Chimal es como esos restaurantes que no fallan. Claro, siempre habrá algún cliente al que no le guste tal o cual plato del menú, pero, incluso, con todas esas reservas, volverá con amigos para repetir la oportunidad. En especial alabo en el antologista la capacidad que tiene de aunar el ojo estético atinado y la voluntad divulgativa.
"La tienda de los sueños" consigue uno de sus objetivos más claros, demostrar que la tradición del fantástico en México es tan constante como de alta calidad. Lo hace además en esta ocasión sin invocar los gigantes del canon, sino reivindicando la firma de autores y autoras cuyo nombre merecen mayor encomio. Por cierto, de los 20 cuentos seleccionados, 10 son de escritoras. No se llame el lector a engaño: su inclusión no se justifica como mera cuota de igualdad; la calidad de sus cuentos habla por sí misma. Tampoco querría perder la ocasión de dar la bienvenida al canon divulgativo de voces que solo la miopía se atrevería a motejar de "jóvenes". Nada más delicioso que poder disfrutar de una antología donde no se confina a autores de este milenio.
Vamos pues ahora a la glosa de los cuentos, para que el lector o lectora sepa a qué atenerse.
- Amado Nervo, "Como en las estampas". Mucho hay en Nervo que sigue siendo modernos. Este cuento, sin embargo, a mis ojos ha envejecido mal. Quizá sea por su trasfondo religioso. [Por el contrario, la recomendación de Chimal de "El donador de almas" (disponible en la red) tiene su interés, si uno es capaz de no atrangantarse con la misoginia propia de principios del XX.]
- Elena Garro, "La culpa es de los tlaxcaltecas". Aunque no es el cuento más fácil de seguir del mundo, su brillantez es inapelable. Si alguna vez alguien se atreve a decirles que no hay escritoras de calidad en el canon del Boom, pueden abofetearles (simbólicamente) con esta obra maestra. En síntesis, es un cuento que penetra entre muchos aspectos en la relación que el pasado prehispánico tiene en la identidad del México moderno. No se lo pierdan.
- Leonora Carrington, "La debutante". Pese al elogio de Cortázar, sigo pensando que Carrington es mejor pintora que escritora. Este cuento me lo viene a recordar. ¿Qué ocurriría si una muchacha le pidiera a su amiga hiena que fuera a una fiesta de gala? Cuento un poco demasiado surrealista para que termine de encantarme.
- Juan José Arreola, "El converso". Otra irónica incursión de Arreola en el territorio de la salvación y la fe. En mi opinión, no es de sus cuentos mejores ni de lejos.
- Guadalupe Dueñas, "Yo vendí mi nombre". Correcto cuento, pero demasiado claramente inspirado en las fantasías decimonónicas de autores que venden alguna propiedad, sea el propio reflejo, la sombra o, como es en este caso, el nombre. Buen cuento, pero que se olvida pronto.
- Amparo Dávila, "Moisés y Gaspar". Como todo lo que escribe Dávila, es una delicia. Es un relato que dialoga muy bien con el neofantástico cortazariano: lo increíble se naturaliza. En este caso, es la adopción de dos ¿niños? ¿fantasmas? Confirma una intuición que todos hemos tenido alguna vez: hacerse cargo de un par de fantasmas te puede descarriar la vida.
- Inés Arredondo, "Orfandad". Cuento que navega en los pliegues que van del sueño a la pesadilla y te da de bruces con una imagen tremenda. Demasiado situacional para mi gusto. Poblado de imágenes memorables, pero carente de un desarrollo sugestivo.
- José Emilio Pacheco, "Tenga para que se entretenga". Empecemos diciendo que Pacheco es una institución. No conocía su vertiente fantástica y es sólida, señores. Uno de los mejores cuentos de la colección. ¿Qué ocurre si en la desaparición de un niño hay mayor misterio del que estamos dispuestos a aceptar? La tercera perla del libro en mi opinión.
- Agustín Monsreal, "Tema del rescate". Demasiado vago y simbólico para hacerse memorable. Como en el caso de Arredondo parece más una descripción de una situación que de un cuento con un desarrollo o estructura climática (que son los que me gusta más).
- Guillermo Samperio, "Tiempo libre". Un cuento que no debe faltar en la enseñanza del fantástico en las aulas. Un buen merecido clásico del autor que habla sobre nuestra relaciones con el mundo de las noticias y nuestra capacidad o incapacidad para contaminarnos del mundo que hay afuera.
- Álvaro Uribe, "El evangelio del hermano Pedro". Valga decir que Borges podría haber firmado este cuento. Una brillante sobre las relaciones del tiempo repetido y del tema de la culpa que tanto y tan bien exploró el maestro argentino. Recomendadísimo.
- Verónica Murguía, "El ángel de Nicolás". Un relato muy bien escrito e increíblemente documentado. Lamentablemente como historia en sí no me dice mucho. Un agudo lector puede imaginar qué pasa con solo leer la cita que precede al cuento.
- Norma Lazo, "El que camina al lado". Este cuento me encantó. Será por aquello que disfruto de los relatos que trabajan el tema del doble. Trae el tema del "Doppelganger" ('el que camina al lado') al mundo presente y lo hace con una enorme fuerza aterradora. Mi unico reparo es la inclusión del perro casi como una idea tardía. A Lazo le falta preparar bien el clímax terrorífico, por lo demás es muy buen cuento.
- Cecilia Eudave, "El oculista". ¿Qué ocurriría si uno de sus ojos decidiera tener una vida independiente? Pues Eudave explora esta posibilidad en su cuento. Se agradece el que la autora retome un tema hoy casi olvidado del género, el de las partes del cuerpo con vida propia. Lástima que no desemboque en un clímax gratificante.
- Ignacio Padilla, "De sables y sabios". ¡Qué bien escribe Padilla, señores! Él es uno de esos escritores que podría redactar la lista de la compra y sería una maravilla. Este cuentecito en dos partes y ubicado en un mundo oriental enigmático es una delicia. Con todo, el final podía haber sido más impactante, se viene abajo un poco. Como pista les diré que cuiden de sus mascotas, también tienen alma y si son capaces de afantasmarse.
- Fernando de León, "La noche de los inmortales". No es que sea este cuento un "buen" cuento desde el punto de vista de la esos estándares estilísticos que a veces se invocan. Fernando nos trae un cuento sin embargo, deliciosamente gamberro y divertido. La presencia del humor en esta antología es de lo más saludable. En síntesis, el cuento nos plantea cómo un atraco callejero puede ir de mal en peor cuando uno tiene la mala fortuna de intentar atracar a un inmortal y al propio demonio. Muy divertido y se lee en un santiamén.
- Bernardo Esquinca, "Moscas". Con Esquinca tenemos un autor que promete. Ya vienen siendo varios los cuentos que he leído de este señor y son todos excelentes. Aquí explora como detrás del miedo, algo paranoide hacia las moscas, puede esconderse algo mucho más perturbador. Lovecraft estaría orgulloso de Esquinca. Con este material, se podría hacer un cortometraje que aterrorizara generaciones.
- Magali Velasco, "Mientras la Maga duerme". Un homenaje a Rayuela con intención meritoria, pero que para mí no termina de funcionar.
- Iliana Vargas, "Styx y Umene". Buen cuento que hará la delicia de todos aquellos que recuerden detalles de "El silencio de los corderos". Lo mejor es el uso alternado de puntos de vista. Más allá de estos, a mí, personalmente, se me queda un poco cojo, pero es buen cuento, conste.
- Édgar Omar Avilés, "Indocumentado". ¡Guau! No sé cómo lo ha hecho Avilés para hacer el mejor cuento de toda la colección y uno de los más relevantes en esta era de Trump. Valga decir que el autor explora la relación entre la inmigración ilegal, la memoria y la tragedia del cainismo forzado sobre las comunidades marginadas. Sencillamente una joya que merece enseñarse en la universidad, ya.
Por preferencias personales me quedo pues con los cuentos de Avilés, Esquinca, Lazo, Uribe, de León, Padilla, Samperio, Pacheco, Dávila y Garro. Yo empezaría por ellos. Pero todos tienen su encanto. Nuevamente, Chimal nos deleita con una antología de calidad. ¡Disfruten del fantástico mexicano y feliz lectura!