"Todos los libros del mundo, llenos de pensamientos y poesía, nada son ante un minuto de sollozo, cuando el sentimiento se agita en torrentes, y el alma se siente y se encuentra profundamente a sí misma. Las lágrimas son el hielo del alma derretido; todos los ángeles están próximos al que llora."
"Cuentos Maravillosos". Nunca mejor puesto el título de este libro.
Herman Hesse nos muestra su costado cuentista y nos lleva de la mano apaciblemente, a través de las líneas de sus relatos, profundamente espirituales, llenos de mensajes claros, que nos hacen pensar y repensar sobre lo importante que es estar vivos, recordar lo efímero de las cosas, lo fundamental que es obrar con el corazón, ser agradecidos, no olvidar a Dios, respetar a los viejos, dejar de lado las hipocresías y los egoísmos. Son cuentos, relatos y fábulas poblados de alegorías, enseñanzas y leves instrucciones para la vida.
Hay cuentos que me encantaron y que disfruté al máximo, como por ejemplo “Juego de Sombras”, donde los celos generan lo peor, “El cuento del sillón de mimbre” que nos dice que no bajemos los brazos ante la falta de inspiración, “Nota curiosa de otra estrella”, para mí el mejor del libro, que narra la historia de un joven apesadumbrado que descubre que hay males mucho peores de los que sufre, “Una sucesión de sueños”, en donde narra en forma encadenada y al mejor estilo kafkiano (puesto que Kafka era un maestro en lo que a lo onírico respecta) una secuencia de sueños con significados, “Faldum”, otro de las fábulas más lindas acerca del deseo desmedido, “Conversación con la estufa”, relato de neto corte fantástico, “La metamorfosis de Píctor”, que alude a una historia en el Paraíso, “El Rey Yu”, ambientado en la antigua china con estilo bien borgeano y también la fábula final de “Los dos hermanos”.
En resumidas cuentas, un libro recomendado para todo aquel lector que conoce a Hesse y que encontrará muchos puntos en común con sus novelas más largas y para todo aquel que no lo conozca y quiera saber cómo escribía este genial escritor alemán.
A este último lector, puedo asegurarle que no se va a arrepentir.