De “El aviso de los cuervos”, de Raquel Villaamil, me llamó la atención prácticamente todo lo que atrae de un libro aún no leído; su argumento, que hace que la curiosidad por leer más se dispare, su portada, donde se percibe una mezcla excitante de romance, misterio y tenebrosidad y, por último, algunos comentarios que leí por la red dejando este libro en muy buen lugar.
Antes de comenzar mi reseña, he de indicar que, aunque en su descripción nos la señalan como una novela de fantasía romántica, el romance es lo de menos a medida que vas pasando página tras página. Y lo mejor es que no se nota esa especie de vacío amoroso (dicho romance lo encontraremos sobre todo al final) ya que no es lo más importante de la obra.
“El aviso de los cuervos”, para mí, consta de dos partes:
1. Desde la primera página hasta más o menos el 40-45% del libro.
2. Desde esa mitad hasta el final.
Durante esa primera parte vivimos junto a una poco intuitiva e escasamente inquieta Brigit el viaje emocional que realiza desde la soledad tras la pérdida de su madre —su única familia hasta ese momento—, hasta que de forma imprevista encuentra a su abuela paterna. O, mejor dicho, su abuela la encuentra a ella… más o menos.
Esta parte me ha resultado un poco pesada. Brigit es una mujer que carece de sistema de autodefensa alguno. No parece poseer esa pequeña alarma imaginaria con luces rojas parpadeantes que a veces sentimos cuando una situación no resulta del todo normal o percibimos algún peligro en el ambiente, ya sea real o imaginario, y hace que nos pongamos en guardia. Juzga como normales cosas que nadie (o al menos nadie en su sano juicio) juzgaría como tales.
¿Que escucho la voz de mi madre darme órdenes desde el más allá? No pasa nada, es de lo más habitual, ¿no? ¿Que unos tipos millonarios que acabo de conocer quieren pagarme una estancia en la universidad, así, sin más? No hay problema, será que son muy dadivosos. ¿Que veo a mi alrededor gente “vacía”, sin alma, sin su esencia humana? Será que están malitos, los pobres. ¿Que mi vecino/arrendador aparece de vez en cuando con las manos como si hubiese estado peleando con La Antorcha Humana cuerpo a cuerpo? Pues se lo curo y ya está. Sin preguntas. Y sin respuestas, por supuesto. Hablando claro, esa falta de curiosidad de Brigit por todo lo que la rodea me ha puesto en ocasiones de los nervios. ¡Tampoco pasa nada por hacer preguntas y largarte a todo correr si las respuestas no son de tu agrado, mujer!
En cambio, en esa segunda parte que va más o menos desde el 40% del libro hasta el final la cosa cambia. Y mucho. Aquí es cuando “El aviso de los cuervos” me ha enganchado de verdad y he llegado a la conclusión de que ha merecido la pena leer todo lo anterior para llegar hasta ahí.
Aquí comienzan las respuestas. Comienza la fantasía. El misterio. Y, al final, el romance. Vamos, que comienza lo bueno. Y es que empezamos a darnos cuenta de qué es lo que está mal (o bien, según se mire) en los habitantes de Ballymote y sus alrededores. De quiénes están detrás de toda la historia, de los enfrentamientos entre unos y otros, de los odios y miedos que vienen de mucho tiempo atrás. Y, sorpresa… ¡llega la mitología celta! Más específicamente, irlandesa.
He de decir que me ha agradado mucho que, por una vez, un libro de este tipo no nos muestre lo mismo de siempre: vampiros, licántropos, hechiceros, etc. En vez de eso, nos adentramos en el mundo de los Fomoire, los Tuatha Dé Danann y los Dryw. Todo un acierto. Acabas enganchándote y queriendo saber más de todos ellos. Y, por ende, de Brigit, que resulta ser… ¿lo digo? Venga, doy una pista; no solo es uno, pero tampoco tres (descendencia aparte).
No voy a decir mucho más sobre quién es quién en el libro o qué capacidades especiales poseen. Eso estropearía la lectura. Prefiero que lo vayáis descubriendo a medida que vais leyendo, y os puedo asegurar que esta segunda parte del libro se lee sola. Vamos, que no querréis parar hasta saber todo sobre todos los personajes, sobre las historias que hay detrás de cada uno.
Y esto es algo que también me ha gustado; los personajes, hasta los que han tenido muy poca presencia (como el pequeño niño al que conoció Brigit nada más llegar al pueblo o las enfermeras de su abuela) tienen un propósito en la historia.
Llegados a este punto, reconozco que es la primera novela que he leído de Raquel Villaamil, pero me ha parecido una autora a tener en cuenta. Cuando la historia se ha puesto realmente interesante he disfrutado mucho de este libro, y la escritura de Villaamil ha ayudado a ello creando un escenario con un ambiente hermético, repleto de misterio e intrigas.
He leído otras críticas en las que se opina que el final del libro sobreviene muy rápidamente. Y es cierto, no voy a negarlo. Francamente, me ha dado la impresión de que ese final es el anticipo de algo más; más Ballymote, más sobre Brigit, Mist, Brian y todos los demás. Es decir, un segundo libro.
En mi opinión, da para eso y mucho más. Además, ahora que ya nos hemos metido en materia y estamos imbuidos por completo en esa mitología irlandesa que abunda en “El aviso de los cuervos”, me da la impresión de que una segunda parte podría ser incluso más trepidante y cautivadora.
¿Habrá segundo libro o estaré delirando? Supongo que el tiempo (o la autora. O la editorial) lo dirá.