UPDATE (Junio 2023):
Tenía preparado ya en mi cabeza lo que iba a decir al momento de terminar este libro. Al momento de anunciarles que, por fin, Luna de Hueso ya se ha ido a maquetación.
Pero no tengo palabras. No después de releer la nota que hice en este mismo espacio, por allá de marzo de 2021.
Han sido tres años. Tres años de escalones subidos y cuestas rodadas. De infinitas noches en las que me iba a la cama susurrando "no puedo hacerlo", y de breves madrugadas en las que gritaba: "No. Hoy lo intentaré otra vez".
Así que sólo me resta compartirles la dedicatoria que tendrá esta historia. Y darles las gracias por todo, todo el apoyo que me brindaron hasta el último minuto. No hay manera de pagar algo tan maravilloso.
Este libro es para mí.
Mi viaje tuvo tanta niebla que creí que me había perdido para siempre.
Pero decidí no rendirme
y volví a encontrar el camino.
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UPDATE (Marzo 2021): Muchas gracias a todos los que le dieron apoyo a este pequeño. Lo de las estrellas son ocurrencias que uno no puede controlar, pero quería aprovechar este update sólo para hablar un poco de lo que me está pasando, no con el libro, sino conmigo al momento de escribirlo.
Lo que voy a contar aquí es puramente personal, y lo único que pretendo, simplemente, es por fin expresar lo que desesperadamente necesito decir.
Cuando escribí el Señor del Sabbath hace unos años, una de las cosas más difíciles para mí de tragar eran las veces en las que algunas personas llamaban a Elisse estúpido y egoísta, un niñato tonto y desesperante. Pero no porque el lector estuviese equivocado en llamarlo así ni porque no tuviese su derecho de percibir al personaje de esa manera, sino porque ese Elisse de ese libro, de ese Señor del Sabbath... era mucho de lo que yo fui al momento de escribirlo.
Una persona deprimida. Una persona sin identidad, sin dirección, sin madurez. Y, sobre todo, una persona terriblemente sola, dispuesta a aferrarse con dientes y uñas a cualquier pizca de afecto que pudiesen darle y convertirla en su salvación. Y me dolió mucho darme cuenta de ello. Me dolió darme cuenta de que ese chico no era tan ajeno a mí como creía.
Actualmente, estoy atravesando por un proceso... muy difícil. Escribir una historia tan importante como La Nación de las Bestias 3 estando sumida en la depresión, en la ansiedad y en días en los que soy incapaz de levantarme de la cama, en donde la vida poco a poco ha perdido su color, es sin duda el reto más grande que he tenido en mi vida, mucho más desafiante que lo que alguna vez fue Leyenda de Fuego y Plomo en su momento, historia que me hizo ver mi suerte negra no porque no estuviese mentalmente estable, sino porque era una historia complicadísima en sí.
Y ahora que estoy escribiendo este tercer libro, soy consciente de que estoy dejando mucho de ese dolor aquí, de que varias heridas que veremos provienen de lo que estoy viviendo actualmente. Es un momento donde no percibo el límite entre el sueño y la realidad, un momento sin luz y en donde hay más melancolía, arrepentimiento y falta de vida que nunca. Éste... va a ser un libro gris. Muy gris.
Y por eso, perdónenme, de verdad. No puedo prometerles un libro emocionante, lleno de adrenalina, giros descabellados y una trama trepidante como lo fue Leyenda de Fuego y Plomo, porque simplemente, ahora, en el momento en que escribo cada capítulo, cada frase, estoy triste. Estoy destrozada y me cuesta mucho juntar mis pedazos.
Y aún así, a pesar de todo, necesito desesperadamente contar esta historia.
Gracias por todo su cariño. Gracias por ser mi Nación y por estar a mi lado. Aún con la incertidumbre de qué clase de libro voy a entregarles, tengan siempre la promesa de siempre estoy haciendo mi mejor esfuerzo. Que sin importar cómo y en qué estado, estoy siendo la mejor escritora que puedo ser en este momento.
No merecen menos de mí. Gracias.