Este libro está dedicado a dos autoras imprescindibles de la literatura española del siglo Elena Fortún, creadora del conocido personaje de Celia, y Carmen Laforet, premio Nadal con su primera novela Nada en 1947. De corazón y alma recoge las cartas inéditas que ambas escritoras se cruzaron durante ocho años, hasta la fecha de la muerte de Fortún, y que muestran la estrecha amistad que mantuvieron. Del prólogo y de la edición se encargaron las hijas de Carmen Laforet, Cristina y Silvia Cerezales, y la catedrática de la Universidad de Exeter, Nuria Capdevila-Argüelles. Con motivo del centenario del nacimiento de Carmen Laforet, el libro ha sido reimpreso añadiendo, tanto en su versión en papel como en digital, un enlace que permite acceder a siete pódcast dramatizados que humanizan aún más si cabe la relación tan especial que se fraguó entre las dos autoras.
Carmen Laforet Y Díaz was a Spanish author who wrote in the period after the Spanish Civil War. An important European writer, her works contributed to the school of Existentialist Literature and her first novel Nada continued the Spanish Tremendismo literary style begun by Camilo José Cela with his novel, La familia de Pascual Duarte.
Desde el primer prólogo, escrito por Cristina Cerezales Laforet, el libro muestra cómo todo lo que ha de ocurrir, ocurre cuando llega su momento más indicado. Así me gusta pensar de la amistad que unió a Carmen Laforet y Elena Fortún, dos mujeres tan similares, unidas para complementarse en dos momentos tan diferentes de su trayectoria vital: una comenzando a vivir, otra comenzando a fenecer.
Entre sus páginas encontramos la máxima expresión de uno de los sentimientos más bonitos que el ser humano puede experimentar, la amistad, combinada, además, con la admiración que la joven Carmen sentía por Elena, a quien llegará a decir que quiere como si fuera su propia madre.
No obstante, la cercanía del viaje final y la sombra de la enfermedad tiñen las epístolas de estas dos mujeres con un triste sentimiento, creando una vez más una antítesis en la expresión entre ambas: el deseo de recuperación de Carmen y la asimilación de la muerte por Elena.
Me quedo, sin duda alguna, con muchas de las afirmaciones que entre ellas se dedican, pero me gustaría destacar la siguiente de Carmen a Elena: "solo saber que existes, que en cualquier momento podemos hablarnos, me siento mucho más rica y mucho mejor en la vida".
Devorado en tres días. Muy hermoso ver cómo se desarrolla esa relación epistolar y leer las preocupaciones de cada una de las autoras. Divertida la comparación en el proceso creativo (Carmen Laforet peleándose a muerte con su novela y pensando que es una basura; Elena Fortún diciendo que a ella las ideas le vienen como flores en el campo y solo hay que escribirlas, pero que claro, entiende que no es lo mismo).
La madurez de Fortún, su conocimiento de diversos temas literarios y no literarios e, incluso, una cierta coquetería que se desprende de la admiración que le profesa Laforet, me han impresionado. Laforet me ha resultado más irritante de lo que esperaba porque, a pesar de todo lo que le narraba Fortún sobre su enfermedad, que no era poco, no parece entender su gravedad y se retrotrae una y otra vez al "piensa en lo mucho que yo te quiero". Que se está muriendo, hombre, que saques la cabeza de tus preocupaciones para, ya que no la visitas, al menos dedicarle algunos mimos.
Por otra parte, el hecho de que muchas de las cartas no tengan respuesta directa (se han debido de "perder" bastantes) hace que no termines de entender algunos de los intercambios, puesto que hacen referencia a cosas que no aparecen antes. La propia Elena Fortún le pide a Laforet que, cuando ella muera, vaya a buscar sus cartas y las queme (?). Quizá Fortún estaba acostumbrada a deshacerse de detalles que pudieran comprometerla a ella o a sus amigas y no quiso que Laforet fuera una excepción. Me alegro de que tengamos al menos esta selección.
Muy útiles las notas a pie de página de Nuria Capdevilla-Argüelles.
El único libro que conozco (imagino que alguno más habrá), que reúne la correspondencia entre dos escritoras españolas. Recoge un momento muy importante de la vida de ambas: los últimos años de Elena Fortún y los años post-premio Nadal de Carmen Laforet, además aparece una jovencísima Esther Tusquets, y muchas otras autoras ya conocidas. Para mí, ha sido una verdadera maravilla y todo un descubrimiento.
Se hace corto. Son cartas muy bellas de Elena Fortún y Carmen Laforet, hablando de sus libros, su vida, las niñas de Carmen, su conversión, y la enfermedad de Elena.
posiblemente el libro de amor más bonito que he leído nunca . lo empecé en verano porque andaba bastante triste después de terminar la broma infinita y sentía que estaba incapacitado para leer otra novela . la correspondencia de fortún y laforet me posibilitó acceder a una intimidad bellísima que me pareció tierna y reconfortante y que me ha dado muchas ganas de seguir leyendo literatura epistolar . hay fragmentos que se me han quedado grabados para siempre y que han creado en mi cerebro nuevas formas de decir te quiero :) aquí van algunos de mis favoritos <3
«Querida Elena mía: estas líneas son solo para mandarte un beso y un recuerdo. (…) Me gustaría que de cuando en cuando pensaras: “Conozco una mujer, más joven que yo, que hace una vida casi monástica, trabaja, lee, se ocupa de sus hijos, no frecuenta la sociedad en absoluto y quiere con mucha ternura a su marido…, pero a esta mujer le hace mucha falta hablar conmigo de cuando en cuando. Le hace una falta enorme; hay muchas cosas que me quiere preguntar, otras que quiere explicarme, y solo a mí”. Esta persona, ya lo sabes, soy yo. (…) Hazme el favor de curarte. Te lo pido como un favor. Yo creo bastante en eso para curarse, en el deseo íntimo de vivir. (…) Te quiero mucho más de lo que tú supones, querida mía. Toda la vida, aun cuando ni soñaba en conocerte, me has hecho mucha falta».
«Cuídate mucho. Tu vida es muy preciosa para mí. Solo de saber que existes, que en cualquier momento podemos hablarnos, me siento mucho más rica y mucho mejor en la vida».
«Ponte buena pronto. Ten ganas de vivir. Eso es muy importante para curar. (…) Te echo de menos, como si hubiera tenido la costumbre de verte cada día».
«Tampoco creo que mi literatura tenga nada de particular para las gentes. Solo que para mí misma es un trabajo que me arrastra, me desespera, y me causa alegrías. Es como un enamoramiento, ¿sabes? Eso no es malo».
«He reflexionado mucho, seriamente, de verdad en lo que más deseo, y te pido que pidas a Dios por mí solo una cosa: que yo tenga por dentro esa euforia de vivir, esa alegría interior que to conozco bien, y que a veces pierdo desastrosamente. Cuando estoy sin ella me parece imposible vivir».
«No sé cómo puedes ocuparte de leer, de contestar a todo el mundo, de acordarte del álbum de Paquita Mesa… Eres algo extraordinario, ¿sabes? Yo, cuando estoy enferma, me vuelvo egoísta y no me ocupo de nada ni de nadie. Tú siempre me das una lección. Yo no sé si te admiro más que te quiero, o al revés…, porque te admiro y te quiero muchísimo, y en las dos cosas hay, de mí para ti, algo entrañable y muy profundo».
«Reza también para que yo no haga daño a nadie. Tú sabes qué difícil es esto y cómo muchas veces no depende de nuestra voluntad en absoluto. Me gustaría dar siempre alegría y serenidad a mi alrededor… Esto lo estimo más que lo que pueda hacer en literatura más adelante, y que todo».
«Estoy embobada en esta maravilla que me pasa».
«Elena. Aunque continuamente te escriba que te quiero, no hay en eso la menor exageración. Te quiero muchísimo. Te abrazo y te beso mil veces y estoy contigo».
Este libro ha sido un abrazo calentito lleno de reflexiones inteligentes, profundas e interesantes entre dos grandes escritoras, dos mujeres brillantes pero, sobre todo, conectadas con sus emociones.
En estas cartas se puede indagar muchísimo en el pensamiento de estas dos mujeres maltratadas por la vida, en las que el arte y la literatura se presenta como un mecanismo de fortalecimiento para no sucumbir ante las dificultades del día a día. También se reconoce en estos escritos la necesidad que tenían las autoras de expresar su soledad, de intercambiar opiniones sobre la literatura y la religión, a la que las dos acabaron sintiéndose muy apegadas. Ambas piensan que la literatura es un amor que duele, angustiosa y a pesar de ello, necesaria.
Aunque la correspondencia me ha resultado interesante, en algún momento algunas cartas me han llegado a cansar un poco porque redundan bastante en lo mismo, en el amor que se profesan ambas escritoras. No obstante, me ha gustado.
Encarnación Aragoneses, que así se llamaba en realidad Elena Fortún; Carmen nunca se dirigirá a ella con su verdadero nombre, fue una mujer republicana, culta, vivía exiliada en Buenos Aires y trabajaba en las bibliotecas de la ciuda. Al contrario que Carmen Laforet, que a los 23 años obtuvo el premio Nadal por Nada, Fortún empezó a escribir en su madurez. Laforet, en cambio, a los 23 años acaba de ganar el premio Nadal con su obra más famosa, Nada, y se dedica al cuidado de su familia, tuvo cuatro hijos. En las cartas aparecen muchas más escritoras, actrices, pintoras de aquel entonces, como Julia Minguillón, Josefina Carabias, Paquita Mesa, María Martos de Baeza, Fernanda Monasterio, Elena Quiroga, Carmen Conde, Matilde Ras, todas encasilladas por el franquismo.
La correspondencia la inicia Elena Fortún en Buenos Aires ( “Vente, estos países nuevos necesitan de la juventud de Europa. Europa ya no necesita nada… ¡Es tan vieja, y está tan chocha!”) y la termina Laforet (“Voy a entrar en un convento, una semana, a hacer ejercicios espirituales”), que ya no espera contestación de su querida Elena, muriéndose como está en el hospital Centellas de Barcelona.
Es un testimonio de enorme valor literario y personal, reflejo de una amistad, testimonio del proceso de creación y de lo duro que era ser mujer en la España de la dictadura franquista.
Me topé con este libro de casualidad en la biblioteca. No pensé que encontraría en él tal admiración y amor como el que describen sentir, de manera mutua, Carmen Laforet y Elena Fortún. Es inevitable pensar que hay cierta invasión como lector, sobre todo cuando Elena comenta que haría lo posible por devolver las cartas que escribe Carmen, para que se deshaga de ellas (y a lo que Laforet responde que solo son el cariño que siente por Fortún).
La colección epistolar nos permite conocer y acercarnos a lo que las une, las amistades con otras mujeres, sus inquietudes y anhelos, su dolor y su gracia. Quizás es lo que ha hecho, sobre todo en las últimas cartas, que sin juzgarlo dejase a un lado la intensidad del principio para cruzarnos con un tema con el que no conecto: la religión.
«Me gustaría que de cuando en cuando pensaras: «Conozco una mujer, más joven que yo, que hace una vida casi monástica, trabaja, lee, se ocupa de sus hijos, no frecuenta la sociedad en absoluto y quiere con mucha ternura a su marido..., pero a esta mujer le hace mucha falta hablar conmigo de cuando en cuando. Le hace una falta enorme; hay muchas cosas que me quiere preguntar, otras que quiere explicarme, y solo a mí». Esta persona, ya lo sabes, soy yo.»
Para mi gusto flojea en cuanto a que no paran de repetirse lo mucho que se quieren, se abrazan y se besan en la distancia (al final resulta muy repetitivo, se lo dicen hasta varias veces en una misma carta), y porque la comparación con 'De mar a mar' de Rosa Chacel y Ana María Moix es inevitable, quedándose 'De corazón y alma' a años luz de la maravillosidad del primero. Aun así, me ha gustado mucho adentrarme en la vida de Carmen Laforet, sus niñas que están "tan graciosas y tan listas", sus problemas económicos y su inicio en la exaltación religiosa (cualquiera diría que se tomó algo, porque madre mía), así como sus estragos para escribir sus novelas. Le tengo mucho cariño a las obras de esta autora, por lo que siempre es bonito ponerlas en contexto y entender qué se le pasaba por la cabeza, esa misma cabeza de la que salieron 'Nada' o 'La insolación'. Por otra parte, la correspondencia de Elena Fortún queda limitada por su estado de enfermedad terminal, pero no privada de ese encanto cariñoso y amable del que todos parecen hacerse eco por lo que se puede vislumbrar en estas cartas.
"Pero usted tiene razón, no puede vencerse a esa gran fuerza que nos arrastra en la juventud..., sobre todo en España, donde se ha parado el tiempo y lo que no es legal es pecado"
"No hay nada mas lejos que usted de una mujer del hogar, del ser central de un hogar. Dígale a su marido de mi parte que cuando se convive con un ser extraordinario no se le puede pedir nada, sino adorarle. Usted no puede vivir la vida ruin de España"
Carmen Laforet
"¿Por qué escribirá uno? Porque me libera de otras muchas cosas. Me sirve de huida de mis malos fondos revueltos.
¿Sabes que cuando yo iba a tener a mi primera niña creía que ya no volvería a escribir? Luego resultó que no, que los hijos de carne y hueso son cosa aparte y que uno, por lo menos yo, no se puede entregar a ellos..."
Leer la correspondencia de dos personas que se querían mucho me pone blandita. Yo también las quiero con locura.
Hay un monumento a Elena Fortún en el Parque del Oeste y ahora sólo pienso en ir a verlo.
Me siento culpable de que me guste tanto leer la correspondencia de otras personas. En esta ocasión, a esta afición voyeurista se suma el placer de la pulcra escritura de estas dos escritoras. En medio de unas cartas sencillas y, muchas, monótonas (no dejan de estar hablando del día a día!) se encuentran pequeñas perlas: una interesante reflexión aquí, una frase llena de buenos deseos escrita con gran belleza allá. Y mucho dolor: una buena parte de las cartas son de los últimos meses de vida de Elena Fortún, y la escritora describe su larga enfermedad de una manera tan simple, tan cercana, que se sufre tanto como si fuera parte de tu familia.
Como lectora tanto de Elena Fortún (cuando era pequeña) como de Carmen Laforet, he disfrutado muchísimo esta lectura. Un intercambio epistolar precioso, intermitente, con una tristeza constante por desear que se hubieran conocido antes y este intercambio no fuera a las puertas de la muerte de Elena. Precioso leer sus miedos, sus inquietudes, sus fuentes de inspiración (o ausencia de). No sé si el fondo de la novela es la admiración, la amistad, el amor… más bien una mezcla de todo ello entre dos grandes mujeres. “Creo que no solo hay parentescos de sangre en la vida, sino también de espíritu. Me siento pariente tuya, muy tuya, de verdad”
Una colección de cartas intercambiadas en los últimos años de vida de Elena Fortún, con Carmen Laforet. Ambas escritoras se admiraban mutua y profundamente, y cada una supo destacar los valores de la otra. A pesar de la diferencia de edad, fueron almas gemelas, y Carmen Laforet (de quien Elena Fortún dijo que “Nada” era la menor novela española de la primera mitad del siglo XX) siempre estuvo cautivada por las historias de Celia. Amor, cariño, respeto y admiración, es lo que destilan las cartas entre ambas autoras.
Todo lo que tenga que ver con amistades que se aprecian y admiran de corazón me emociona. Durante la lectura de estas cartas he tenido muy presente a las mías y me ha hecho dar gracias a Dios por ellas. Solo por eso, si a cada uno de los que las lee le ocurre, merece la pena. Además, se pueden extraer valiosisimas lecciones de ellas y de su experiencia, lo cual es un regalo para el lector.
Una deliciosa correspondencia entre dos grandes escritoras. Laforet adoraba a Fortún, y ésta la respetaba mucho. Sus "conversaciones" transmiten cariño y compañía, y la seguridad de tener siempre alguien que te comprenderá.
Cartas llenas de amor y admiración, ¡sororidad era esto! Cartas escritas desde la verdad, el afecto mutuo y la curiosidad por la vida de las dos escritoras. La ternura de Fortún traspasa las páginas.
Dos mujeres excepcionales y dos escritoras fundamentales que se quieren y se hablan en este puñado de cartas. La mayor está en su agonía, la joven viviendo crisis tras crisis, existenciales, económicas, creativas…un testimonio precioso y conmovedor, dos de mis santas.
Una lectura deliciosa. Una correspondencia muy interesante, que facilita la imagen de estas dos escritoras como de muchas otras, que hoy no son tan conocidas. Me gusta sus inquietudes y sus paralelismos aun cuando hay años de diferencia entra una y otra. Una lectura que te abre a otras tantas.
Todo un privilegio poder adentrarte en la relación de dos mujeres que compartieron tantos deseos y frustraciones, muchas de las cuáles las podemos sentir de igual forma más de 50 años después.
4,5. Soy como los profes que solo consiguen que algunos pocos elegidos rasquen el diez, pero que cartas tan bonita, y que blandita te dejan. Que bonito el amor de la amistad