Colette y Simón se habían alejado del grupo de campamento e iban alumbrando el camino con sus linternas para llegar a la bajada de lanchas y de allí poder observar las estrellas sin árboles de por medio.
− Coli, cuando seamos grandes, ¿te querés casar conmigo?
−No puedo… En mi familia mí papá se casó con mi mamá, mi abuelo se casó con mi abuela y yo me tendría que casar con mi marido.
−Ah− Simón parecía confundido ante su respuesta− ¿Coli?
−¿Sí?
−Aunque no nos podamos casar, prometo que voy a ser tu héroe. Voy a salvarte, porque los buenos siempre salvan a las chicas lindas de los hombres malos.
Colette abrió mucho los ojos, entendiendo poco y nada pero, aún así le sonrió y asintió con su cabecita. Levantó su dedo meñique y lo entrelazó con el de él.
−Lo estás prometiendo− Susurró Coli, mientras un par de luciérnagas jugaban a su alrededor.
Y para sellar su promesa, él besó los labios de su pequeña amiguita, sentados y de cara frente a las estrellas.
Él jamás olvidó su promesa.
Ella ni siquiera recordó a Simón.