Un abordaje singular de la filosofía y al mismo tiempo un fascinante recorrido por la historia intelectual del último siglo y medio.
Con Marx y Kierkegaard se produce en el interior de la filosofía lo que Groys denomina “giro antifilosófico”, la antifilosofía ya no opera por medio de la crítica, sino por medio de consignas, órdenes; y lo que se ordena es transformar el mundo en lugar de explicarlo; esto, evidentemente, no estuvo exento de consecuencias. En esta serie de ensayos tan provocativos como novedosos, Groys relee a los principales antifilósofos contemporáneos. Søren Kierkegaard, Martin Heidegger, Walter Benjamin, Jacques Derrida, pero también otros más marginales, como Lev Shestov y Theodor Lessing, o intelectuales de campos heterogéneos, como Marshall McLuhan, son abordados con una actitud que intenta no dar directivas, pero tampoco retornar a la tradición de la crítica antifolosófica.
Y en ese proceso, por supuesto, Groys va dando forma y consistencia a sus propios conceptos y motivos: la distancia insalvable entre el ámbito del pensamiento y el ámbito de la vida y la acción, la dialéctica de repetición y novedad, el concepto del “ready-made” como procedimiento filosófico –o más bien antifilosófico–: la recontextualización de una tesis o argumento filosófico para producir un efecto de extrañamiento u otro tipo de intervención en un determinado ámbito de discusión
Boris Efimovich Groys (born 19 March 1947) is an art critic, media theorist, and philosopher. He is currently a Global Distinguished Professor of Russian and Slavic Studies at New York University and Senior Research Fellow at the Karlsruhe University of Arts and Design in Karlsruhe, Germany. He has been a professor of Aesthetics, Art History, and Media Theory at the Karlsruhe University of Arts and Design/Center for Art and Media in Karlsruhe and an internationally acclaimed Professor at a number of universities in the United States and Europe, including the University of Pennsylvania, the University of Southern California and the Courtauld Institute of Art London.
It is difficult to synthesise this book, which is the point, and the preface and prologue provide the only theoretical fleshing-out of 'antiphilosophy' as a philosophy of readymades by analogy with anti-art that you will find in the book. This is good because it means you get the central thesis in its entirety in the first ten pages, and then bad because you have to do a lot of work to connect up the disparate studies of individual philosophers with that opening. But these disparate studies are still great in their own right. I particularly like the essay on Heidegger's aesthetics and the now-essentially museological dimension of modern art production, and the final essay, which is a virtuosic extension and explosion of the essay by Lessing, famous within art history, about Laocoön and the difference between painting and literature, namely: the difference between space and time, which for Groys becomes the difference between the medium of the image and that which lies under the image (language!). Also amazing discussion of Wagner's essay on the artwork of the future in Groys' chapter on participatory art.
Denso, pero interesante. A pesar de no tener la formación previa que en general requiere la lectura de varios de los ensayos publicados en este libro, fue una lectura placentera. Me quedo con bastantes ideas interesantes.
La crítica extremada (tomada de Nietzsche) de Lev Shestov: el filósofo se convierte como tal en el momento en que otorga a su experiencia una significación universal. La filosofía como una herramienta para los desdichados, los enfermos. Aquel que me va bien en la vida, no necesita andar formulando principios objetivos acerca de la realidad y las cosas. En tal sentido, toda afirmación abstracta respecto de la realidad es una forma de compensación, el origen de la razón europea tiene que ver con la aceptación de la derrota: Platón al ver morir a su maestro.
Hegel: "el arte en la modernidad es una cuestión del pasado". La obra de arte, desde su secularización, al proclamar su independencia de la religión, también lo hizo respecto de su espectador. El arte moderno de caracteriza, por tanto, en que no es posible atribuir a ella un valor intrínseco, más allá de la praxis económica común:la determinación de su precio, o el número de vistas (conforme a las tecnologías actuales). En ello, la frustración trajo aparejada el deseo de volver a ese encuentro perdido con el espectador: la veneración de la obra, como un totem en las religiones antiguas.
Kikergard: "La subjetividad, la interioridad es la verdad". La filosofía desde sus inicios, con Sócrates, proclama la independencia del individuo respecto a la autoridad, la religión o el dogma religioso. Posteriormente, Descartes proclama di ha soberanía incluso respecto del mundo senso-perceptible: la duda radical, extremada a la única certeza: si pienso, es porque existo. Pero, a su vez, Kikergard eleva está proclamación soberana del sujeto al grado de decirnos que no existe un caudal inmediato entre la obra filosófica y su lector. Existe un abismo, en el cual el sujeto acepta o no. La razón, pues, no nos llega automáticamente. Es necesario primero la aceptación, el acto de consentir tal o cual razonamiento.
Esta y muchas más encontré ideas apasionantes. Aunque me resultó difícil seguir varias cosas, al grado de resultar abrumadora un tanto al lectura. Con todo, un libro apasionante. Se nota la carencia de pretensión del autor al momento de tratar asunto que, poro general, implica el uso de una jerga que tiende a alejar al lector promedio.