Algunas historias he tenido que leerlas algún que otro par de veces para comprenderlas (o pensar que las había comprendido), lo cual me hace pensar que o bien Amanda Baeza es un prodigio o que yo soy medio lelo. Me decanto por las dos. En cualquier caso, he disfrutado este cómic como he hecho con pocos. Cuanto menos me enteraba de algo, mejor, porque entonces volvía al principio y releía de nuevo la historia, ya con un nuevo y fresco enfoque que me permitía descubrir detalles antes ocultos. A veces era un simple bocadillo que ahora lo decía todo, otras veces una forma informe que repentinamente se llenaba de contenido y otras un garabato que daba por sombra pero que al verlo una segunda vez me aclaraba toda la historia. No sé, a ratos sentía que más que leer estaba excavando. Cada vez más profundo. Cada vez más dentro. Aunque más bien diría que han excavado por mí, porque yo todo el viaje lo he hecho tumbado y he acabado llegando a un lugar que no sabía que existía pero en el que sin duda alguna ahora quiero estar: el mundo raro de Amanda Baeza.