Es la primera vez que leo el Cementerio Marino y es la primera traducción que conozco de él. No me queda más remedio que, sin comparativas más serias, ver el resultado final.
Supongo que lanzarse a hacer una traducción rítmica fidedigna en todo sentido del original francés, resultaría un caos extremo, ya sea que se convierta la rima consonante en asonante o se conserve como está. La dificultad de conservar el sentido y la rima lo volvería una suerte de calvario para cualquier traductor.
La resolución que adoptó Agustín es acaso lo que mejor se puede hacer. Una traducción rítmica que respeta únicamente la rima (en forma asonante) en el tercer y sexto verso de la estrofa. Siempre en terminación en verso agudo. Según he ojeado alguna que otra traducción en la red, la cosa pinta mal, muy mal.
Ya de por sí el tema no es demasiado de mi agrado, aunque reconozco que en el francés original el poemilla tenía la gracia esta del juego con el ritmo del lenguaje. Digo, con todo lo de incordiosa que tiene la rima consonante, seguía teniendo, aparejado al uso más o menos culto, simbólico y psicologizante del uso del vocabulario, la gracia y ritmo del lenguaje en la lectura o recitación. Cosa que no he visto en lo más mínimo en las otras traducciones vistas por encima.
Agustín consigue rescatar con algo de esfuerzo, algunos restos de sonoridad:
¡Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea!,
herido me haz con esa flecha alada,
que vibra, y buela y no vuela jamás.
Me pare el silbo, y la flecha me mata.
¡Ah, el sol!, ¡qué sombra de tortuga a mi alma
Aquiles, quieto que a zancadas está!
El problema será que el poema, poco me dice, poco me llega. Si cemeterios marinos, si tiempo, si tumba del alma, toda esa evanescente iconografía simbólica, sin el juego del lenguaje pierde bastante.
En fin, ¿qué se apuestan a que esta, como tantas otras aportaciones valiosas de Agustín a la literatura académica, pasará inadvertida otro buen rato?