Me gustó mucho esta novela porque era lo que necesitaba en el momento y me lo dio.
Se trata de una novela realista y contemporánea que transcurre en una sola noche y que protagonizan varios personajes, siendo los más importantes Silvia y Julia. La historia no es sino una sucesión de escenas que bailan entre lo absurdo y lo profundo, con lo que te ríes a la vez que reflexionas con los personajes. Me ha resultado increíble la habilidad de la autora para aunar estas dos emociones y que el lector disfrute por partida doble.
Las amigas protagonistas son muy diferentes entre sí, pero se adoran y cuentan la una con la otra en todo momento. Por un lado tenemos a Silvia, que es espontánea, divertida y una fanática del Barça, club al que su abuelo la inscribió nada más nacer, antes incluso que en el registro civil. Silvia ha mamado la afición por el Barça, es una experta en fútbol y se conoce al dedillo todo lo relacionado con el equipo de sus amores.
¿Qué pasa? Que ahora se ha colgado de un chico que es del Espanyol.
A mí esto me sonaba a chino, sinceramente, porque a mí el fútbol no me gusta, por lo que no estoy nada puesta en el tema. Por suerte, la autora no tiene problemas en darte unas pequeñas bases para que entiendas por qué es tan terrible que a Silvia, que tan culé ha sido siempre, le guste un chico que es del Espanyol. Para ella es como una tragedia y, gracias a la autora, llegas a entender por qué.
Por otro lado tenemos a Julia, una chica que tiene que mudarse y que no sabe dónde demonios meter sus cosas mientras no pueda trasladarse a la casa de Silvia. Ésta comparte piso con su amiga Elena, quien ya ha manifestado su intención de irse, pero sin dar ni una pista acerca de cuándo piensa marcharse. A Silvia le sabe mal presionarla, pero Julia realmente necesita un sitio donde dejar sus cosas, pues tiene el coche y la oficina llenos a rebosar de sus pertenencias y le urge dejarlas ya por fin en su nuevo hogar.
Julia ha vivido siempre con sus padres, pero estos van a hacer una señora reforma en su casa y se van a trasladar a una masía, cosa que a la chica no le viene bien por temas de trabajo y estudios. Es por esto por lo que ella y Silvia decidieron que vivirían juntas en el tercero sin ascensor que los abuelos de Silvia dejaron en herencia a su nieta, pero en el cual no habrá sitio libre hasta que Elena, por fin, se marche.
Esta es la trama principal y la que va a hacer que los personajes pasen por mil y una situaciones de lo más disparatadas y desternillantes. De verdad que disfruté mucho leyéndolo porque era lo que me hacía falta en el momento, así que no puedo dejar de recomendarlo. No sólo por Silvia y su chico del Espanyol, y Julia y su necesidad de mudarse a la de ya, sino también por todo el resto de personajes que van apareciendo, como Lucía, Quim, Iván y la propia Elena, que también tiene su parte de protagonismo. La historia de Elena es, quizá, de hecho, la más seria y profunda de todas.
Hay un partido del Barça, hay una fiesta de cumpleaños (¡de disfraces!), hay parejas que se separan y otras que se unen, hay alguna que otra visita al hospital, hay momentos de superación, de histerismo, de desesperación y de risas, y, por supuesto, hay reflexiones y situaciones en las que los personajes se muestran tal como son y se apoyan incondicionalmente unos a otros.
Me ha gustado especialmente la amistad entre Silvia y Julia, y también sus respectivas relaciones con personajes del sexo opuesto. Lucía y Elena me han encantado, cada una por diferentes motivos, y he detestado profundamente a Carlota.
Poco más puedo añadir, salvo que lo recomiendo muchísimo. ¡Leedlo y reíd!