3,5/5
Es este un volumen que recoge tres historias, «Cena para tres», «Malas hierbas» y «Ruido», tres novelas cortas (aunque la tercera casi sea una novela por derecho propio) con las que Miguel Córdoba sumerge a los lectores en un juego metaliterario y referencial al explicar en la suerte de prólogo que abre el libro, titulado «Aún quedaban cosas por hacer», que en realidad la autoría de los tres pertenece a un tal Damián Mustieles, a la sazón protagonista de su novela «Ciudad de Heridas”, en cuya trama el propio Damián las escribía. Tres historias que habían sido previamente encontradas por Córdoba en una vieja maleta abandonada, obligándole de alguna manera a escribir su propia novela y así terminar por cerrar el círculo. Las cuatro se encuentran unificadas por la geografía compartida de la localidad de Gran Salto, por sus calles y sus vecinos, pero a la vez separadas por ciertos detalles y alusiones que hacen sospechar que ninguna de ellas transcurren exactamente en el mismo lugar.
El “Libro Primero: Cena para tres”, sigue al escritor Daniel Salas y a su mujer en su particular descenso a los infiernos desde el momento en que deciden comprarse una casita de retiro, para los fines de semana o para temporadas de concentración para escribir, en las Montañas del Norte. El lugar, a pesar de contar con cierto pasado algo truculento, es maravilloso, así que no se lo piensan mucho, pero a partir de entonces empiezan los problemas. La inspiración o la falta de ella, el duro camino del escritor, la locura, la paternidad, el amor y la tragedia son los sustentos principales de un relato que no deja de ser un brillante cuento de fantasmas.
En el “Libro Segundo: Malas hierbas” el lector empieza a sospechar que algo no termina de cuadrar en la línea temporal de los relatos. Que hay eventos que parecen suceder en el momento equivocado respecto a lo que creía saber, pero a pesar de la persistente sensación de extrañeza no es nada que pueda llegar a concretar. Es este relato una obra coral que salta de un punto de vista a otro siguiendo los extraños sucesos que llevan a los perros de Gran Salto a sufrir una extraña metamorfosis por la que van adquiriendo sentidos humanos y una irresistible pulsación de violencia. La ciencia ficción irrumpe con fuerza en el volumen implicando una amenaza que deben desvelar los científicos. Una amenaza que saca a la superficie aquellos que las personas llevan dentro, desde el heroísmo que lleva a entregar la vida de forma desinteresada a la cobardía que lleva a huir abandonando a los débiles, desde el sacrificio de hacerse cargo de enormes responsabilidades a la liberación de un impulso sexual que siempre se había reprimido. Un relato estremecedor, duro, muy gráfico y cargado de implicaciones.
Es en el “Libro Tercero: El Ruido (obra incompleta)”, que cierra el volumen, donde el lector confirma sus sospechas y descubre que el nombre del lugar puede ser el mismo, incluso el de alguno de sus habitantes, pero que pertenecen a diferentes dimensiones dando lugar a diversas diferencias. Aquí, cuatro vecinos de la calle Owl van a ver sus vidas alteradas al sufrir el llamado Síndrome de la cabeza explosiva, una patología de carácter auditivo cuyo síntoma más llamativo es el de escuchar fuertes ruidos en el momento de quedarse dormido, impidiéndoles conciliar el sueño y, por tanto, llevar una vida normal. Los cuatro se van a ver unidos por la presencia de un extraño hombre coronado de un sombrero de copa, al parecer personaje protagonista de la novela Ciudad de Heridas junto a cierta escritora que también aparece aquí, que les entregará a cada uno un paquete con un singular objeto: un libro de colorear, una cajita de música, un bloc de notas, una cámara de video, de apariencia inicua pero dotados de vital importancia para su particular historia. El autor consigue dotar de gran interés al cúmulo de circunstancias que van relacionando a unos protagonistas con otros, conduciendo al lector por una historia de lo más alienante conforme más y más sucesos extraños empiezan a acaecer. El maltrato, la soledad o el desafecto por uno mismo son algunos de los dramas que se van viviendo mientras se desgrana una cuenta atrás hacia un final apocalíptico
Relatos magníficamente escritos, amenos e intrigantes, dotados de fuerza y misterio, con gran dominio de los recursos narrativos y del lenguaje, tanto cuando se pone lírico y hermosamente descriptivo como cuando desata los bajos instintos con una prosa mucho más sucia y arrastrada. Tres historias que adolecen de un mismo síntoma, y es la indefinición de sus finales, terriblemente oníricos y extraños, casi se podría decir surrealistas, que hurtan al lector las respuestas de unos relatos que hasta entonces se habían demostrado enormemente consistentes y con tramas de lo más intrigantes y sugerentes. No puedo terminar de juzgar estos finales ni la relación de las tramas y personajes implicados al no haber leído “Ciudad de Heridas” y desconocer hasta qué punto están relacionadas entre sí las historias de este volumen y la novela en sí. Habrá que buscar un hueco para leerla.