Así que pasen cinco años, es una de las últimas obras de teatro que el poeta andaluz escribió y revisó para su puesta en escena solo dos meses antes de su muerte. Esta obra, que pertenece a lo que se conoce como "Comedias imposibles", es compleja de leer pero más de entender y me dejó sumida en un estado de confusión del que todavía no he logrado salir.
Federico García Lorca y yo somos viejos conocidos, en lo que al teatro se refiere. Nunca he tenido problemas en alabar su estilo poético y su manera delicada y elegante de componer los diálogos, apoyados en poemas de su invención y pequeñas cancioncillas populares que dan musicalidad y ritmo al conjunto. Pero en Así que pasen cinco años ha logrado la perfección en este sentido. En esta obra no hay ninguna palabra al azar. Todas están colocadas para que resuenen en tu cerebro, formando una composición musical hecha de letras y versos que no solo es preciosa, si no extremadamente difícil de conseguir.
Los poemas que aparecen en la obra además de ser muy hermosos, nunca son recitados de forma directa por los personajes. Son hablados pero eso no les quita ni el dinamismo ni la musicalidad.
Pero si la forma de la obra es magnífica, la historia ya es otro cantar. Inmerso de lleno en la corriente del surrealismo, Lorca nos lleva a través de una historia donde el tiempo y lo onírico se unen, pillando desprevenido al pobre lector que no llega a enterarse de mucho. La frecuente simbología, el numeroso repertorio de personajes y la imprecisión espacial y temporal de la obra, consiguen dar la sensación de incoherencia.
Durante su lectura siempre sentí que se me escapa algo. E incluso cuando lees el excelente prólogo de la editora Margarita Ucelay, en el que se proponen varias interpretaciones de la obra y su significado (los grandes expertos en Lorca, ni siquiera se han puesto de acuerdo) logré disipar esa bruma de incomprensión parcial.
Definitivamente no la recomendaría para empezar a introducirse en el universo Lorquiano. Hay obras teatrales mucho más livianas y fáciles de entender, pero no tienen el atractivo de lo desconocido. Aún así, si os decidís a leerla armaros de toda la paciencia del mundo. La necesitaréis.