Abelardo Castillo, nació en San Pedro, Buenos Aires, en 1935. Novelista, cuentista, dramaturgo y ensayista, ha publicado Las otras puertas, El otro Judas, Israfel, Cuentos crueles, Las panteras y el templo, El que tiene sed, Crónica de un iniciado, Las maquinarias de la noche, Ser escritor, El evangelio según Van Hutten y El espejo que tiembla, entre otros títulos. Traducida a quince idiomas, su obra ejerce una clara influencia en autores de promociones más tardías. Recibió el Premio de Autores Contemporáneos de la UNESCO por Israfel, el Primer Premio Municipal por El que tiene sed, el Segundo Premio Nacional por Crónica de un iniciado, y el premio hispanoamericano José María Arguedas (La Habana) por El espejo que tiembla. El conjunto de su obra fue galardonado con el Premio Nacional Esteban Echeverría, el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores y el Premio Konex de Brillante. En 2014 publicó el primer volumen de sus Diarios (1954-1991).
Contratapa:
«Las palabras no podían corromperse; no eran cosas. Las palabras eran el origen y el espejo de las cosas.»
Un canon de la narrativa argentina no podría soslayar, junto a Borges y a Cortázar, la obra de Abelardo Castillo. Del mundo que conocimos traza un mapa personal de sus relatos. Desde el ya clásico e inolvidable "La madre de Ernesto" -que inauguró en 1961 su primer volumen de cuentos- hasta algunos de los últimos publicados, este libro reúne quince piezas -elegidas y revisadas por el propio autor- que arman una totalidad nueva: un itinerario tan particular como imprescindible.
«Estos relatos son, por decirlo así, mis preferencias. Dibujan a su modo una especie de autobiografía, que no debe buscarse en las anécdotas, sino en lo "indecible", en lo que cada historia significó para mí en el momento de escribirla.»
Abelardo Castillo cree en la literatura como testimonio, como modo de conocimiento y lúcido compromiso con la historia, y, antes que nada, como acto poético. Este libro es una cita impostergable con la obra de uno de los más notables y más leídos escritores argentinos, pero es sobre todo una invitación irresistible a encontrarse con algunos de los mejores cuentos de la literatura en nuestra lengua.
Reseñas:
«Castillo escribe cuentos, es decir, sistemas cerrados, y no meros relatos en los que no se pasa del recorte arbitrario de una situación, sin esa tensión que le da al cuento su valor de trampolín psíquico.» Julio Cortázar
«Desde hace unos años le he venido leyendo una escritura singular: textos dramáticos, narrativos, ensayísticos. Creo que la línea de las cumbres de nuestra América pasa -está pasando- por usted. Me gusta, sobre todo, lo libre, lo áspero, lo hondo de su palabra.» Gonzalo Rojas, Chile
«"Patrón" es uno de esos cuentos que lo dejan a uno breathless, como se dice en inglés, al terminar la lectura. Una obra maestra, de una crueldad admirable.» Hugo Rodríguez-Alcalá
«Una literatura que remite a una forma de vivir más intensa, a una llama de la vida más brillante, que la que vive la mayoría de nosotros.» Gonzalo Garcés
«Abelardo Castillo, un nombre vivo para agregar a la tradición literaria representada por Borges, Arlt o Cortázar. Un escritor de raza, polémico, incómodo y perturbador. Uno de los grandes.» El País, España
Abelardo Castillo nace en Buenos Aires, pero toma como lugar de nacimiento, por decisión, la ciudad costera bonaerense de San Pedro, adonde se traslada con su padre, y donde vive hasta los 18 años. Publica sus primeros cuentos en 1959. Gana un premio en el concurso de la revista "Vea y Lea" en 1959 (jurado: Borges, Bioy Casares y Peyrou). Funda "El Grillo de Papel", continuada por "El Escarabajo de Oro", una de las revistas literarias de más larga vida (1959-1974), enfocada por su adhesión al existencialismo, al compromiso sartreano del escritor. Luego, desde 1977 hasta 1986, dirige "El Ornitorrinco". Ha obtenido varios premios nacionales e internacionales y algunos de sus cuentos, novelas y obras de teatro, han sido traducidos al inglés, francés, italiano, alemán, eslovaco, ruso y polaco.
Ante la insistente recomendación de un amigo mío que es un ferviente admirador de Abelardo Castillo, le pedí que me prestara esta antología seleccionada (y fundamentada) por el mismo autor. Debo reconocer que me sorprendió gratamente la prosa de Castillo, reconocido por excelentes escritores, Cortázar incluido. Como toda selección de cuentos, algunos me gustaron más que otros, pero de los dieciséis que trae el libro, estos son los que destaco por sobre los demás:
"La mamá de Ernesto", primer cuento publicado por Castillo en 1961 es una viñeta que nos remite instantáneamente a los tugurios más sórdidos que pincelaba Roberto Arlt. Marca también la dualidad entre el concepto casi sagrado en el que se posiciona a una madre en contrapunto a lo que a esta mujer, que es la madre del amigo del narrador se dedica. En "El candelabro de plata", Castillo resucita a los narradores más perturbados de Edgar Allan Poe de los cuentos "El demonio de la perversidad ' y "El hombre de la multitud " para llevarnos perniciosamente a la escena del asesinato final. "Also sprach el señor Núñez" trata acerca de un oficinista común y corriente tiene un verdadero 'día de furia' en la oficina y se desahoga aterrando a sus compañeros con un auténtico monólogo propio de las "Memorias del subsuelo" de Dostoievski. El cuento oficia también como crítica social a la pérdida de identidad y estado de aturdimiento en el que las masas laborales están sometidas. El final es completamente irónico, paradójico y burlesco. "Patrón" es un cuento cargado del machismo y la crueldad que impregnaba a la gente de campo (y al resto de la sociedad) hace 50 años y que en cierto modo sigue latente en la Argentina. Una analogía cruel en donde la mujer y la tierra son lo mismo: nada más que una propiedad, una cosa. Es el tipo de machismo brutal que ya nadie tolera hoy. El final es digno del Horacio Quiroga más escalofriante. "Los ritos" tiene una mezcla balanceada del romanticismo pragmático de Cortázar con el pesimismo de Sábato y ciertos pasajes de monólogo interior joyceano incluidos. "Triste Le Ville" se tiñe de tintes borgeanos que prefiguran el infierno y la muerte ajena. En el primer párrafo de "Las panteras y el templo" está, tácito, el homenaje al aforismo de Kafka y en base a él, Castillo desarrolla el relato. La idea de un crimen irracional atormenta al narrador. "Crear una pequeña flor es un trabajo de siglos" pareciera ser un capítulo olvidado del libro "62/Modelo para armar" de Julio Cortázar. El mejor cuento de esta antología es para mí "La cuestión de la dama en el Max Lange", ya que el narrador propone un contrapunto entre la definición de una partida ajedrez y el asesinato de su esposa infiel. El final del cuento es sublime. "Los tiempos de Milena" es el único cuento fantástico del libro. En él no sabemos si Milena es una proyección alucinatoria del narrador o una viajera del tiempo, lo que sí sabemos es que el manejo del tiempo del autor en el relato se hace convincente en un final muy bien logrado. "La fornicación es un pájaro lúgubre" es el cuento más largo de libro y muy bien logrado, especialmente por el trato cortazariano que Castillo le aplica, utilizando la primera y tercera persona del singular. La historia está escrita con sutil ironía y dinamismo en su primera parte y como está dedicada a Henry Miller, concluye a modo de homenaje al autor por la forma en que Castillo escribe y describe sobre el amor.
Para aquellos que quieran adentrarse en la obra de Abelardo Castillo, este libro oficia como puerta de entrada.
(Este libro me pareció tan bueno que no puedo hacerle una reseña. Aún así, dejo acá abajo una copia de mi diario personal de lectura al respecto, por si a alguien le interesase)
Prólogo: Parece un chiste, pero este texto podría tomarse como un cuento más. Una introducción hermosa en la que se nos explica el por qué de este rejunte de cuentos, que se lo que le impide llamarlo antología, como ve él su propia literatura y nos regala frases dignas de ser corregidas y repetidas. Hay cuentos que, en efecto, son cuentos; y hay espejos, fotografías agrietadas, jirones de pesadillas o alegrías de alguien que es otro.
La madre de Ernesto: Tal vez el mejor cuento que leí en mi vida. La madre virginal y la madre sexuada, ambas en una misma figura imaginaria de los personajes. El dolor de los primeros acercamientos sexuales, las dudas, el miedo y todo lo no dicho en el cuento. Un cierre de frase que da sentido a todo y, por sobre todas las cosas, la sensación de que todo valió la pena.
El candelabro de plata: Hasta donde somos capaces de llegar por una mentira. El alcohol apareciendo por primera vez en el libro, la idea de ayudar a otro de una forma que no se espera, la violencia, la misericordia, armar toda la situación con solo dos personajes. Hay tanto para aprender de Abelardo que es difícil sacarle todo el jugo en una primera lectura.
Also sprach el señor Nuez: La búsqueda constante de rebelión puede llevarnos a la locura o es acaso una declaración de principios en contra del modernismo. Un hombre gritando a los cuatro vientos que no se quiere convertir en un jubilado que pasó gran parte de su vida yendo y viniendo del trabajo a casa. Es eso, una hermosa declaración de principios con un final entre ridículo y a la vez fascinante, volvemos siempre al mismo sitio aunque lo odiemos.
Patrón: Cambio total de voz, en una historia campesina sobre criados y acuerdos horriblemente machistas, Abelardo pone un tono totalmente distinto en su escritura y esto da el 90% del cuento. La historia es, a su vez, hermosa. La venganza siempre latente, el camino desde el deber ser hasta la liberación personal. Vuelvo a repetir, hay que leer muchas veces estos cuentos para sacarles todo el jugo que tienen. Este hombre daba clases de escritura al escribir.
Los ritos: Claramente a este le voy a robar más de una cosa. La idea de que todo forme una gran carta de desamor y que eso sea lo que va armando el cuento me parece hermosa. A ojos de hoy, se lo podría tildar de machista o violento pero creo que hay que entender el arte en el momento histórico que fue realizado. Asimismo, la literatura está para incomodar. Un cuento sobre como pesan algunos amores cuando no terminas de cerrarlos, cuando la vida no te dio la posibilidad de hacer un cierre fortuito.
Triste le ville: Tal vez el cuento más difícil de interpretar por su lenguaje fuera de lo convencional, la cantidad de metáforas que lleva y el fantástico siempre latente. Aún así, un texto de gran poder literario. La imagen del hotel, la idea del boleto de tren a la tristeza y un pueblo casi fantasma que funciona como complemento del narrador me parecen hermosas. Un cuento para robar imágenes, sin lugar a dudas.
Las panteras y el templo: Hermoso y perfecto por donde se lo quiera mirar. La necesidad de sentir como nuestros personajes, de tener la experiencia en carne propia para poder escribirla, el juego entre narrador, escritor y personaje, la idea de meta-literatura (similar a continuidad de los parques), el dolor y el desgaste en la relación amorosa. No me voy a cansar de escribirlo en este diario, cuando hay dudas hay que recurrir a Castillo, el único hombre con todas las respuestas en el cuento.
Crear una pequeña flor es trabajo de siglos: Este no me gustó y me parece bien, sería desconfiable que si el mismo Abelardo dice en su prologo que hay malos cuentos en este libro, que yo dijera rosas de absolutamente todos. Creo que se dejó llevar por una suerte autobiográfica en la cual la elección de palabras sobredimensionadas le sacó al texto todo tipo de poder narrativo. Amo los cuentos de amor escritos desde una literatura seria y llena de significantes, este no es el caso y las referencias se me escapan. (Pequeño Disclaimer: acabo de releerlo y tuvo un golpe emotivo que no causó la primer lectura. Creo que el que no estaba listo era yo para el cuento y no viceversa, no hay que dejarse llevar tanto por primeras impresiones negativas. Asimismo, la literatura en un estado de ánimo y uno tiene que comprometerse con el objeto cuento, no tomarlo a la ligera)
Por los servicios prestados: Cuando te dicen contame una historia se refieren a esto. Un cuento en el que podemos rescatar los saltos de memoria en la construcción de la relación de los dos personajes, pero en el cual terminan quedando más preguntas abiertas que respuestas. Cualquier taller literario diría que tiene cosas por corregir, yo creo que la magnitud está en lo que no se dice. Siempre.
Carpe diem: Este es el Castillo que amo, el Castillo Carveriano que te arma un cuento desde la conversación de dos personas, que juega con un realismo extraño y termina con un knock out que te hace golpear el libro y quemar todos tus cuentos. Ojalá algún día pueda hacer algo que sea al menos la mitad que esto, porque pintar un cuadro en cuatro pinceladas es una cosa difícil.
La cuestión de la dama en el Max Lange: Uno de sus cuentos más hermosos, con el que tuve el placer de conocerlo en un primer momento. Es más, Pablo Ramos me dijo (aún no sé si como halago o como reproche) que mi primer intento de cuento era una versión muy poco trabajada de este. La idea de que alguien pueda irse en el medio de una partida de ajedrez sin que nadie se dé cuenta me parece tan fantástica como realista, ahí está el cuento, en hacernos defender el imposible.
La mujer de otro: Pero la reconcha de tu madre. Abelardo me quita las ganas de escribir y me hace sentir un mediocre constantemente. Al mismo tiempo, agradezco enormemente cuando belleza y simpleza se unen en uno solo. Al nivel de Carpe Diem, este cuento es imposible de describir, es un cuento sobre todo lo que los personajes no están diciendo, sobre los trasfondos de un supuesto triángulo amoroso que no se resuelve, por el contrario, se abre. Imágenes súper simples que construyen lo que creo es una obra maestra. Una vez más, cuando haya dudas, volver a Castilllo. Siempre.
El tiempo de Milena: Con una frase te justifica el fantástico, te resume el cuento al principio diciendo que los hombres no queremos ver envejecer al amor de nuestras vidas. Te muestra todas las herramientas que usa, no se guarda nada. Tal vez por eso este es de los cuentos más perfectos de este hombre, porque todo está siempre a la vista. Nada más hermoso que el amor en el tiempo, en dos líneas temporales que van chocándose cada tantos años. Hermoso, sencillamente hermoso.
El hermano mayor: Estar tan cerca del final del libro y que los cuentos mantengan un nivel de excelencia es algo que no sucede en muchos casos. Este es un cuento de diálogos, dos personajes bien marcados que muestran la historia en todo lo que no se está diciendo y en lo que no se tiene que ver. Tal vez el más llevable al teatro (teniendo en cuenta la fascinación de Abelardo por el género, no sería raro que eso haya influído en gran parte) y uno de los más interesantes.
La fornicación es un pájaro lúgubre: Y se termina este libro enorme con un homenaje a Henry Miller. Los tistes de Nabokov (lógicos por su pasión hacia la literatura rusa) se ven en todos lados. Tal vez el menos entretenido o menos llevadero, pero también el más intelectualizado. En este libro convivieron los dos Castillos, el ruso y el carveriano. Ambos tienen muchísimo por ofrecer.
Conocí al autor mediante una de sus novelas, pero claramente me asombró en la calidad de sus cuentos. Me encantaron.
Este libro es un recopilatorio personal de su obra y en la que recorremos diferentes tópicos que de por si se repiten en la antología. Estos temas por lo general son: Las mujeres, las relaciones, el amor, el estado de alienación del sistema y LAS MUJERES. Puede ser repetitivo, machista y sus personajes ser el típico que “se las sabe todas”, y algo de eso tiene, le guste a quien le guste. Básicamente es un porteño hablando de lo que sabe, o sea, de todo y a la vez nada.
Destaco por sobre todo los primeros 4 cuentos, son 4 golpes a la mandíbula. La madre de Ernesto: Prostitución. El Candelabro…: Pobreza. Also Sprach…: Trabajo. Patrón: Feminista. Con una palabra les describí con qué se pueden topar y a medida que avanzan se encontraran con más relatos y frases que hasta me dejaron boquiabierto.
Recomiendo este libro de cuentos de un cuentista de vieja escuela que por momentos me recordó a Isidoro Blastein por su imaginación y enganche. Me quedé de este libro un gran puñado de fragmentos y me hizo reír y mucho con bastantes de sus ocurrencias. Vale la pena pasar por sus cuentos y encima tiene uno dedicado a Henry Miller. ¿Qué más pedir?
Castillo lo dice en el prólogo: No es una antología, es tan sólo una selección que el autor hace de sus cuentos, en forma autónoma y personal, por sus motivos que son sólo de él. Abelardo Castillo es un gran narrador, versátil, diverso y arriesgado. En esta selección hay cuentos tan heterogéneos, pero que conservan la impronta del autor en todo momento, lo que los editores llaman "estilo" y los académicos "voz". Son cuentos para leer más de una vez porque a simple vista se corre el riesgo de perder lo que dicen los silencios de los personajes. Hay momentos brutales como La madre de Ernesto, Patrón y Las panteras y el templo. Hay episodios sublimes como La cuestión de la dama en el Max Lange, que fue mi favorito. Un punto notable es La mujer de otro, donde las palabras, tan justas y medidas, son el prólogo de lo que callan sus protagonistas, que termina siendo la esencia viva del cuento. Me gusta mucho cuando lo fantástico es tan asimilable que sólo queda disfrutar la narrativa, la poética y la armonía de las palabras. Así me pasó con Castillo.