Llegué a este libro después de que me llegase recomendado por gente con mucho criterio y vías muy distintas.
Sin duda creo que es un ensayo de necesaria lectura, no tanto porque nos acerque a una forma de ver el mundo más orientalizada que se aleja de los canones filosóficos de occidente, sino porque de verdad considero que cualquier ser humano en su sano juició estaría de acuerdo en el contenido de gran parte de sus páginas. Al fin y al cabo, lo que el libro nos recuerda capítulo tras capítulo, es que las claves de una vida satisfactoria son mucho más prosaicas y elementales, de fácil alcance, que los laberintos en los que la filosofía en sus excesivos tecnicismos o la sociedad en su carrera por el éxito se empeñan en frustrarse reiteradamente.
Hay que recordar que ya casi dista un siglo desde la escritura de este libro, que confiere también un sabor especial a su contenido. En particular el capítulo del 'goce del hogar' causa hasta sonrojo y estupefacción en las reflexiones de la figura de la mujer, totalmente legítimas por otra parte, y pone de manifiesto cómo afortunadamente la sociedad occidental ha avanzado con el empoderamiento de la mujer. De una forma similar, la tesis que recoge el autor de que la unidad biológica es la familia y que la felicidad se construye satisfaciendo las apetecencias de esa unidad biológica me parece desacertada e inconsistente con el resto del libro.
Por otro lado, el libro se escribió poco antes de la segunda guerra mundial, cuando el mundo se estaba armando, y llama la atención cómo el autor con una visión lúcida ya se anticipaba a los acontecimientos y no se dejaba arrastrar por los panfletos de la época.
He de señalar también una visión compartida, a la que por pura coincidiencia, estuve reflexionando varios días antes de verla reflejada en la novela. Se trata de la figura que el autor denomina 'bribón', que, ajeno a la sociedad y sus convecciones, se convierte en un elemento clave y necesario para la salud precisamente de las sociedades, que siempre corren el riesgo de homogeneizar a sus individuos y con ello el riesgo de perder una visión saludable y rica de la vida.
Algunas de las citas que considero claves:
El filósofo chino sueña con un ojo abierto, considera la vida con amor y dulce ironía, mezcla su cinismo con una bondadosa tolerancia, y alternativamente despierta del sueño de la vida y vuelve a adormecerse, pues se siente con más vida cuando está soñando que cuando está despierto, con lo cual inviste a su vida en vela de una cualidad de mundo de ensueños. Ve con un ojo cerrado y otro abierto la inutilidad de mucho de lo que ocurre a su rededor y de sus propias empresas, pero conserva suficiente sentido de la realidad para decidirse a seguir adelante. Rara vez se desilusiona, porque no tiene ilusiones, y rara vez se decepciona, porque nunca ha tenido esperanzas extravagantes. De esta manera está emancipado su espíritu.
El más alto ideal de la cultura china ha sido siempre un hombre con un sentido de desapego (takuan) hacia la vida, basado en un sentido de sabio desencanto. De este desapego viene el alto espíritu (k'uanghuai), un alto espíritu que nos permite ir por la vida con tolerante ironía y escapar a las tentaciones de fama y riqueza y logro, y eventualmente nos hace aceptar lo que venga. Y de ese desapego surge también un sentido de libertad, un amor por el vagabundeo y el orgullo y la despreocupación. Sólo con este sentido de libertad yesta despreocupación llega uno eventualmente a la aguda, a la intensa alegría de vivir.
[...] que proclame al mundo que le gusta hacerlo así cuando le gusta; que no es mientras trabaja en su oficina. sino mientras está tendido en la arena, cuando su alma pronuncia: "La vida es hermosa".
[...] la sabiduría, o el más alto tipo de pensamiento, consiste en atenuar nuestros sueños o idealismo con un buen sentido del humor, apoyado por la realidad misma.
[...] creo muy bajo el papel de la facultad racional en asuntos humanos
[...] en China, la filosofía está enlazada con la poesía más que con la ciencia, o sea. al revés de Occidente.
[...] el fin de la vida no es alguna entidad metafísica, sino tan sólo vivir.
[...] en China, comparada con el Occidente, el hombre vive una vida más cercana a la naturaleza y más cercana a la infancia,buna vida en que se da libre juego a los instintos y las emociones, y se les acentúa contra la vida del intelecto, con una extraña combinación de devoción a la carne y arrogancia del espíritu, de profunda sabiduría y alocada alegría, de suma ponderación e infantil candidez.
La dignidad humana debe estar asociada con la idea de un bribón y no con la de un soldado obediente, disciplinado y regimentado. [...] En esta edad nuestra de amenazas a la democracia y a la libertad individual, probablemente sólo el bribón y el espíritu del bribón nos salvarán de vernos
perdidos, como unidades numeradas en serie, en las masas de "coolíes" disciplinados, obedientes, regimentados y uniformados. El bribón será el último y el más formidable enemigo de las dictaduras. Será el campeón de la dignidad humana y de la libertad individual, y será el último en ser conquistado. Toda la civilización moderna depende enteramente de él.
[...] solamente una filosofía alegre es filosofía profunda; las graves filosofías de Occidente no han empezado siquiera a comprender qué es la vida. Para mí, personalmente, la única función de la filosofía es la de enseñarnos a tomar la vida con más ligereza y alegría que el común hombre de negocios.
El hombre moderno toma la vida demasiado en serio, y porque es demasiado serio, el mundo está lleno de preocupaciones.
[...] el chino toma una actitud que puede resumirse en la frase: "Seamos razonables" [...] si se vive razonablemente, según las mejores luces de cada uno, no se tiene nada que temer; que la paz de la conciencia es el más grande de todos los dones.
"Un hombre puede poseer mil acres de tierra, pero duerme en una cama de dos metros".
Me indignaría ver un mundo en que todos fuéramos seres perfectamente racionales. ¿Desconfío del progreso científico? No, desconfío de la santidad. [...] No habría literatura porque no existiría pecado alguno, ni mal comportamiento, ni debilidades humanas, ni pasiones violentas, ni prejuicios, ni irregularidades ni, lo peor de todo, sorpresa alguna. [...] Si todos fuéramos seres completamente racionales, veríamos entonces que, en lugar de elevarnos a una perfecta sabiduría, degeneraríamos hasta ser autómatas.
Esta dignidad humana, como ya he apuntado al comienzo de este libro, consiste en las cuatro características del pillo, que ha sido glorificado por la literatura china. Son: una juguetona curiosidad, una capacidad para el ensueño, un sentido del humor para corregir esos sueños y, finalmente, cierta indocilidad e impredictibilidad de comportamiento.
Por esta razón es que odio a los censores y a todas las reparticiones y formas de gobierno que tratan de controlar nuestros pensamientos. [...] Si la libertad de ideas es la más alta actividad de la mente humana, entonces la supresión de esa actividad debe ser lo más degradante para nosotros como seres humanos. Eurípides definió como esclavo al hombre que ha perdido su libertad de pensar o de opinar.
sólo el que maneja ligeramente sus ideas es dueño de sus ideas, y sólo el que es dueño de sus ideas no se ve esclavizado por ellas.
Hay una conveniente expresión norteamericana que combina estos tres embelecos (Fama, Riqueza y Poder) en Un Gran Embeleco: Success.
"Esta religión, desgraciadamente, cesó hace mucho tiempo de ser sabiduría expresada en fantasía, para convertirse en superstición recargada de razonamiento."
Este culto del ocio estaba ligado siempre, pues, a una vida de calma interior, un sentido de despreocupada irresponsabilidad y un goce intenso y pleno de la vida de la naturaleza. Los poetas y los estudiosos se- han dado siempre nombres raros, como "El Huésped de Ríos y Lagos" (Tu Fu) ; "El Recluso de la Colina Oriental" (Su Tungp'o) ; "El Hombre Despreocupado de un Lago Nebuloso", y "El Anciano de la Torre Envuelta en Niebla", etcétera.
[...] la verdadera paz de espíritu proviene de la aceptación de lo peor.
La filosofía china puede ser definida brevemente como una preocupación por el conocimiento de la vida más que por el conocimiento de la verdad.
Por ende, la distinción entre budismo y taoísmo es ésta: la meta del budista es que no va a necesitar nada, en tanto que la meta del taoísta es que no va a ser necesitado para nada. Sólo quien no es necesitado por el público puede ser un individuo despreocupado, y sólo quien es un individuo despreocupado puede considerarse un ser humano feliz. Tschuangtsé, el más grande y mejor dotado entre los filósofos taoístas, nos advierte continuamente que no seamos demasiado prominentes, demasiado útiles y demasiado serviciales.
Los tres grandes vicios norteamericanos parecen ser: eficiencia, puntualidad y el deseo
de la realización y el triunfo. [...] aparte del noble arte de lograr que se hagan las cosas, existe el más noble arte de dejar las cosas sin hacer.
[...] los chinos son sumamente puntuales, siempre que se les dé abundante tiempo para hacer una cosa. Siempre terminan las cosas a horario, con tal de que el horario sea bastante largo.
¿No es suficiente que los viejos sean algo? ¿Es necesario que siempre tengan que estar haciendo
algo? La pérdida de la capacidad para la holganza ya es mala en los hombres de edad madura, pero esa misma pérdida en la ancianidad es un crimen que se comete contra la naturaleza humana.
Con la excepción del explorador del Ártico o el hombre de ciencia que está en su laboratorio, dedicado a la labor de descubrimiento, creo que lo mejor que podemos esperar es que nos guste nuestro trabajo, que nos sea llevadero.
Un poeta chino nos ha advertido ya que la fuente de la juventud es un engaño, que nadie puede "atar un cordel al sol" y detener su carrera. [...] Si de nada vale librar una lucha sin esperanzas contra la ancianidad y las canas, ¿por qué no decir entonces que las canas son hermosas?
"El agua corre hacia abajo y no hacia arriba", dicen siempre los chinos, y por lo tanto el afecto por los padres y abuelos es algo que tiene más necesidad de ser enseñado por la cultura. Un hombre natural' ama a sus hijos, pero un hombre culto ama a sus padres.
¿qué derecho tienen los jóvenes de abrir la boca cuando los viejos pueden decir: "He cruzado más puentes que calles has cruzado tú"?
Nadie puede dejar de envejecer; sólo puede hacerse la trampa de no admitir que se envejece. Y como de nada vale luchar contra la naturaleza, bien podríamos envejecer graciosamente. La sinfonía de la vida debería terminar con un gran final de paz y serenidad y comodidad material y contento espiritual, y no con el estampido de un tambor que se rompe o un címbalo que se quiebra.
[...] sospecho que un hombre a quien no satisface una luna se cansará también de una docena [...] Si no satisface a un hombre la variedad del tiempo y el cambio de colores en el cielo, el exquisito sabor de las frutas que aparecen por rotación en estaciones diferentes, y las flores que se abren por rotación en los distintos meses, ese hombre haría mejor en suicidarse y no tratar de seguir la inútil caza de un Cielo imposible, que acaso satisfaga a Dios pero nunca satisfará al hombre.
[...] los chinos suponen que un viaje a la montaña surte efecto catártico, pues limpia el pecho de una cantidad de tontas ambiciones y de preocupaciones innecesarias.
La idea básica es que las rocas son enormes, fuertes, y sugieren la eternidad. Son silenciosas, inmóviles y tienen fuerza de carácter, como los grandes héroes, y son independientes y separadas de la vida como sabios en retiro. Son invariablemente antiguas, y los chinos aman todo lo viejo. [...] todo lo que crece es siempre más hermoso que lo que se construye.
Laotsé dice: "La naturaleza no habla"[...] Como un viejo sabio, comprende todo, pero no habla, y en ello radica su misterio y su grandeza.
El verdadero viajero es siempre un vagabundo, con las alegrías, las tentaciones, y el sentido de aventura que tiene el vagabundo. Viajar es "vagabundear" o no es viajar. Un buen viajero es el que no sabe adonde va, y un viajero perfecto es el que no sabe de dónde viene. No sabe siquiera su nombre y apellido.
[...] el arte de lograr la felicidad consiste en tener placeres apacibles.
[...] si Dios me ama apenas la mitad de lo que me ama mi madre, no me enviará al Infierno.
La filosofía, que debería estar junto al pecho y a la actividad de los hombres, es lo que se ha alejado más de la vida.
[...] el mundo no es un silogismo o un argumento, es un ser: el universo no habla, vive; no discute: llega, y nada más.
Nadie puede ser perfecto; sólo se puede tender a constituir un ser agradable, razonable.