Sinceramente, me ha parecido un poco denso, ¡casi hay que tener un máster en balística para entenderlo! La introducción y la parte final, dedicada a la arqueología de los espacios de la posguerra, son los mejores capítulos. El resto es una descripción sin fin de trincheras y parapetos que resulta un tanto tediosa, pero, bueno, el libro divulga el conocimiento que la arqueología aporta al estudio de la guerra de 1936-1939 y lo hace con la mejor de las intenciones.