Albert Speer, Naram-Sin de Acad, Escipión Emiliano, Irma Schrader, Shang Yang, Stig Dagerman, Sapor I o Bernardo Bellotto son algunas de las figuras que vivieron el asedio de una ciudad como vencedores, vencidos o simples testigos. A través de sus retratos, El uso de las ruinas reconstruye una historia del mundo desde la perspectiva que ofrece el panorama de las ciudades en ruinas, de la Mesopotamia anterior a la escritura hasta la Zona Cero de Nueva York tras el 11 de septiembre de 2001. A medio camino entre la digresión erudita y la ensoñación, Jean-Yves Jouannais erige sobre los escombros de nuestra memoria un inventario a un tiempo caprichoso y razonado de las heridas de guerra más desgarradoras e indelebles.
Jean-Yves Jouannais (Montluçon, 1964) es crítico de arte y durante diez años fue redactor jefe de Artpress. Ha escrito ensayos entre los que destacan L’idiotie, Artistas sin obra y El uso de las ruinas, así como la novela Jésus Hermès Congrès. En 2014 fue galardonado con el premio Roger Caillois de ensayo del PEN Club de Francia.
Supuesto texto apócrifo de Vila-Matas esta miscelánea de pequeños textos sobre la ruina arquitectónica puede sonar a ensayo enciclopédico pero en realidad es un ejercicio literario que se inspira en Borges de las infamias y en el Calvino de las ciudades invisibles. Su mejor virtud y también su mayor peligro es esa confusión entre el dato histórico y la interpretación literaria a veces peligrosamente cursi.
Me ha gustado mucho, como ya intuía por la editorial y el autor este no es un libro de historia o un ensayo al uso sobre la utilización de las ruinas sino que es un conjunto de reflexiones, casi cuentos, sobre el pasado y su relación con el presente. Una forma poética de acercarse a la historia que, en muchas ocasiones, es necesaria para respirar y sacar la cabeza del academicismo más ortodoxo y asfixiante.
Este es un libro de cuentos. La base real, si existe, está tan diluida que no hay rastro de ensayo ni reflexión. Incidentalmente Jouannais aborda el origen, la función o la estética de la ruina, pero creo que el título del libro no previene de su contenido. El sustrato reflexivo que yo buscaba no se plantea. Por lo demás, entretiene, pero con cierto regusto pedante.
Interessant punt de partida: la història de la humanitat a través de les ruïnes, amb diversos capítols (brevíssims) des de l'Antiguitat fins al segle XXI. Un llibre més d'estil, filosofia i literatura que d'història. Per moments recorda als Moments estel·lars de la humanitat de Zweig però està a anys llum d'aquesta obra. Distret i curiós.
Interesante tratado sobre las ruinas. Reflexión del mundo interior y exterior, de lo que fueron/fuimos y que, andado el tiempo y descontextualizado su espacio, adquirieren toda clase de significados y significantes nuevos. La casualidad se zampa cualquier resquicio de causalidad y empantana la memoria mítica.
La sucesión de hechos históricos que son abordados para pensar y hacer pensar son extraordinariamente acertados y atractivos. Mi favorito, sin duda, el de Naram-sin:
"Pocas cosas hacen a un hombre. Una suma mediocre de carácter y de decisión lo resume. Y luego la Historia se encarga de simplificar de nuevo la ecuación. Como todo hombre, Naram-sin se vio movido por una añoranza, un recuerdo inverificable, una culpabilidad inexplicable, una frase mal interpretada, un puñado de deleites y la vergonzosa creencia en un destino. Cuando Naram-sin va a devastar Ebla es un genio magnético, un hombre fuera de lo común, un asesino ajeno a la conmiseración porque ésta no ha sido inventada todavía (...) La población es exterminada. Ebla, abatida, arde durante dos días y dos noches. los estantes que guardan las tablillas de los archivos se consumen. Pero el fuego, que hace desaparecer la ciudad, cuece la arcilla de las tablillas, preservando los textos para la posteridad. Lo que Naram-sin hizo realmente fue abrasar una ciudad para preservar y transmitir sólo la memoria del nombre de Ebla; no sólo su nombre, sino también el paisaje de sus campos de cereales, de sus hectáreas de olivar, el ruido de los talleres de quinientos herreros agregados al servicio del palacio, el inventario de los cargamentos de la pislázuli procedentes de afganistán, los muebles adornados con figuritas de mármol, las mujeres con elementos de tocado de esteatita, la figura del dios de la tormenta adad, la sala de las audiencias, en la parte alta del palacio, el ganado de noventa mil carneros, las decenas de miles de soldados muertos en las campañas contra Mari o tuttul. He aquí lo que hizo naram-sin—sin nunca descubrir las intenciones que abrigaba detrás de su máscara de bronce—: aniquiló una ciudad y le hizo el regalo de no ser olvidada nunca jamás."
Breve pero muy interesante recorrido por ruinas, que nos trasladan de la antigüedad (Mesopotamia, Cartago) a fechas más recientes (Stalingrado o Hamburgo en la II Guerra Mundial, la zona cero de NY tras el 11-S...). Dividida en capítulos breve de extensión (pero con interesantes reflexiones y anécdotas), se devora en pocos días. Y es que, como señala el autor, "cada ruina explicita su tiempo. Las ruinas nos delatan, nos recuerdan qué somos, nos expresan".
Es una delicia de libro, de principio a fin. Cada una de las historias me ha encantado y me ha llevado a intentar averiguar más cosas de las que se cuentan.
En "El uso de las ruinas", Jean-Yves Jouannais transforma las ciudades devastadas por la guerra en una metáfora vital del tiempo, la memoria y la fragilidad humana, tejiendo un ensayo poético que ilumina la permanencia de lo destruido como testimonio de nuestra existencia.