Un clásico de los que sí me hubiese gustado leer en la escuela.
Una mujer-mito local, pero basada en una persona que realmente existió y cuya llamativa existencia, claro, no pasó desapercibida: a su alrededor la comunidad fue bordando leyendas, a día de hoy, todavía notables. Esta es una narración que ofrece, recostada, en parte, en la ficción ㅡy dentro de lo posibleㅡ, un pequeño vistazo a la vida de una aristócrata del s.XVII en el Reino de Chile.
¡Una bruja! Esta “nieta de princesas germanas e indias” no era una mujer común, era ella, dicen, una hechicera que cometió crímenes imperdonables, y que por ser una protegida tanto del Demonio como de los propios mensajeros de Dios, salió siempre impune. Magdalena Petit incorpora con éxito estos elementos, naturales y sobrenaturales, en su novela.
Se nota el esmero por intentar hacer viajar a quien lee siglos atrás, y a pesar de la brevedad de su libro, dan resultado el vocabulario empleado y la ambientación de aire solemne. Es, la Quintrala, aquella hembra poderosa y cruel que los hombres de a pie y los religiosos promulgaban; mas también es Catalina, la mujer que se dice atormentada por la lid desenvuelta entre las dos fuerzas que se disputaban su alma y operaban dentro suyo: el Bien y el Mal.
Es de aquellas obras que, leídas en el momento justo, se quedan con una y se rememoran cada tanto; hechas para reiniciar después. El puntapié inicial en mi ruta de libros que reviven a tan fascinante personalidad.