- En este caso, por la fuerza el amor, era como si los hechos hubieran coincidido a mitad de camino...Y cuando le pasaba algo, tenía que ser algo tan desdichado como un amor imposible de corresponder...Debería haber podido decir: ¡qué importa de dónde provenga el conocimiento! De mí o del mundo, ¿qué mas da? En la realidad todo es real, la realidad lo uniforma todo, es la gran aplanadora. Pero si a uno una determinada realidad no le gusta, no puede hacer nada para evitarlo, y los deseos son una realidad como cualquier otra. ¿Y ahora? Todo el mundo, cuando se encuentra en una situación incómoda o vergonzosa, anhela ser un mago para corregirla.
- En un mundo donde nada tenía ninguna importancia, crearla a presión, a fuerza de subjetividad, equivalía a crear un monstruo. Era una simetría, pesada y dolorosa, que cerraba todas las líneas de fuga en las que se podía vivir. Y entonces no se podía.
- ¡Por supuesto que siempre iba a quedar algo incompleto! Era la naturaleza humana. ¿Cómo entenderse? Cuando dos personas hablaban, no se trataba sólo de lo que decían, de la "transcripción" del diálogo, sino de lo que querían decir, o de lo que pensaban en general. Lo que estaba pensando el otro durante el diálogo, era la ficción, lo inventado, lo creado. Y ahí, cualquier cosa era posible. Se abría un espectro infinito. Algo tan cotidiano y prosaico como una charla con cualquiera sobre cualquier tema, se volvía una experiencia universal. Monstruos, fantasmas, montaje, nada quedaba excluido.