"Si lees la Encyclopaedia de principio a fin, tienes la sensación de que todas las aflicciones conocidas son parte de una única progresión infinita. O de que cada dolencia es una faceta diferente de una misma y terrible enfermedad.”
Escrita por el médico y hematólogo Vikram Paralkar, Las aflicciones (2014) es una novela donde la ficción narrativa se construye a partir de datos apócrifos y, sobre todo, de enfermedades extrañas que atacan al ser humano.
Mediante un narrador sagaz en segunda persona, la historia nos presenta al farmacéutico Máximo en su primer día como bibliotecario de la enigmática Biblioteca Central. Máximo será el encargado de catalogar, cuidar y leer los valiosos volúmenes que alberga el gran salón de lectura y, también, descubrirá la Encyclopaedia, un libro arcano con un catálogo de enfermedades poco comunes llamadas aflicciones.
El carácter enigmático y misterioso ejerce una función importante en el desarrollo de la historia, pues Máximo es un personaje sin voz narrativa dentro de la novela. Lo poco que conocemos de él es gracias a las apreciaciones y comentarios que realiza el narrador, José, guía y autoridad importante dentro de la Biblioteca Central. De esta forma, la novela presenta capítulos breves en los cuales José le explica a Máximo la importancia de su trabajo como bibliotecario, brindándole consejos con una sabiduría apacible y concisa.
El resto de las páginas están atravesadas por fragmentos de la Encyclopaedia, precisamente por las aflicciones.
Al igual que en una enciclopedia de medicina, cada aflicción está acompañada por su nombre científico, sus síntomas y tratamientos. Sin embargo, Paralkar despliega datos históricos, investigaciones previas y citas de autoridad para crear un marco teórico apócrifo que estudia en profundidad las distintas aflicciones. De esta forma, el autor permite la intervención no sólo de las disciplinas científicas, sino también del esoterismo, la alquimia e incluso de la filosofía, logrando una fluidez narrativa notable.
Si bien las aflicciones acentúan sus cualidades únicas en cada apartado, por momentos se perciben ciertas similitudes entre ellas y hay cierto esfuerzo, mínimo, por intentar diferenciar una aflicción de una enfermedad real. Más allá de este aspecto insignificante, el concepto de las aflicciones es totalmente original y sorprendente porque interpela directamente a la condición humana: encontraremos enfermedades que alteran el lenguaje y crean uno nuevo, otras que engendran recuerdos farragosos o inexistentes, aflicciones que convierten a civilizaciones en pueblos fantasmas, algunas deforman los cuerpos o destruyen el alma por completo. En pocas palabras, tienen consecuencias sociales y culturales que generan debates morales, religiosos o nuevas hipótesis científicas.
Podemos ver a estas aflicciones como un reflejo de nuestra caótica existencia, o una forma de problematizar nuestras dolencias cotidianas, las cuales no difieren mucho en cuanto al dolor y la angustia que provocan.
Se respira un aire borgeano en la narrativa de Las aflicciones, un aire que evoca a cuentos como El milagro secreto y La biblioteca de Babel. La ficción dentro de la ficción es un concepto que Vilkram Paralkar utiliza de manera cuidadosa y envolvente: la Encyclopaedia, por ejemplo, es un libro que encarna el misterio y la sabiduría. Es una parte del conocimiento humano recopilada por miles de años de estudio. Por otra parte, la Biblioteca Central, como bien explica el narrador, tiene una estructura laberíntica, difícil de comprender incluso para los propios bibliotecarios. Máximo, el personaje sin voz, tiene un desafío complejo por delante, pero, si está a la altura, será premiado con un conocimiento arcano y único, que no debe caer en manos de todos. Totalmente borgeano.
Suele decirse que un narrador en segunda persona se comunica con el lector. Quizás podemos imaginar que nosotros, como lectores, encarnamos a Máximo, un personaje sin voz que tiene el privilegio de leer el contenido de un libro milenario, la responsabilidad de cuidar ese conocimiento por el resto de su vida y el deber de transmitirlo a una persona especial. Pensemos un momento en nuestras bibliotecas, o en nuestra memoria lectora: ¿Acaso no son parte de nuestro legado más importante? Al igual que Máximo, nosotros también somos guardianes de un tesoro invaluable.
"Sería tan agradable seguir con esto después de la muerte, leer y entender, y pensar, más que nada pensar. El único temor que tengo sobre el más allá es que todas las conexiones entre las cosas, la gente y las historias terrenales, que me he pasado la vida tratando de resolver, parezcan simples y obvias una vez que esté allí. Que toda pregunta ya tenga respuesta. Que no quede nada por aprender. Eso, para mí, no sería el paraíso.”