivir volcándolo en sus actuaciones y haciendo reír a la gente. Parece que uno siente alivio cuando poco a poco le van empezando a salir las cosas bien.
Por otro lado y dadas mis aficiones me pareció muy interesante su acercamiento al submarinismo en una época en que no era una afición de acceso fácil para cualquiera. De hecho, antes de conseguir un “equipo estandarizado” ¡intento fabricarse uno por sus propios medios! Luego bucearía con pioneros que son auténticas leyendas del mundo submarino en España como Eduardo Admetlla. Además de cambiar la pesca submarina que le había llevado a ese mundo, y no le convencía, por la fotografía.
UNA CITA:
...clase del colegio olía a tinta barata y a humedad, la sotana de los frailes, a rancio. Decía Mariano Cifuentes, uno de mis compañeros de clase, que era porque los frailes después de mear no se la sacudían, y uno, que se apellidaba Sanabria, decía que los frailes no se la sacudían porque sacudírsela era pecado y Cifuentes le decía que sacudírsela no era pecado, que lo que era pecado era meneársela y el Maceda, que se sabía de memoria el catecismo, decía que meneársela no era pecado, que era pecado si se la meneabas a otro. Nunca se ponían de acuerdo.
Hace tiempo que leí este libro y la verdad es que me gusto mucho, con un tono desenfadado Gila nos cuenta su vida y por extensión una época pasada en primera persona, desde la guerra civil hasta sus primeras actuaciones, sus colaboraciones como dibujante y su experiencia en México.
Me ha decepcionado como libro, lo encuentro mal escrito, pero sobre todo no me ha gustado que haya pasado olímpicamente de su familia, a sus hijos ni los menciona por su nombre. Hay ciertos personajes que mejor no averiguar nada más allá de su perfil público.
Me encantó y fue una verdadera sorpresa porque no le encontraba el punto yo a este hombre. Leyendo el libro entiendes muchas cosas y el tipo de humor. La infancia es lo que más me gustó porque el final se me hacía algo repetitivo.
Sumergirse en las páginas de cualquier libro de Gila es como abrir una puerta a un universo paralelo donde la lógica se toma unas vacaciones y la realidad se disfraza de situaciones hilarantes. demostrando una vez más por qué es considerado uno de los grandes maestros del humor absurdo en España.
Leo la (o quizás mejor decir una de las) biografía de Gila. Desconozco porque la tenía en mi lista. En una de las páginas cita su amistad con Eduardo Ruiz de Velasco, que en su día fue Pototo y acabó siendo director de Radio Bilbao y abuelo de mi mujer. Puede que ese sea el motivo. El principio del libro es muy extenso y cuenta su infancia en el Madrid de antes de la guerra civil. Huérfano debido a que su padre tiene un accidente pescando y no es atendido en un hospital (no había camas), termina viviendo con sus abuelos y tios paternos. Su madre se vuelve a casar y sólo le ve de vez en cuando. Viven en una buhardilla y va a un colegio de curas, donde no lo pasa bien y no termina los estudios. Sus correrías de chiquillo en un Madrid mucho más pueblerino y accesible son entrañables. Termina de aprendiz en varios oficios, de mecánico sobre todo, trabajo que luego le servirá durante la guerra. Tanto esta parte como la de la guerra me ha recordado “La forja de un rebelde”, aunque el de Gila es un relato más llano, aunque no por ello peor. Gila luego se alista y cuenta sus peripecias en la guerra, donde todo le parece un caos. Pasa por varios puestos, primero en infantería, luego llevando camiones e incluso en artillería antiaérea en Valencia. En el frente de Madrid llegan los nacionales con un ejercito de moros y les llevan detenidos. Gila acaba en una cárcel militar, rapado y maltratado con poca comida, piojos y todo tipo de vejaciones. Termina siendo liberado, pero cuando se estaba reintegrando en el mundo laboral, le hacen hacer la mili con los nacionales porque ocultó haber estado en el ejercito rojo para no sufrir represalias. Luego cuenta como se hizo artista, haciendo su primera aparición a traición colándose en un escenario, como termina haciendo radio y viajando durante años a México y Argentina. Menos humor del que se esperaría a priori, pero una historia muy interesante. Sospecho que GIla cuenta sólo lo que le interesa y deja de contar muchas otras cosas, pero...¿quien no lo haría?
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