Ficción documentalista; Francisco González Rojas pinta con el diosero un pequeño libro que pareciera anecdotario de su Diario de campo como etnólogo en su paso por distintas culturas y pueblos de Mexico en el contexto pos revolucionario (40-50’s). A veces cae más en la ficción en tercera persona de un personaje, a veces toma tono documental y él se introduce dentro del cuadro de sus narraciones como personaje activo que interactúa y lleva la historia. Los cuentos se inundan de formas y palabras del habla muy particulares de region a region. A veces el cuento es el estudio de caso ficcionalizado de un ritual social, como el casamiento dentro de un pueblo, o el sepelio de un campesino que muere en la carretera por parte de su pueblo, las leyes y tradiciones que se cumplen o rompen dentro de las comunidades y sus premios o castigos, en otras es un ritual religioso o mágico el núcleo del relato, la elaboración de un Dios-animal de barro para combatir y detener la lluvia en la selva lacandona, el nombre prohibido del tata Dios que también es una sustancia que da felicidad y pérdida dentro del pueblo huichol, la glorificación de un cuadro de la Mona Lisa en Virgen santa en un pueblo de Morelos... los temas y personajes son diversos, y los cuentos como pequeñas viñetas nos asoman e imaginan a un conglomerado de mundos, cosmos visiones, ideas, personajes, pero también es cierto que a veces se lee la mirada del científico social que observa al otro como un objeto de estudio que acaba por medirlo, estudiarlo, analizarlo, deshumanizando al ser humano qué hay detrás bajo la categoría de indígena, primitivo, etc. No es algo que sesgue el libro completamente, pero si es algo que se encuentra en algunos cuentos, donde se nota más el interés de la academia que el de la sensibilidad. Aun así, es un libro que atrapa ese elemento de cosmovision y pensamiento dentro de estas naciones bajo la línea de algunas de sus historias.