Me sentí incómoda leyendo este libro desde la primera página hasta que lo terminé. Lo subrayé mucho y escribí "ay" en muchas partes. Al leer sobre los gendarmes que hacen caca en bolsas cuando están en turno. Sobre una casa de cuidados que se incendia y cuyo fuego no puede apagarse porque no hay ningún grifo que funcione alrededor. En la escena que muestra cómo la PDI torturó a una narco y a su hija, ambas embarazadas, en su propia casa.
El libro recopila una colección de crónicas-reportajes y tiene una estructura clara: abre con las condiciones horribles en las que trabajan los gendarmes en Chile, que provienen de las regiones más pobres del país y que, por eso, ven en la gendarmería una carrera de superación que no se concreta. Eso me hizo pensar en Lionel, ese niño que conocí en el sur que estudiaba contabilidad en un pueblo sin empresas. Tantas contradicciones. La curva del libro abre con historias dolorosas y luego se pasa a la comedia. O al menos las historias presentadas me dieron risa. Es que Sergio Jadue, Victorino Arrepol y Jorge Valdivia son personajes de delirio. En estas crónicas, aparece Jadue diciendo "nadie tiene el pico más grande que yo" y se ve cómo el martillero de Penta decía que era de la CNI, tenía un póster de Pinochet autografiado, leía el tarot y usaba tecnología como del Inspector Gadget: una corbata con cámara. De película de absurdos. Después, vienen las crónicas de narcos, que no sólo son de barrios pobres o sólo hombres, sino también de Vitacura, con apellido y emparentado con un senador, o mujeres. Y esa es una de las historias que más me estremeció, la de Paula Gamboa, una narcotraficante a cuya casa entró la PDI y la torturó a ella y a su hija, ambas embarazadas. Dentro del mundo del narco también ocurrió el descuartizamiento de Marta Peña, cuyo responsable aún no se identifica. Me dolió montón la historia del vendedor de cidís pirata que murió quemado en la cárcel de San Miguel, porque pensaba en mi familia, que ha vendido películas piratas en San Bernardo, porque de todas las historias es la que nombra más lugares y calles en las que yo también he habitado, porque quizá es la biografía que más se acerca a la mía.
Hacia el final, vienen los reportajes sobre los adolescentes delincuentes, sobre una mujer que cree que puede salvarlos y lucha contra un sistema lleno de descriteriados que utilizan la justicia para castigar a estos jóvenes desde el clasismo y el aduoltocentrismo; en lugar de pensar en estrategias para rescatarlos efectivamente. Hacia el final, aparecen las historias de abuso sexual, como la de Érika Olivera, que su padrastro violó por diez años y el viejo era pastor evangélico. O la de la basquetbolista que perdió la consciencia y sobre la que todo el mundo se volvió en contra y culpó, como pasa en esta sociedad machista cuando una mujer es abusada. La mácula recae siempre sobre ellas. Las últimas dos historias son sobre un asaltante de bancos divertido y megalomaníaco y sobre un perrito mestizo que todo indica que fue dado de baja por marcar como portador de drogas a un juez. Y eso me gustó mucho, que cierre con un perrito de origen quiltro.
Además de la investigación, que se nota sesuda y obsesiva, los reportajes están llenos de cuñas lúcidas. Dicen los entrevistados: "Hay que ser valiente para pegarte un tiro y saber que te vai a morir". "La base de superar la depresión es decir la verdad". "Tengo cosas que trabajando nunca hubiese podido". "Me hizo pensar en la cantidad de decisiones que he tomado basado en la confianza". "Tenemos un tarro de basura dentro de nosotros". "Más que un destino real, el sur de Chile es un estado mental". "Si le robai a alguien que tiene un auto que vale quince palos es porque tiene plata". Y del autor/narrador: "Los secretos pesan mucho".
Y los finales, el del joven pistolero que termina jugando un juego de rol donde dispara y finalmente lo matan. El del asaltante de bancos que está convencido de que se fugará de la cárcel y le pide al periodista que anote como cierre de la entrevista "continuará", el de la narco que se atrevió a denunciar tortura de la PDI y que cuenta que los otros narcos le dicen "ídola", o el del perrito Argus, que es reemplazado por un perro llamado "Argos".
Lo único que no me gustó o que podría mejorar es la prosa. Me pasa igual cuando leo a la Alejandra Matus. Yo sé que son periodistas, que su pega no es lucirse con la forma de escribir, con que se entienda y esté correcto está bien, pero hay un abuso del adverbio de mente. Hay una frase de 30 palabras donde tres son "humildemente", "socialmente" y "simplemente". Siento que eso entorpece la lectura y es algo fácil de editar.
Es un libro que resume todos los problemas de Chile, que muestra los absurdos y las contradicciones del país y también de las personas. Nada es blanco o negro, la vida está llena de matices incómodos que cuesta resolver, que quizá no se pueden resolver o simplificar. No sé, antes me desesperaba mucho pensando en por qué encuentro belleza en las películas de Woody Allen, siendo que el tipo es un abusador asqueroso. Cómo alguien que crea tanta belleza también puede crear tanto horror. Guardando las proporciones (de belleza y de horror) pensé que yo misma estoy llena de claroscuros. Y también pensé que quizá la vida es así porque las personas no somos absolutas. Es lo que más pensé cuando leí a la Svetlana Aléxievich, que era capaz de narrar el horror con tanta belleza. O como la tesis de Inside Out: para que llegue Alegría primero tiene que estar Tristeza. No quiero que suene a apología del mal, pero cada vez me convenzo más de que en la vida existen los contrastes y que gracias a ese conflicto es que existimos.
Dentro de esas contradicciones, también, pensé en la razón de ser del periodismo. Pensaba, ¿quién va a leer esto? ¿De qué sirve escribir sobre el horror? ¿Para que le den premios a los autores? ¿De qué sirve publicar en Sábado historias protagonizadas en su mayoría por gente muy pobre que no lee el diario? Lo pienso por mí también, no tengo resuelta la contradicción de ganar privilegios por denunciar injusticias. También pensaba, ¿cómo puede cualquier periodista escribir sobre un lugar al que no pertenece?
No sé, entre más leo para entender menos entiendo el mundo. Y si salí con más preguntas es porque el libro es bueno.